Roger Federer
Roger Federer - AFP

WimbledonTropiezo mayúsculo de Federer

El suizo desaprovecha una bola de partido en el tercer set y se despide del torneo ante Kevin Anderson en un maratón de cuatro horas y 14 minutos (6-2, 7-6 (5), 5-7, 4-6 y 11-13)

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En el primer intermedio del partido de Rafa Nadal, los murmullos, de repente. Roger Federer acababa de perder su servicio y su partido contra Kevin Anderson se iba al cuarto set. Incluso en la pista Central, con el número 1 en el escenario, la mitad de Wimbledon anda pendiente del suizo, jugando en el alambre con el sudafricano tras haber ganado los dos primeros sets y desaprovechar una bola de partido en el tercero. Al final, mediado el segundo set del Nadal-Del Potro, los «ohs» fueron un clamor: Roger Federer perdía ante el sudafricano y decía adiós al intentó de conquistar la novena corona. Un tropiezo mayúsculo porque el suizo tuvo una bola de partido en el tercer set y la derrota terminó con un torneo impecable al saque, 85 juegos sin ceder, y una racha de 34 sets consecutivos. (6-2, 7-6 (5), 5-7, 4-6, 11-13).

Hacía tres años que Roger Federer no jugaba en la Pista 1, segunda en importancia en este Wimbledon que se mide por tradiciones y permite al ganador de más títulos ser cabeza de serie número 1 aunque en realidad sea el 2 del mundo. En aquel 2015, el suizo planeaba a la deriva entre la recuperación de su lesión en la rodilla y el surgimiento de nuevas amenazas. El torneo no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia y dejar al suizo en la pista 1. En aquella última ocasión, el de Basilea ganó a Gilles Simon. Pero esta vez, no guardará un buen recuerdo de esta coqueta pista que se quedó pequeña para ver al campeón de ocho títulos. Se acordará mucho esta pista del partido que presenció. Un Federer-Anderson que tuvo de todo: sutilezas, largos intercambios, tensión y cinco sets, interminable el último para que el sudafricano sentenciara las ilusiones de más de uno en este recinto, pobladas las gradas de rojo con las iniciales del suizo, a quien se venera como a un dios.

Al suizo pareció no importarle demasiado dónde jugar. Sacó de forma impecable en el primer set, con solo un error en sus turnos de saque, y atenazó las enormes palancas de Kevin Anderson, en esta ronda del torneo ya no solo por su servicio, sino porque tiene mucho más que ofrecer, como demostraría conforme sus piernas entraran en calor y su cabeza se amoldara. Poco le permitió el suizo en un parcial inicial que se desarrolló en 26 minutos, con dos breaks, Federer se sentaba en el banco para descansar, tan cerca de la grada como solo es posible en esta pista.

El sudafricano, no obstante, comenzó a enseñar su peligro. Inspirado, doblegó al suizo al inicio del set y se llevó el «honor» de ser el único en todo el torneo capaz de arrebatarle un break. El primero de ellos. Un 3-0 a favor que se evidenció gráficamente en la pista con un resbalón del suizo, doblada la rodilla un poco más allá de lo posible pero de la que se pudo recuperar, física, emocionalmente y también en el marcador. Con 3-3 el partido se convirtió en el guion que se presagiaba entre dos sacadores. Igualdad hasta que el tie break decidió que Federer, en estos lares, siempre tiene algo más.

Así comenzó el tercer parcial, sin que nadie quisiera o pudiera cambiar la inercia. Ni uno ni otro pudieron hacer mucho al resto ante saques que superaban los 200 kilómetros por hora. Pero en cuanto el partido entraba en su recta final, temblores, ambición, el sudafricano que cede con su servicio y el suizo se encarama con una bola de partido. Y en ese punto de partido se quedó enganchado. No lo aprovechó y entonces sí, Anderson se estiró como el gigante que es (2'03). No solo le quitó el servicio siguiente, sino que le robó el set, fin a una racha de 34, la misma cantidad de parciales consecutivos que ya había cosechado entre la tercera ronda de 2005 y la semifinal de 2006.

El suizo se quedó pensando en esa opción desaprovechada demasiado tiempo. Todo el tiempo. Perdió su siguiente servicio, y a a pesar de contar con 0-40 en ese duodécimo juego que lo hubiera llevado al tie break, volvió a quedarse sin premio. Suspiro de alivio para Anderson, que encontró en el precipicio toda la fuerza que lo había llevado hasta esta ronda de Wimbledon. El partido se alargaba en la Pista 1. Y se alargó hasta la agonía para Federer.

De firmar un torneo impecable con mínimos errores y mínimo desgaste, al suizo se le acumularon los fallos en la cuarta manga. Y en la quinta, también se le acabó la inspiración. Anderson nunca cedió, apoyado en un grandísimo servicio y en una gran lectura de los saques del rival, otrora ilegibles, ahora fáciles de abordar, para desesperación del helvético, ceño fruncido y enfados que mostraron su deriva en el partido. Todavía seguía pensando en aquella bola de partido desaprovechada cuando el marcador indicó que iban 11-11 en un último parcial sin tie break. Y el suizo no pudo más. De no perder ningún turno de saque en los cuatro partidos anteriores, cedió cuatro veces en las cuatro horas y cuarto de partido contra Anderson.

Con 11-12, el sudafricano no perdonó, héroe del día y alargada su semana en Londres. Y decepción en Wimbledon, que se queda sin su rey demasiado pronto para las expectativas de quienes abarrotaron la Pista 1, para los que, desde la pista Central, siguieron y sintieron su marcha, para todos los que esperaban una final Federer-Nadal diez años después. Federer tropieza antes de tiempo, con dolor por las oportunidades desaprovechadas. Se aleja del número 1 tras perder en este torneo 1.640 puntos. Y adiós al sueño de la novena corona en su jardín. Al menos, este año. «El objetivo es volver aquí en 2019 y pelear de nuevo por el título», dejó dicho.