Atletismo

Ramón Torralbo, el técnico que nunca discutió con Ruth Beitia en 27 años

El preparador adiestró a la campeona olímpica desde los once años sin que se produjese un roce entre ambos

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Se ha retirado Ruth Beitia y, además de su legado deportivo, de su impecable imagen como competidora, de su emocionante oro olímpico a los 37 años, ha entregado una frase para las hemerotecas. «Nunca tuve una discusión con Ramón». Ramón es Ramón Torralbo, su entrenador durante 27 años.

Es conocida la devoción que ambos se han profesado durante tantas lunas, su sintonía personal que ha ido más allá de la vinculación técnico-atleta, su relación casi familiar de padre a hija y su carrusel de elogios ahora y siempre -Ruth: «Ramón es mi 50 por ciento»; Torralbo: «Ruth no tiene defectos, si los tuviera lo diría»-. Pero de ahí a nunca enzarzarse en una discrepancia severa y a mantener un comportamiento zen que ha evitado cualquier fricción parece una exageración del relato edulcorante.

La pregunta vuela a todos los segmentos del atletismo: el seleccionador de mediofondo Jorge González Amo, el exjefe de prensa federativo Gerardo Cebrián, el presidente Raúl Chapado, y la respuesta es negativa. No. Nadie conoce un roce entre Beitia y Torralbo, las almas gemelas.

Ramón Torralbo es un exjugador de voleibol, que defendió la elástica azul del José María Pereda santanderino en la división de honor que en aquellos años 70 y 80 dominaba la cantera del Salesianos Atocha de Madrid, un colegio convertido en vivero de este deporte en España. Torralbo se inclinó luego hacia la docencia y, con su título universitario de educación física, a dar clases en los colegios de la comunidad cántabra.

El entrenador destila una serenidad contagiosa. Y responde a la cuestión sin darse importancia. «¿Algún roce con Ruth? No, no recuerdo... Nunca, creo. No, diría que nunca».

El atletismo es un deporte de intenso recorrido personal. Cuatro o cinco horas de entrenamiento diario en sesiones de seis jornadas a la semana implican una conexión siamesa entre el atleta y el preparador que, en el caso de Ruth Beitia y Ramón Torralbo, se ha multiplicado en horas anuales por 27.

Beitia era una niña de diez años que sintió la llamada del atletismo por la genética. Sus cuatro hermanos mayores lo practicaban. Su hermana Inma fue una pionera en el salto de altura femenino en España. Su hermano José fue campeón nacional júnior en la misma especialidad. El padre, José Luis Beitia (empleado de una ferretería en Santander) fue juez de atletismo en los Juegos de Barcelona 92. Ruth, que practicaba el fondo, las vallas y la velocidad en el equipo España de Cueto con Juan Manuel de Blas como preparador, se unió a Ramón Torralbo a finales de los ochenta como extensión de su hermano José.

Muchas virtudes

«Era muy alta, tenía unos fundamentos técnicos buenísimos y le encantaba entrenar. Tenía muchas virtudes», recuerda Torralbo en conversación con ABC.

Desvinculado del voleibol, Torralbo había matado el gusanillo con el salto de altura, disciplina en la que disfrutó de un pequeño honor: fue el primer atleta de Cantabria que superó los dos metros sin derribar el listón. En 1990 comenzó a adiestrar a aquella muchacha alta y flaca que nunca se cansaba de ensayar.

Veintisiete años después de un palmarés repleto de medallas internacionales, títulos españoles y un oro olímpico, Torralbo no recuerda una desavenencia seria con la atleta, quien, pese a su carácter amigable, sí ha tenido otros enganchones en otras esferas. En política discutió con el presidente de la comunidad Miguel Ángel Revilla, quien la menospreció llamándola «la saltadora». Beitia replicó: «El de las anchoas». En lo personal la campeona olímpica estuvo casada con el lanzador de jabalina Ramón Cagigas.

«Es posible que la gente no se lo crea, pero Ruth y yo nunca hemos discutido. Nos hemos respetado muchísimo y eso es vital en una relación personal tan intensa -cuenta Torralbo-. Y diría que tampoco hemos encontrado discrepancias en nuestros métodos de trabajo. Ruth siempre ha admitido lo que yo le presentaba. No ponía en duda mis ideas. Ha sido muy fácil de llevar durante 27 años. Había confianza ciega de ella hacia mí y de mí hacia ella».

Beitia se ha despedido y en su visión futurista aparece la psicología deportiva (estudia este grado en la UCAM). ¿Qué será de su media naranja? Torralbo, de 62 años y jubilado como profesor, seguirá en el atletismo. «Entreno a un grupo de treinta atletas a nivel provincial, que van desde la categoría de cadete a los profesionales. También soy el director de la escuela municipal de atletismo. Y al final es lo mismo entrenar a Ruth Beitia, campeona olímpica, que a uno de los chavales que está empezando. El atletismo te pone en tu sitio desde el primer día. Y el objetivo siempre es mejorar tú mismo».