Biocombustibles de segunda generación, una realidad
Manuel Sánchez
tribuna

Biocombustibles de segunda generación, una realidad

Manuel Sánchez Ortega, consejero delegado de Abengoa, cree que la generación de biocombustibles producidos a partir de la biomasa es el «comienzo de una nueva y prometedora era comercial de los combustibles para el transporte»

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Estamos al comienzo de una nueva y prometedora era comercial de los combustibles para el transporte, en la cual vendrán a resolverse muchos de los problemas medioambientales y de suministro, a los que nos veríamos abocados de mantener la actual dependencia del petroleo.

El duodécimo congreso mundial de biocombustibles en Sevilla, pasará a la historia como el último de la era de la primera generación de biocombustibles. El año que viene, en la próxima edición de este congreso, certificaremos el nacimiento de la era comercial de la segunda generación, es decir, de la generación de biocombustibles producidos a partir de la biomasa.

Han sido años muy difíciles, y los obstáculos a los que se ha tenido que enfrentar el sector han sido arduos y numerosos. No obstante, la fuerza de la lógica se ha impuesto a todos ellos. Una lógica que procede de la necesidad incuestionable de encontrar, para nuestro planeta, soluciones sostenibles desde el punto de vista económico, social y medioambiental. Después de nosotros vendrán nuevas generaciones que tienen derecho a disfrutar de un mundo como el nuestro o mejor, y de unos recursos cuya escasez no comprometa sus posibilidades de desarrollo.

Cuando se adopta una visión suficientemente amplia y se consideran las posibles respuestas sostenibles procedentes del desarrollo de soluciones tecnológicas, la producción y utilización de los biocombustibles ocupa una posición privilegiada dentro del conjunto de alternativas que pueden hacer compatible un crecimiento del bienestar con el mantenimiento de los recursos. Los biocombustibles son una realidad cuyo avance nadie puede parar, y su uso será cada vez mayor. La buena noticia es que, en paralelo con el avance de la primera generación, el sector ha sido capaz de desarrollar la tecnología de segunda generación, que simultáneamente potenciase los beneficios de la primera y eliminase los inconvenientes que limitaban su crecimiento exponencial.

La genialidad de la comunidad científica, el respaldo de las administraciones y la determinación del sector empresarial han hecho posible que la segunda generación ya esté aquí. Una vez más, la estrecha colaboración entre Universidad, Administración y Empresa han dado como resultado una innovación tecnológica transformacional, esta vez en el campo de la energía. A partir de ahora, los biocombustibles reducirán aún más las emisiones de CO2 para ayudar en la lucha contra el cambio climático, aumentarán más la independencia energética de países desarrollados y emergentes de forma que ayudará a reducir los conflictos internacionales, mejorarán más la balanza comercial de los países no productores de petróleo, y contribuirán en mayor medida a la creación de riqueza en las comunidades agrícolas.

Por otro lado, y para pesar de algunos, se vuelve a cumplir nuestra máxima de que cuando se apuesta por la innovación, se van derribando, una tras otra, barreras que parecían infranqueables porque unos pocos se empeñaron en hacernos creer que así lo eran. El siglo XXI es el siglo de las energías renovables, aunque a los protagonistas del siglo XX no les guste. No hay año en que, fruto de la I+D, no se consigan avances tecnológicos que conlleven una mejora de la competitividad de todas y cada una de las energías renovables.

Está pasando con la energía eólica, con la energía fotovoltaica, con la energía termosolar, y también con los biocombustibles. El despliegue comercial de la tecnología que posibilita la conversión de biomasa en biocombustibles abrirá múltiples opciones para generarlos dependiendo del tipo de biomasa que se utilice. Podemos obtener biocombustibles a partir de residuos agrícolas o forestales. Y podemos obtenerlos también a partir de residuos sólidos urbanos, lo que constituye una auténtica revolución que ayudará a resolver dos de los grandes problemas asociados con el crecimiento de la población: el aumento incesante de las toneladas de basuras que generamos y la necesidad de mayores fuentes de energía.

La obtención de energía a partir de la basura no es sueño, es una realidad ya. Afrontamos, tiempos tremendamente apasionantes en el sector de los biocombustibles que recompensarán los grandes esfuerzos realizados, y que nos harán mirar hacia atrás sintiendo que ha merecido la pena. En Abengoa hemos apostado desde siempre por el futuro, y por eso celebramos con satisfacción que ese futuro ya está aquí para los biocombustibles de segunda generación.