Wimbledon

Nadal y Bautista, dos balas españolas en Wimbledon

Trituran a sus rivales para entrar en cuartos el día de la despedida de Suárez y Verdasco

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La estación de Southfields, engalanada de morado y verde siempre que se acerca el mes de julio, acogía a media mañana a cientos de personas provistas de sombreros, crema solar, agua y abanicos. No era hora punta para el trabajo, pero sí para el tenis. Un superlunes en Wimbledon con las mejores raquetas del mundo en liza. Ninguno defraudó. Ganaron Rafael Nadal, Novak Djokovic, Roger Federer, Serena Williams, Roberto Bautista. Se despidieron, para pesar español, Fernando Verdasco, ante David Goffin (6-7 (9), 6-2, 3-6 y 4-6), y Carla Suárez, con orgullo pero sin opciones ante Serena Williams (6-2 y 6-2).

Solo quedan, pues, dos raquetas nacionales en Wimbledon. una situación que no se daba desde que el propio Verdasco y David Ferrer alcanzaron esta ronda en 2013. Sin embargo, hay esperanzas y buenas bazas para confiar en que el tenis español siga mostrando poderío en esta edición del torneo, pues Nadal y Bautista vuelan sobre la hierba londinense con muy buenas sensaciones.

Abrió la pista central el balear, mirada concentrada al máximo y raqueta rauda para atropellar sin remordimientos a un viejo amigo como Joao Sousa. Cuando se quiso dar cuenta el portugués, ya iba 4-0 abajo. Así de rápido se mueve Nadal en esta edición. De un salto se planta en la red para el sorteo; en dos pasos, en su lado de la pista; puntos de saque casi gratis; pies sobre la línea para no dejar pensar al rival; anticipaciones a los movimientos del contrario; acortamiento de los puntos con golpes cortados y profundos, dañinos para cualquier fórmula antiNadal que prepare el contrario. Sousa lo intentó, pero acabó desquiciado porque, sin jugar muy mal, se llevó una paliza de cuidado (6-2, 6-2 y 6-2). De hecho, el balear solo había infligido castigo semejante, con solo seis juegos en contra, una vez durante toda su carrera en Wimbledon (a John Millman en 2017, 6-1, 6-3 y 6-2).

Es Nadal, que se desliza cómodo y veloz por esta alfombra verde de ocho milímetros exactos y enseña colmillo. Como toda esta semana, la derecha respondió con velocidad y efectividad, el revés cruzado se mostró férreo para abrir la pista, se acercó con convicción a la red y las piernas atacaron sin duda, como un acto reflejo. Si todo eso fallaba, que no lo hizo, tenía en el revés cortado otra herramienta para deslavazar el plan del portugués, con la mirada siempre hacia su palco o hacia el cielo porque no había clavo al que agarrarse. Decía en la previa que el público de la Central iría con el español, se equivocó. La grada se volcó con él en cuanto vio que no habría mucho partido: a los 14 minutos, 4-0; a los 29, 6-2; a la hora y 45 minutos, fin.

Exigencia

Para entender a este Nadal sirvan sus palabras. Solo cedió trece puntos con su saque, y aún así: «Tengo que mejorar el primer servicio», apuntó en la propia pista. Después se explicó con más detalle: «El porcentaje de primeros saques ha sido de un 57 %; en el partido anterior, de un 70 %. Y no son solo números, también sensaciones. Ante Tsonga cada saque sabía que iría a su objetivo. Hoy [por ayer] sentía que tenía menos precisión». Así es Nadal y su exigencia, siempre creciendo.

También la del torneo: cada vez menos jugadores, cada vez más tensión. Le espera mañana un rival de altura, Sam Querrey, 198 centímetros, gran sacador y verdugo de, entre otros, Dominic Thiem en este Wimbledon. «Tendré que estar atento a las opciones que ofrezca y aguantar cuando esté jugando bien», admitió Nadal, solo pausado cuando prepara su saque, raudo en todo lo demás, para evitar mayor desgaste.

Menos aún acumula Roberto Bautista, por fin roto su límite en el All England Tennis Club y con una buena hoja de registros para mantener la ilusión. Venció sin complicaciones a Benoit Paire (6-3, 7-5 y 6-2, en una hora y 52) y celebra con cautela que está entre los ocho mejores del torneo. «El año pasado me sentó fatal ver Wimbledon por la televisión –por lesión–, y me estoy sintiendo muy bien. La diferencia con otros años es que seguimos trabajando muy duro en casa, sin querer parar de mejorar. Sobre todo, de hacernos fuertes en nuestros pilares. No voy a intentar sacar a 220 por hora porque sé que no lo voy a conseguir», explicaba tras someter, por séptima vez, al francés.

Bautista, en sus segundos cuartos de final en un Grand Slam tras los de Australia de este año, no ha cedido un solo set todavía y quiere seguir la racha. «Me quedo con este Roberto Bautista de ahora, con más experiencia, más bagaje, más completo». Aviso para Guido Pella, su siguiente límite.