El presidente de BBVA, Carlos Torres
El presidente de BBVA, Carlos Torres - Ignacio Gil

Torres amplía las pesquisas internas sobre las escuchas de Villarejo y marca distancias con González

El banco descarta por ahora el espionaje, pero califica de «deplorables» las transcripciones publicadas

MadridActualizado:

La crisis institucional que ha abierto en BBVA el caso de las escuchas telefónicas ilegales hechas por José Manuel Villarejo a altos cargos del Gobierno y los supervisores, empresarios y políticos supuestamente para el expresidente de la entidad han movilizado al nuevo equipo directivo del banco. El sucesor de Francisco González en la presidencia, Carlos Torres, envió ayer una carta a sus más de 30.300 empleados en España reconociendo que efectivamente el excomisario prestó sus servicios a la entidad y que de lo indagado internamente hasta ahora no se ha encontrado ninguna irregularidad. Ahora bien, el banquero añade que ha ampliado el alcance de esas pesquisas internas y que actuará sin miramientos.

En la misiva enviada a las 7 de la mañana a toda la plantilla, el presidente admite, como ya hiciera González en una entrevista, que Cenyt, la agencia de Villarejo, prestó servicios a BBVA, y que tras aparecer en mayo del año pasado las primeras informaciones al respecto se inició en junio una investigación interna en el banco y se contrató a un despacho de abogados, Garrigues, para que analizase el caso. Sin embargo, según avanza en la carta, a raíz de esos trabajos «no se ha encontrado ninguna documentación que refleje el seguimiento e intervención de comunicaciones privadas».

Torres no da por cerradas las pesquisas y añade que a la luz de lo publicado se ha ampliado su alcance, dedicando a ello más recursos internos y externos, para lo que se han contratado los servicios de otro bufete más. «Podéis estar seguros de que mi prioridad es esclarecer los hechos y actuar con la contundencia necesaria para resolver esta situación», dice Torres.

Con esta carta, en la que el banquero señala además que las informaciones sobre esos pinchazos han escandalizado al grupo y de confirmarse serían «conductas indudablemente muy graves, deplorables», Torres parece lanzar el mensaje de que se ha puesto personalmente al frente de la crisis, consciente quizá del daño de imagen y reputacional que puede suponer para el banco, que siempre ha presumido de su conducta y su ética.

Pero además, en el sector se interpreta que Torres estaría marcando distancias así con González, quien hace menos de medio año lo designó su sucesor al frente de BBVA, y con la dirección de aquella época, por lo que puedan deparar informaciones futuras.

Las escuchas apuntan a que, cuando en 2004 Sacyr trató de asaltar la presidencia de BBVA con el respaldo del Gobierno de Zapatero, González habría pagado a Villarejo y que este le habría facilitado acceso a 15.000 llamadas que se cruzaron protagonistas de la operación como el entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero; el exministro Miguel Sebastián y la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, entre muchos otros.

Ayer, «El Confidencial» y «Moncloa.com» publicaban nuevas transcripciones de los audios de Villarejo en las que se refleja una supuesta conversación del excomisario, en prisión desde 2017, con el que fuera jefe de seguridad del BBVA, Julio Corrochano, quien en teoría gestionaba esos contratos con Cenyt. En ella, este último admite que trabaja por encargo directo de González y que cada 10 o 15 días el banquero le llama para que le informe de lo averiguado con los servicios de Villarejo.

Esa revelación podría eleva la presión sobre González, pero también sobre Torres y el resto del consejo de administración, que el próximo lunes se reunirá por primera vez sin González en la presidencia y en el que se antoja imposible que no se aborde el asunto. Por eso no se descarta que González dimita de forma voluntaria como presidente de honor del banco y de su fundación, evitando que el consejo tenga que debatir su eventual cese.