El ministro de Economía, Luis de Guindos
El ministro de Economía, Luis de Guindos - EFE

La banca española despeja todas sus dudas cinco años después del rescate

El ajuste hecho sitúa al sector entre los más eficientes de la UE, pero tiene como reto devolver las ayudas usadas

MadridActualizado:

La solución a Banco Popular era una de las tareas pendientes del proceso de saneamiento del sistema financiero nacional, y atajarlo zanja cualquier incertidumbre. Hoy se cumplen cinco años desde que España, a raíz de la caída de Bankia, se vio obligada a solicitar asistencia financiera a la Unión Europea para abordarar el rescate bancario. Con sus sombras, errores y costes, autoridades europeas, banqueros y analistas coinciden en señalar que la reforma financiera llevada a cabo por nuestro país es modélica y está en buena parte detrás de la recuperación de la economía nacional.

La lentitud y laxitud con que el Ejecutivo socialista abordó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en el sector financiero hizo que el sistema de cajas de ahorros y algunos bancos pudiesen pasar casi el primer lustro de la crisis sin apenas levantar alfombras y aflorar toda la toxicidad de sus balances. Una de las primeras medidas que tomó el Gobierno de Mariano Rajoy a su llegada fue precisamente forzar a todo el sector a reconocer sus millonarias pérdidas derivadas del ladrillo.

Ese ejercicio de transparencia a golpe marcó un antes y un después, pues evidenció la debilidad de un gigante con pies de barro: Bankia. Esto forzó al Ejecutivo popular a solicitar ayudas públicas por hasta 100.000 millones de euros a la Comisión Europea y el FMI.

Junto a Bankia, recibieron recursos públicos BMN, Ceiss, Liberbank y Caja 3, que se sumaban a las ya nacionalizadas o intervenidas Novagalicia Banco, Catalunya Caixa, Unnim, CAM, CCM y Cajasur. Luego se creó un banco malo, la Sareb, al que parte de estas entidades pudieron traspasar todos sus activos inmobiliarios improdutivos.

«El sistema estaba quebrado por los cuatro costados, los números apuntaban a un rescate total del país», admite un alto ejecutivo de un banco, añadiendo que sin embargo se hizo un saneamiento y reestructuración sin paragón en el resto de países. Las entidades españolas han hecho a lo largo de la crisis provisiones por 300.000 millones de euros y reforzardo su patrimonio en casi 100.000 millones.

Hoy el sistema ya no genera ninguna sospecha y su saneamiento contribuye poco a poco a la financiación de la economía real. El caso del Popular, pese al ruido que generó, no salpicó ni al resto del sector ni a la economía, aunque sí pone en entredicho si las autoridades no debieron atajar antes la situación de un banco que arrastraba problemas desde hace años.

El sector ha reducido su tamaño de más de 45 entidades a cinco grandes grupos bancarios, seis entidades de tamaño medio y un gran grupo de cooperativas de crédito. La capacidad instalada se ha reducido desde el pico de 2008 en 17.258 oficinas o un 37%, y en 84.018 empleos o el 31% de las plantillas. Y aunque el ajuste continúa, esto ha permitido situar a la banca española entre la más eficiente de la UE, con una ratio del 50%, frente al 65% de la media europea y el 80% de Alemania y el 75% de Italia.

Por eso el discurso hace dos semanas en Madrid del presidente del BCE, Madrio Draghi, instanto a la banca europea a recortar más gastos no sentó muy bien en los despachos de los banqueros. «Eso debería decirlo en Alemania o Italia, no aquí», explican.

Hasta la fecha se han se han usado unos 64.000 millones de euros en reflotar el sector bancario, de los cuales unos 42.600 los ha aportado el Estado y unos 21.400 el sector a través del FGD.

La venta de las entidades nacionalizadas, en la que se acumula cierto retraso, es ahora mismo la gran tarea pendiente y en la que Bruselas reclama constantemente algún tipo de avance. A la espera de la venta de Bankia y BMN, en proceso de fusión, apenas se han recuperado 3.500 millones de esas ayudas públicas y privadas.

Por eso en la industria hay quien se pregunta si en lugar de asegurar que no tendría coste para el ciudadano, no hubiese sido más sensato admitir, en línea con lo hecho por los gobiernos de otros países, que los depósitos y la economía dependían de ese saneamiento, que el Estado debía inyectar el dinero necesario y que luego ya se vería qué parte se recupera.