Adrián San Miguel celebra durante el partido ante el Norwich
Adrián San Miguel celebra durante el partido ante el Norwich - REUTERS
Premier League

Adrián San Miguel, de entrenarse con regionales a jugar la Supercopa de Europa

El meta debutó con el Liverpool el viernes tras entrenarse con un equipo de aficionados al quedar sin equipo

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Los amigos del refranero popular estarán hoy de enhorabuena. La cal y la arena, la calma y la tormenta, el mal y lo que venga, se conjugaron el pasado viernes para poner la guinda a una de esas historias del deporte en las que la resiliencia toma el volante del destino para devolver al protagonista al lugar en el que un día estuvo. En ocasiones, si la suerte se alía con el guion, incluso puede llegar un poco más alto. Que se lo digan a Adrián San Miguel, que hace una semana se entrenaba en el Manuel Leonardo Ventura, el campo de la UD Pilas, un equipo de Primera División andaluza, y el viernes defendió por primera vez la portería del vigente campeón de la Champions League, el Liverpool de Jürgen Klopp.

La tentación podría provocar que el mérito recaiga de pleno sobre la diosa Fortuna, pero ahí están las historias para negarle esa medalla. Apenas ha corrido un lustro desde que Adrián era uno de los mejores porteros españoles, presente incluso en una convocatoria para la selección de Lopetegui en 2016, aunque no llegó a debutar.

No andaba a gusto con sus guardametas Pepe Mel en 2012. Eran sus días como entrenador del Betis. En las cinco primeras jornadas de aquella Liga, el conjunto verdiblanco encajó once goles. El técnico alternó entre Fabri y Casto, los dos futbolistas llamados a pelear por salvar goles en el Villamarín, hasta que en la sexta jornada, con Fabri fuera de juego y Casto expulsado, tuvo que entregar el relevo al portero del B. Por allí apareció Adrián, que se llevó cuatro goles del Málaga. Pese a todo, Mel lo aguantó en el once y encadenó tres puertas a cero. Titular inamovible.

Un as en los penaltis

Aquel año, estupendo para un Betis que terminó séptimo, catapultó a Adrián a la Premier League. El West Ham puso sus ojos en uno de los puntales del equipo sevillano y lo firmó libre. Le costó entrar en el once, pero una vez que lo logró, se mantuvo firme como uno de los porteros más solventes de la competición, destacado como una carta ganadora en los penaltis. Sonado fue el día en que, durante el «replay» ante el Everton de la tercera ronda de la FA Cup de la temporada 2014-2015, detuvo dos lanzamientos en la tanda y marcó el noveno de su equipo, los guantes al aire durante la carrerilla, en una estampa que lo encumbró como figura de Upton Park.

A partir de 2016, su papel comenzó a ser más residual, contados los minutos de los que disfrutó, hasta el punto de que la temporada pasada no jugó un solo partido en toda la Premier. A final de temporada, con 32 años, quedó libre. Hasta la semana pasada, ningún equipo se había interesado por él, más allá los rumores que lo relacionaban con el Valladolid. Nada sólido, pues Adrián se entrenaba con disciplina estoica en el ostracismo del fútbol regional. Quizá fiel a algo parecido al karma, el portero obsequió a la UD Pilas con un cheque para que comprasen material deportivo. «¡Muchas gracias por todo! Os deseo todo lo mejor», escribió en la tarjeta, difundida por el club a través de sus redes sociales. Difícil será que no refuerce ese perfil filántropo: cuatro días después, el Liverpool hacía oficial su fichaje después de que Mignolet, suplente de Alisson, se marchara al Brujas.

El viernes, en la victoria del Liverpool sobre el Norwich (4-1), Alisson tuvo que retirarse lesionado en el minuto 36, lastimado su gemelo en un saque de puerta. Y allí que fue Adrián, ovacionado por Anfield y espoleado por Klopp, que tendrá que confiar en él durante al menos tres semanas por la baja del brasileño. Por lo pronto, el próximo miércoles, Adrián jugará la Supercopa de Europa. Habrá que preguntarle si el karma tuvo algo que ver.