Los BRICS, unidos contra la hegemonía occidental en las finanzas globales
El presidente ruso Putin, el primer ministro indio Modi, la presidenta brasileña Dilma, el presidente chino Xi y el presidente sudafricano Zuma, de izquierda a derecha, en la cumbre celebrada esta semana en Fortaleza (Brasil) - REUTERS

Los BRICS, unidos contra la hegemonía occidental en las finanzas globales

Su Nuevo Banco del Desarrollo es una alternativa al FMI, que no reconoce el creciente peso de sus economías

PABLO M. DÍEZ
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En su primer gran acuerdo de relevancia, las potencias emergentes agrupadas en torno al acrónimo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se han rebelado esta semana contra la hegemonía de Estados Unidos y Europa en las finanzas globales, representada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Frustrados por no conseguir en dichas instituciones la representación que se merecen sus economías, los BRICS crearon el martes en la ciudad brasileña de Fortaleza su propio Nuevo Banco del Desarrollo, que financiará proyectos de infraestructuras en sus países miembros y en otras naciones emergentes.

Con un fondo de 50.000 millones de dólares (37.000 millones de euros) para tales fines y otro de 100.000 millones de dólares (74.000 millones de euros) para hacer frente a posibles crisis de liquidez, este organismo pretende competir con el FMI y el BM. Así lo asegura la agencia estatal de noticias china Xinhua, que, en un editorial, lo saluda como una «útil y esperada alternativa a las instituciones de las finanzas globales dominadas por Occidente».

Decepcionados

El motivo está bien claro. Según explica a ABC Albert Hu, profesor asociado de Economía en la Escuela de Negocios Chino-Europea de Shanghái (CEIBS), «los BRICS están insatisfechos con el FMI porque tienen un gran peso económico, pero no son respetados en sus votaciones y mecanismos de decisión porque su agenda está diseñada por EE.UU. y la UE».

En conjunto, los BRICS ya suman un cuarto de la economía mundial y, desde hace años, vienen presionando al FMI para aumentar su cuota de poder. Aunque dicha institución acordó en 2010 darles más peso en las votaciones, las reformas aún no se han implementado por el rechazo del Congreso de Estados Unidos. Una negativa que, según reconocieron los propios mandatarios de los BRICS, los ha dejado «decepcionados y seriamente preocupados».

«Los préstamos del Banco Mundial no son capaces de satisfacer las demandas de las naciones en desarrollo, mientras que el FMI ha fallado a la hora de estabilizar las turbulencias en los mercados financieros emergentes durante la crisis», critica Liu Zongyi, académico del Instituto para Estudios Internacionales, en el periódico «Global Times», portavoz del Partido Comunista chino.

Para Albert Hu, sin embargo, la mala reputación del FMI en Asia se remonta a la crisis de 1997, cuando sus recomendaciones y medidas fueron incluso peor que su impacto, pero no cree que el nuevo banco suponga un reto. «Lo veo más como complementario que como rival», asegura.

La sede, en Shanghái

Dando buena cuenta del creciente poder de China, la sede de dicho banco se ubicará en Shanghái, uno de los centros financieros y comerciales más importantes de Extremo Oriente y espectacular escaparate del desarrollo que ha vivido este país desde su apertura al capitalismo hace ya tres décadas. A cambio de dicha sede, Pekín permite a un indio ocupar la primera presidencia del banco, que será rotatoria y no le tocará a China hasta dentro de quince años.

Además, China aportará al fondo de reservas del banco 41.000 de los 100.000 millones de dólares (30.300 de sus 74.000 millones de euros), mientras que Sudáfrica pondrá 5.000 millones de dólares (3.800 millones de euros) y cada uno de los otros tres países 18.000 millones de dólares (13.3 00 millones de euros). Con dicha provisión, sus préstamos empezarán a concederse a partir de 2016 bajo unas condiciones supuestamente más ventajosas que las del Banco Mundial.

«Este nuevo banco supone un ejemplo del papel que jugará Pekín en el mundo, pero da igualdad de voto a sus miembros», analiza Albert Hu, quien alerta de que «las diferencias políticas y las disputas fronterizas entre China y la India pueden afectar a su funcionamiento, que se basa en el consenso, y ralentizar sus operaciones».

«El mundo será mejor»

Para despejar estos temores, el presidente chino, Xi Jinping, se reunió con el nuevo primer ministro indio, Narendra Modi, y le propuso que ambos países «deberían unirse para establecer normas globales y alzar la voz de las naciones en vías desarrollo». Además, según informa Xinhua, le invitó a convertirse en miembro fundador del Banco Asiático para la Inversión en Infraestructuras que China quiere crear.

A tenor de un informe de la ONU publicado en marzo, el nuevo banco podría prestar a partir de 2036 unos 34.000 millones de dólares (25.000 millones de euros) anuales. Una cifra significativa que impulsará numerosos proyectos en países emergentes, pero que aún estará muy lejos del billón de dólares (740.000 millones de euros) que el Banco Mundial calcula que dichas naciones necesitan cada año para mejorar sus infraestructuras.

Aunque el profesor Hu considera que aún es pronto para aventurar su eficacia, cree que «el mundo será mejor con este banco».