El Santander prepara un ERE para 1.384 personas en sus servicios centrales y los del Popular
El Santander prepara un ERE para 1.384 personas en sus servicios centrales y los del Popular - MAYA BALANYÁ

La banca ha destruido con la crisis 54.000 empleos más que los que creó durante el «boom» del ladrillo

El sector ha despedido a más de 84.000 profesionales desde 2008 y contempla más ajustes para el próximo año

VALLADOLIDActualizado:

Con un goteo constante que aún no ha encontrado el «fontanero» que repare la «avería», el sector financiero lleva años transformando en despidos los efectos que el estallido de la burbuja inmobiliaria dejó en bancos y cajas. Más de 84.000 nóminas se han perdido desde que en 2008 los cimientos de la economía se empezaron a tambalear hasta el pasado ejercicio. Y la suma sigue, advierten desde la Federación FINE —la organización sindical independiente más grande del sistema español—, en línea con lo confirmado hace unos días a ABC, donde la banca reconocía que se prepara para más recortes en sus presupuestos de 2018.

El Santander, por ejemplo, ultima un acuerdo para la salida de 1.384 empleados de los servicios centrales del grupo para integrar el Popular. Además, a lo largo de las próximas semanas, Bankia y los sindicatos comenzarán las primeras reuniones para negociar el ajuste de capacidad que hará al absorber BMN. Los planes del grupo pasan por pactar un ERE y el cierre de oficinas al término del primer trimestre de 2018.

Junto a esos dos grandes procesos de reestructuración, no se descarta que otros grandes bancos sigan recurriendo a prejubilaciones y bajas naturales para reducir plantilla como ya han hecho en los últimos ejercicios. Liberbank, por otro lado, formalizará la salida definitiva de unos 500 profesionales ahora en excendencia, y los expertos financieros coinciden en señalar que los bancos medianos harán más recortes por su baja eficiencia.

Años de expansión

Pero desde la organización sindical denuncian que todos esos despidos no están vinculados solo al pinchazo del «boom» del ladrillo, como prueban con los datos recopilados del Banco de España en el primer estudio «Empleo poscrisis en la banca española». En él, echan la vista atrás veinte años. Así, en 1997, cuando se comenzó a amasar el cemento sobre el que se sostuvieron y crecieron los pilares del sector inmobiliario al que tanto pegó la banca su actividad, los empleos del sector financiero superaban los 247.300. En 2008, al tocar techo y antes de comenzar a desinflarse con el pinchazo, rebasaba los 278.300, esto es, había crecido en 30.000 nóminas, un 12%.

Pero los destruidos con la crisis superan los 84.000 solo hasta 2016 (30% menos), lo que supone un desfase de unos 54.000 empleos perdidos más que los creados en los tiempos de bonanza. El pasado ejercicio cerró superando ligeramente los 194.000 empleados en el sector financiero que volvió a menguar las cifras de cotizantes. Y, según FINE, habría que remontarse «más de 40 años» atrás para encontrar plantillas en la banca por debajo de los 250.000 trabajadores en España. «No es verdad que se esté destruyendo» el empleo que se creó con la construcción, denuncia José Manuel García de Diego, autor del estudio.

Y el rival más débil en la reestructuración del sector fue el de las ya inexistentes cajas, que son las que más han acusado el impacto. De hecho, más de siete de cada diez empleos perdidos en este periodo estaban vinculados a las entidades de ahorro: mientras que más de 20.000 de los expulsados trabajaban en un banco, 60.000 tenían su nómina vinculada a una caja.

«Desproporción»

La evolución de las plantillas está íntimamente ligada al mapa de oficinas. Si en el conocido como periodo de calentamiento de la economía (1997-2007), con las hormigoneras a pleno rendimiento, la apertura de nuevos locales era una constante y las sucursales de la competencia convivían pared con pared, con el estallido de crisis, la bajada de las persianas ha cogido mayor impulso. Al crecimiento sostenido vivido en los tiempos de expansión y que mantenía el ritmo del periodo previo le siguió, a partir de 2008, un cierre masivo y paulatino de sucursales por toda la geografía.

Desde 1997 se abrieron 8.000 nuevas sucursales —algo así como casi una por cada municipio español—, lo que supuso llegar a 2008 con un 20% más (se pasó de 38.000 a 46.000). Pero desde ese año se han perdido más de 17.600, más del doble de las creadas al calor de la construcción. Las 28.553 con que acabó 2016 son un 38% menos que las que había operativas cuando estalló la crisis.

Una evolución que supone una «desproporción», denuncian desde FINE, pues si bien en la actual etapa económica hay una «relativa proporcionalidad» entre despidos, cierre de oficinas y caída del negocio, en los tiempos de expansión, lo que gestionaban las entidades bancarias, se incrementó en un 427%, mientras que el empleo creció un 12% y la apertura de oficinas un 20%. Un crecimiento exponencial que llevó al sector a manejar un negocio de 4.426 millones de euros en 2008 frente a los 801 que tenía en 1997. En la etapa de declive, esa cifra ha menguado un 23%, hasta quedarse en los 2.622 millones de euros.

Con estos datos, FINE sostiene que «el cierre masivo de oficinas no puede ser la explicación del despido masivo de trabajadores, sino únicamente la constatación de un error empresarial colectivo y una alocada carrera de aperturas lleva a cabo sin fundamento económico y financiero alguno». Además, también niegan el argumento de la excesiva bancarización de España.

Ratio por habitante

Pues si bien es cierto que la ratio de oficinas por 10.000 habitantes es algo superior que la media del conjunto de la zona euro, el promedio de empleados por población es inferior. Además, el ajuste de la primera de esas ratios ha sido mayor que en el resto de países. Así, si en 2007 la proporción española era de 10,09 sucursales por cada 10.000 habitantes, en 2016 se redujo a 6,22; mientras que en los países de la moneda única se ha rebajado solo un punto, hasta quedarse en 4,6.

Donde las cifras están ahora por debajo es en el número de empleados, con 43,5 para la misma cantidad de gente (en 2015, último dato cerrado) frente a los 58,8 de la Eurozona. También antes de la crisis la ratio nacional era inferior, aunque con menor diferencia: 61,4 en España y 69,9 en el entorno europeo. Una cifra que casi duplica los clientes que tiene que atender un empleado de banca en Alemania, donde el promedio es de 31,4 por cada 10.000 habitantes. «Allí sigue habiendo cajas y acercando los servicios a los ciudadanos», destaca el autor del estudio, que asegura que en el escenario de tipos de interés próximos al 0%, «la mejor inversión» para la banca es «despedir trabajadores».