El coste de la crisis de Abengoa no se focalizará en una sola obra
El coste de la crisis de Abengoa no se focalizará en una sola obra - REUTERS

Abengoa necesita 1.200 millones para culminar sus proyectos en ejecución

Abandonar obras como la planta termosolar de Atacama o el sistema de suministro de agua de San Antonio sería un varapalo para la marca España

Sevilla/WashingtonActualizado:

En julio de 2010 el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, puso a Abengoa como un ejemplo mundial en el sector de las energías renovables tras adjudicarle la concesión para construir una de las mayores plantas solares del mundo en Arizona. Cinco años después, la crisis de la multinacional andaluza puede suponer un duro varapalo para la «Marca España» dada la enorme dimensión de los proyectos industriales que está ejecutando en este momento y que podrían sufrir retrasos por falta de financiación. La firma dirigida por Santiago Seage solicitó ayer formalmente el preconcurso de acreedores en el Juzgado de lo Mercantil de Sevilla, con una deuda bruta que roza los 9.000 millones de euros y compromisos de pago a proveedores de 5.000 millones. Su asesor legal en este proceso será Linklaters. Los títulos de la empresa se despidieron ayer del Ibex 35 con un desplome del 40%, que ha situado el valor de sus acciones en 0,252 euros y su capitalización en 250 millones.

En este momento Abengoa necesita ejecutar una inversión cercana a los 1.200 millones de euros (400 millones hasta final de año, 520 millones en 2016 y 250 millones para 2017) para culminar sus principales contratos. A diferencia de lo que ocurrió con Sacyr en la renegociación de las condiciones del Canal de Panamá, el coste de la crisis de Abengoa no se focalizará en una sola obra, sino que tendrá repercusiones en una decena de países, y, muy especialmente, en Hispanoamérica y Estados Unidos. Sólo en México está desarrollando el acueducto de El Zapotillo (debe estar operativo en 2017 y requiere 563 millones), una planta de ciclo combinado de 924 MW en Ciudad Juárez (que necesita 633 millones de euros) y una planta de cogeneración de 517 MW para Pemex (un macrocontrato valorado en más de 845 millones de euros).

Abengoa se ha convertido en los últimos años en el líder de la tecnología termosolar (el sistema de espejos que concentran la radiación solar en la punta de una gran torre). Con esta tecnología, que ha sido su escaparate en Estados Unidos, tiene en marcha cuatro contratos en concesión. El más relevante es un megaproyecto en Chile, Atacama Solar, con más de 210 MW y que debe estar funcionando a partir de la segunda mitad de 2016, dos contratos en Sudáfrica (uno de 50 MW que debe finalizar este mismo ejercicio y otro de 100MW que entrará en operación en 2017) y en Israel (110 MW que estarán en producción en 2018).

A estas iniciativas se le suman otras adjudicaciones que deben finalizarse este año, como un Hospital en Manao (Brasil), un centro penitenciario en Uruguay, 6.000 kilómetros de líneas eléctricas en Brasil y otros 115 kilómetros en La India. Para 2016 está promoviendo un parque eólico en Uruguay, el sistema de suministro de agua potable de San Antonio (EE.UU.) y dos desaladoras en Marruecos.

Sin recursos

En el plan que se alcanzó con las entidades financieras el pasado septiembre para suscribir la ampliación de capital, una de las grandes preocupaciones de la empresa controlada por la familia Benjumea era, precisamente, cómo financiar todas estas obligaciones. Abengoa logró que Banco Santander, HSBC y Credit Agricole permitieran un desembolso de 1.200 millones de euros en los próximos tres años para encarar estos proyectos (en muchos de ellos tiene otros socios, que deberían aportar otros 900 millones). Tras materializar este desembolso, Abengoa se comprometía, a partir de 2018, a no ejecutar inversiones superiores a 50 millones lo que, en la práctica, suponía abandonar su actividad en proyectos en concesión y limitarse exclusivamente a los contratos llave en mano (en los que el esfuerzo financiero lo realizan los clientes). Tras la ruptura de este acuerdo y la entrada en preconcurso de acreedores, la financiación para continuar con todas estas iniciativas está, de momento, en el aire.

Los esfuerzos de la empresa, la banca acreedora y el Gobierno -con el escaso margen de maniobra que tiene en una empresa privada- están buscando una salida en medio de una fuerte presión social y política. Si el gran escollo es su elevadísima deuda, las posibilidades de salvación pasan por su potencial comercial y sentido industrial (tiene en cartera proyectos en ingeniería cercanos a los 9.000 millones). Los escenarios son la búsqueda de nuevos socios que den garantías a la banca en el proceso de refinanciación.