Enrique Castro 'Quini' - EFE | Vídeo: El fútbol llora la muerte de Enrique Castro 'Quini' (ATLAS)

Muere QuiniEl ariete que no tuvo enemigos

Mito del Sporting y del Barça, marcó 281 goles en la Liga. Anoche, con 68 años, murió víctima de un infarto

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La figura del fútbol que más cerca ha estado de los niños ha muerto. El hombre que era recibido con enorme alegría en todos los campos de España se ha ido de este mundo. El delantero que nunca tuvo enemigos. El artillero más puro se ha marchado al cielo a jugar con Di Stéfano, a las órdenes de Carriega, con 68 años. El hombre que siempre estaba de broma y que soñaba con ser el mejor goleador de España fue derrotado ayer por un infarto, cuando conducía su coche por la avenida Juan Carlos I de Gijón, cerca de su casa.

Una ambulancia lo trasladó al hospital de Cabueñes, pero el intento de reanimación en pleno trayecto no pudo salvar su vida. Superó en 2008 el cáncer que le marcó como un central aguerrido durante años, pero esa enfermedad también tiene culpa de este desenlace. Son los que han podido derrotarle. Los defensas nunca pudieron.

Nacido en Oviedo el 23 de septiembre de 1949, pronto se trasladó a vivir a Avilés, para triunfar como futbolista en el Sporting después de militar en el Ensidesa. Quini decía a ABC que esta era la mejor prueba para desmontar los enfrentamientos entre los incondicionales de uno y otro club. Era «del Sporting, pero sobre todo asturiano».

Campechano, cercano, risueño, Enrique Castro se ganó a los aficionados en el campo y fuera de él. Era actualmente delegado del Sporting y su presencia en la entrada de los vestuarios de El Molinón transformaba todos los ambientes, por calientes que fueran. Los árbitros le saludaban, los enojos desaparecían, las tarjetas amarillas se olvidaban y los rivales se abrazaban tras haberse cosido a patadas. Llegaba Quini, un mito, y todo el mundo cambiaba el semblante ante un ejemplo de jugador, que nunca lesionó a nadie, que solo quería ser Pichichi y que no hacía faltas porque no sabía.

«Si no cojo el teléfono móvil es porque no sé encenderlo bien», decía la última vez que contactamos con él, el Día de Reyes. Ya lo manejaba mejor, pero no le gustaban estos cambios tan modernos, con mensajes y tantas «cositas que no conozco» en una pantalla llena de «colorines». Era sencillo. No se vendía. Estaba feliz con seguir humildemente en su amado Sporting.

Héroe del Sporting

Su padre trabajaba en Ensidesa. Por eso, a los cinco años se trasladó a vivir a Avilés. Siempre rememoraba que su primer campo de fútbol fue de carbón: «Mi primer equipo fueron los infantiles del colegio de los Salesianos y mi primer campo fue La Carbonilla, que era de carbón fino, esparcido por encima del terreno, muy duro».

Destacó como goleador en su etapa juvenil y en 1967 saltó al primer equipo del Ensidesa, en Tercera, donde coincidió con Churruca y Megido. La llegada de Molinuevo como entrenador supuso su gran salto profesional. Le alineó como ariete. Y triunfó. Quini siempre subrayaba dos cosas: «Me hice en el Ensidesa y ahí conocí a mi esposa (María de las Nieves Fernández), que ha sido el otro puntal de mi vida, la defensa central que me ha dicho por dónde ir».

El Sporting le fichó el 9 de noviembre de 1968. Debutó el 22 de diciembre en el Villamarín, donde perdió por 1-0. Siete días después se estrenó como goleador, en la victoria sobre el Racing de Ferrol. Al año siguiente consiguió el ascenso del club rojiblanco a Primera y celebró su primer Pichichi, todavía en Segunda. A su vez, conquistó el campeonato de Europa de la selección española de aficionados, a las órdenes de Santamaría, con cuatro goles inolvidables en la semifinal. José Emilio Santamaría recuerda ese instinto goleador de Quini. «Era listo, sabía colocarse perfectamente para buscar su oportunidad y tenía mucha calidad en el disparo y en el remate de cabeza».

Ocho goles con España

Su ascenso era meteórico, tenía eficacia e inteligencia para aprovechar las ocasiones. Kubala lo convocó para la selección absoluta. Debutó el 28 de octubre de 1970 en La Romareda ante Grecia y anotó el 2-1. Quini era un ídolo nacional. Aquel fue el primero de los 35 partidos que disputó con España, en los que marcó ocho dianas.

Era el líder del mejor Sporting de la historia y un líder de la Liga. Conquistó los Pichichis de Primera en 1974 y 1976. Pero su equipo descendió a Segunda. Volvió a ser Pichichi en la división de plata en 1977. La verdad, el club asturiano se le quedaba pequeño, aunque era profeta en su tierra y Asturias lucía un gran equipo en el fútbol español gracias a él. Por fin, en junio de 1980, tras ser otra vez máximo realizador en el conjunto rojiblanco pocas semanas antes, fue traspasado al Barcelona. El Sporting ingresó 82 millones de pesetas, una buena cifra de la época, lo que hoy supondrían 90 millones de euros. Y Quini refrendó en el club grande lo que había hecho a lo largo de su carrera.

Fue el referente ofensivo del conjunto azulgrana. Pero el 1 de marzo de 1981, tras marcar dos goles al Hércules en el Camp Nou (6-0 en total), fue secuestrado por dos individuos. Estuvo veinticinco días desaparecido. Su gran amigo Schuster destaca: «Nos planteamos en aquel momento no volver a jugar mientras estuviera secuestrado». El Barcelona se hundió anímicamente. Perdió tres partidos y empató otro antes de volver a ver a su ariete. El equipo ganó la Copa, en la que anotó nada menos que once tantos. Acabó la temporada como Pichichi de esa Liga 1980-81 y también en la siguiente. Ganó las Copas de 1981 y 1983, la Recopa en 1982, la Copa de la Liga en 1983 y la Supercopa de España en 1984. Fue delantero del Barcelona durante cuatro temporadas. Y en julio de 1984, casi con 35 años, regresó al Sporting, donde jugó otras tres campañas.

Siete Pichichis, cinco en Primera y dos en Segunda, fue el balance de su aspiración por ser el mejor. En la historia de las ligas profesionales del fútbol español consta como el tercer ariete eterno, con 281 dianas, tras Messi (370) y Cristiano (299). Pero es el número uno por saber transmitir amistad a niños y mayores, por enseñar a los jóvenes. Era una estrella y se presentó como un amigo. Muchos deberían aprender de él. Hoy se abrirá la capilla ardiente en El Molinón, a las 12 de la mañana. A las ocho de la tarde se celebrará una misa. El fútbol pierde un ejemplo. El cielo gana un ángel.