vídeo: l. m. l. farraces

Así es el reconocimiento médico de los galácticos

El chequeo médico que pasan los deportistas de élite estudia cosas tan diversas como el funcionamiento cardíaco y la manera de pisar

MADRID Actualizado:

Pongámonos en la piel de una rutilante estrella futbolística que está a punto de concretar su fichaje por un club multimillonario. Solo falta el visto bueno de los médicos. Es entonces cuando ese hipotético crack tendría que pasar todas clase de pruebas médicas. Se trata de una larga lista de pruebas y exploraciones que permiten conocer al detalle las peculiaridades del deportista, sus lesiones pasadas, presentes o previsibles, y certificar así el estado óptimo o no de un profesional cuyos servicios tiene costes estratosféricos.

Lo primero son las analíticas de sangre y orina, el pichotazo en el brazo a que están acostumbrados todos los usuarios de la Seguridad Social es un trago por el que pasan también cada vez que cambian de equipo estrellas del balompié como Cristiano o Villa. Después llega el momento de la espirometría, donde se mide la capacidad pulmonar y respiratoria del deportista.

Después de esto toca el turno para una de las pruebas más específicas, el estudio biomecánico de la huella plantar. Haciendo al paciente pisar reiteradas veces sobre una alfombra conectada a un escáner, a través del cual se realiza un visionado tridimensional del pie. Aunque es un aburrimiento para el atleta, porque tiene que estar yendo y viniendo por una pequeña alfombra durante más de diez minutos, de este modo se puede saber con exactitud cómo pisa, lo que no es una cuestión menor, ya que eso puede determinar la aparición de lesiones en el futuro. Tras este estudio, se pueden elaborar un molde con el que se fabricarán unas plantillas que permitan la prevención de tales lesiones.

Terminado el paseíllo se realizan el electrocardiograma y el ecocardiograma. En los últimos tiempos, en los que se han producido casos muy sonados de deportistas cuyas carreras se han visto truncadas por problemas cardíacos, y a veces algo más que la carrera, estas pruebas diagnósticas han adquirido gran importancia. Aquí, después de que le unten a uno el pecho con una sustancia gelatinosa, un reputado cardiólogo hurgará al crack por el pecho mientras observa en una pantalla que vale una fortuna cómo evoluciona su croazón. Lo malo es que tras la prueba viene el tirón de los electrodos conectados al pecho, aunque como los deportistas de ahora están todos debidamente fotodepilados esto ya no es un problema.

Articulaciones

La última de las pruebas es la prueba de esfuerzo. Esta es la que suele dar la imagen habitual en los medios de comunicación con los futbolistas con unos electrodos conectados al torso y caminando sobre una máquina. En realidad, al contrario de lo que pueda pensarse, la prueba no es excesivamente exigente e incluso la pasan pacientes de avanzada edad que no tienen nada que ver con el mundo de la competición. Se trata tan solo de caminar por una cinta en pendiente y solo al final de la prueba trotar moderadamente. Con eso basta para hacerse una idea de cómo reaccionaría nuestro corazón ante situaciones más exigentes. Si uno es un deportista de élite, sus pulsaciones serán muchas menos que las de la gente corriente. Con los datos recopilados en todas las pruebas, es el turno del médico, que los interpreta todos y los complementa con sus observaciones en consulta, donde somete al deportista a una exploración exhaustiva, prestando especial atención a sus articulaciones. El compendio del examen dirá si el candidato es apto y, si lo es, que trabajo específico debe empezar a desarrollar para suplir posibles carencias o corregir problemas que venga arrastrando.