Hamilton, de fiesta con Neymar
Hamilton, de fiesta con Neymar

Fórmula 1 | GP de MéxicoHamilton, una estrella del rock en la Fórmula 1

El británico, al que hoy le vale con ser quinto para lograr su cuarto Mundial, es un personaje célebre fuera de los circuitos

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A Lewis Hamilton, el hijo de un emigrante caribeño que se empleó como trabajador en el metro de Londres y se crió en una ciudad dormitorio (Stevenage) a las afueras de la capital inglesa, le encantan los pequeños placeres de la vida. La pizza de pepperoni o trufa blanca, una rebanada de pan con Nutella, el «Call of Duty» para la Play, el snowboard o Michael Jackson. Pero el pequeño Lewis que un día le dijo a Ron Dennis, el antiguo patrón de McLaren, «correré en tu equipo y seré campeón del mundo», es ahora una celebridad de la Fórmula 1 que aspira hoy en México a su cuarto título (saldrá tercero y le vale con ser quinto). Más que eso, es una estrella del rock que le ha cogido el gusto a otros deleites a su alcance de multimillonario: se mueve por el mundo en un avión privado de 23 millones, comparte fiesta con Neymar, Justin Bieber o Naomi Campbell, vive en Mónaco en un ático imperial y tiene un único destino pendiente en su abanico de viajero impenitente, Bora Bora.

Hamilton conduce de cine, solo Fernando Alonso a su nivel en la Fórmula 1 de hoy, y va a ingresar en el club de los cinco mejores pilotos de la historia: Michael Schumacher (7 títulos), Juan Manuel Fangio (5), Alain Prost, Sebastian Vettel y él (4). Por encima de los números, Hamilton admira a Ayrton Senna, que posee tres campeonatos y goza de una reputación sin igual por su afición al riesgo del todo o nada.

Desde su humilde origen en el extrarradio de Londres, Hamilton ha mutado a personaje social. «Necesitamos más pilotos como Lewis en la F1», le ensalzó el exsupremo Bernie Ecclestone, a quien no le agradaba la austera sencillez de Vettel o el arraigo a la tierra de Alonso. Ecclestone quería una estrella como Hamilton.

El Instagram del piloto expone su evolución social. Hamilton no para. Viajes, eventos y un sinfín de alfombras rojas, en las que se mueve como pez en el agua con su inclinación a los looks estrafalarios.

«Hay mucha vida más allá de la F1», le gusta decir a Hamilton, quien se quita en cuanto puede el casco, el mono y los guantes para calzarse sombreros, zapatos y gafas último grito.

Durante los últimos doce meses, el piloto de Mercedes ha visitado las instalaciones de la NASA, se ha fotografiado con el campeón mundial de atletismo Mo Farah, ha jugado al golf con Stephen Curry (el héroe de la NBA), conduce a toda mecha una motocicleta MVAgusta F4 personalizada con sus iniciales y su dorsal (LH44), acude a desfiles de moda de su amiga Donatella Versace, pasa las vacaciones en Cuba con su famoso perro Roscoe, merienda con Kate Hudson, posa como modelo para una firma de cosméticos y enlaza su vida con las celebridades que acumulan cientos de millones de seguidores en las redes sociales.

Hamilton habla poco, pero es muy contundente. Ha aprendido a atemperar su carácter fogoso en declaraciones públicas, ya que siempre fue objeto de atención de los medios. Lleva colgada la etiqueta de ser el primer piloto negro en la historia de la Fórmula 1 desde que se estrenó en 2007. Ha hecho de ello un símbolo, orgulloso del origen caribeño de su padre, Anthony, nacido en la isla de Granada.

Hamilton se ha convertido en un portavoz de las personas negras a través de su hiperactividad en las redes sociales. Constantes son sus alusiones de admiración a las ideas que propagaron Martin Luther King o Malcom X. Ha expresado su devoción por los boxeadores Floyd Mayweather o Anthony Joshua. Siempre apoya a la tenista Serena Williams, en la cancha o por su reciente maternidad. Y señala como su ídolo de referencia al boxeador fallecido Mohamed Ali.