Juan Ignacio García Braschi, director general para España de Cabify
Juan Ignacio García Braschi, director general para España de Cabify

Cabify, el «taxi VIP» español en el que se quiere inspirar Uber

Se perfila como la gran rival de la americana tras recibir cien millones de Rakuten

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Es el transporte de moda. Cabify ha pasado de facturar 850.000 euros en 2011 -año de su nacimiento- a 35 el año pasado y ya es una de las opciones de transporte urbano de referencia en países como Perú, Mexico, Chile o Colombia. También en España, donde la prohibición de Uber en 2014 dejó a la joven empresa madrileña el camino prácticamente despejado para posicionarse como alternativa al taxi.

Las previsiones para este año son todavía mejores. Sus responsables prevén elevar la facturación hasta los 200 millones y continuar su expansión por Latinoamérica y por España, donde ya opera en ocho ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Vitoria, La Coruña, Tenerife y Málaga) y cuenta con 600 conductores.

«Estamos en plena expansión», asegura su director general para España, Juan Ignacio García Braschi. La empresa pretende seguir consolidándose en los próximos meses en el subcontinente americano gracias a la inyección de más de 100 millones que acaba de recibir en una ronda de financiación liderada por Rakuten, el eBay japonés, lo que ha elevado su valoración total hasta los 300 millones de euros.

Precisamente es en los países emergentes donde se sienten más cómodos. No solo porque su fundador, Juan de Antonio, decidiera crearla ante las dificultades de moverse por una ciudad con infraestructuras deficientes durante una gira por Asia, sino porque de estos países procede ahora la mayor parte de la facturación de una compañía, que ha pretendido hacer de la facilidad para pedir un vehículo y la confiabilidad de sus conductores su gran fortaleza.

«La idea era que el usuario le diera a un botón y que en menos de diez minutos le recogiera un vehículo con un chófer capacitado», explica Braschi. El papel de Cabify es de intermediación entre conductores y clientes, que contactan mediante su aplicación móvil, disponible para iOs y Android. La herramienta, basada en la ‘app’ Waze, de Google, también indica al chófer el trayecto a seguir e intermedia en el pago del servicio a cambio de una comisión que ronda el 20% del precio del trayecto.

La aplicación también permite al usuario elegir qué tipo de vehículo quiere utilizar -Lite, para gama media, Executive para alta o Group para seis pasajeros- y solicitar un amplio abanico de opciones sin recargo, como sintonizar una determinada emisora de radio o que el conductor tenga determinadas habilidades, por ejemplo, hablar idiomas.

Sin embargo, pese al servicio «VIP» y a que están enfocados principalmente a empresas, Braschi incide en que el precio es inferior al del taxi. «Nuestras tarifas son un 15% más baratas que el taxi», explica Braschi, que recalca que la tarificación es por kilómetro y sin bajada de bandera. «El sistema calcula la ruta óptima y ofrece el precio de antemano». En una comparativa realizada por el suplemento Empresa este mes entre Cabify, taxi y Uber en un recorrido en Madrid, la empresa madrileña ofreció el servicio más barato y el segundo tiempo más rápido.

«Totalmente legal»

A diferencia de su principal rival, Uber, la firma madrileña no ha tenido que afrontar hasta el momento problemas en los tribunales. De hecho, un juzgado mercantil denegó en noviembre el cierre cautelar de la aplicación que pedía la Federación Profesional del Taxi (FPT). «El servicio es totalmente legal», asegura Braschi. «Cumplimos todas las normativas porque nos miran con lupa. Y hacen bien», señala.

Pese a la denuncia de FPT, Braschi cree que la relación con el sector no es mala. «El taxi y el transporte con conductor son vasos comunicantes e incluso muchos de nuestros conductores mantienen su licencia de taxi». Tampoco teme la competencia con Uber, que en abril volvió a operar en nuestro país. Ahora la ‘app’ norteamericana hace de intermediario entre el usuario y un chófer con licencia de transporte de pasajeros, un modelo que difiere radicalmente del anterior, que consistía en poner contacto a conductores esporádicos con clientes y que fue prohíbido en 2014. «Algunos lo llaman modelo Cabify», dice Braschi. «No tenemos miedo a su vuelta a España. Ya competimos con ellos en otros mercados en los que operamos. Estamos habituados a que el consumidor elija la mejor alternativa».