DEPORTES EN CELULOIDE

La lucha libre imposible de Georges Méliès

El pionero director rompió la tendencia documentalista iniciada por los Lumiére para plantear el cine desde la imaginación. «Nuevas luchas extravagantes» es un buen ejemplo de su peculiar estilo visual

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El 28 de diciembre de 1985, el cine tuvo su puesta de largo. Los hermanos Auguste y Louis Lumiére presentaron su nuevo invento, el cinematógrafo, en el Grand Café de París ante 35 espectadores. La proyección incluyó el famoso segmento del tren llegando a la estación que hizo que algunos espectadores corriesen desparvoridos. Pero también la primera grabación deportiva de la historia: “La voltige”, un corto de menos de 45 segundos que muestra a tres jinetes tratando de montar sobre un caballo:

La película no es, desde luego, gran cosa. Con aquel cinematógrafo primigenio, los Lumiére solo podían rodar planos fijos y preparados: la cámara requería un complejo montaje previo y, debido a su enorme tamaño, moverla era impensable. Además, el aparato solo reproducía rollos de entre 15 y 20 metros, lo que limitaba la duración a menos de un minuto. Grabar una carrera de caballos hubiese sido imposible, por lo que los hermanos tuvieron que conformarse con capturar un retazo.

El invento evolucionó rápidamente. Los Lumiére, dos ingenieros de taller sin mentalidad creativa, siempre lo vieron como una simple atracción de feria, un nuevo avance tecnológico que durante unos meses impresionaría a los espectadores y luego caería en el olvido. Así que trataron de sacarle partido el máximo tiempo posible, paseándolo por ferias de todo el mundo para cobrar entrada. Aunque la tecnología avanzó, el contenido siguió igual: pequeñas escenas arrancadas de la realidad. Documentalismo puro y duro, cuya moda se extendió a eventos como desfiles militares, nombramientos oficiales o espectáculos de circo. Así nació el género de las “actualités”, que también abarcó los deportes. Las carreras de barcos fueron las favoritas del público.

Pero si hoy el cinematógrafo no se usa solo para retransmitir partidos de fútbol es gracias a otro pionero de la historia del cine: Georges Méliès, recientemente homenajeado por Martin Scorsese en “La invención de Hugo”. Director de teatro e ilusionista, fue uno de los primeros abducidos por el aparato de los Lumiére y rápidamente se hizo con una versión. Fue él quien, intentando utilizar la cámara para crear nuevos trucos de magia, aportó a aquel invento su avance más importante: la imaginación. “Viaje a la luna” fue su obra maestra. Pero en lo concerniente al romance entre cine y deportes, Méliès también dejó su granito de arena: “Nuevas luchas extravagantes” (1900) es un ejemplo clásico de las artes de Méliès. Aprovechando los cortes de cámara, el ilusionista crea una serie de efectos visuales durante un combate de lucha libre: mujeres que se transforman en púgiles, llaves imposibles, luchadores cuyos miembros se desmontan y vuelven a pegarse, que se deshinchan y quedan aplastados como una hoja de papel... El cineasta también se dejó contagiar por la fascinación hacia otra de las novedades de la época: el automóvil. En 1905, escenificó una carrera entre París y Montecarlo. A diferencia de las “actualités” de los Lumiére, no grabó una real, sino que se encargó de diseñar los decorados y la maqueta del coche, y plagó el metraje de “gags” visuales.

Méliès, con su concepción imaginativa del mundo, fue el precursor del estilo de Charlie Chaplin. A él se deben las secuencias más imaginativas de los deportes en movimiento. Desde la famosa escena de boxeo de “Luces de la ciudad” hasta las filigranas de “Oliver y Benji” o el “quidditch” de Harry Potter.