Marc Márquez
Marc Márquez - Reuters
Polideportivo

¿Se puede entrenar el deseo de ganar de Marc Márquez?

Psicólogos analizan el hambre insaciable de los deportistas, que enfocan su mente en un solo fin: ser hoy mejor que ayer

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Sus éxitos no se miden por el número de trofeos ni de medallas. Para ellos el día a día es el mayor de los retos. Los grandes deportistas aceptan que su vida es solo el presente. Ser hoy mejor que ayer. Tan simple y tan difícil como eso. Marc Márquez ganó el domingo su quinto Mundial de MotoGP en seis años. Aún no ha cumplido los 26. Un hambre infinita que se alimenta de días de buen entrenamiento, no de récords ni copas. Y que comparte con Rafa Nadal, Roger Federer, Michael Jordan, Javier Fernández, Mireia Belmonte, Katie Ledecky o Carolina Marín. ¿Cómo ganar después de haber ganado tanto? Psicólogos del deporte debaten sobre esa capacidad que diferencia a los buenos deportistas de los extraordinarios.

Para el propio Márquez es bien sencillo: «El objetivo y la mentalidad de cualquier deportista es no ponerte límites. Para eso trabajas todo el año. Conseguirlo te da más motivación para ir a por el siguiente récord. Como cualquier deportista, cuanto más ganas, más quieres. Es lo bueno del deporte, si trabajas bien estos momentos llegan», comentó nada más levantar su quinto Mundial. «La palabra clave es deseo. Pero es un deseo basado en querer mejorar. Es lo que les impulsa a seguir levantándose y entrenándose. Nadal, Belmonte o Márquez son fueras de serie en eso: ganan un año y les crece el deseo en cuanto lo han conseguido. Y el deseo siempre gana al esfuerzo, la disciplina y el sacrificio», explica Óscar del Río, psicólogo deportivo.

Es una explicación de por qué Rafa Nadal quiere seguir ganando en Roland Garros, aunque lo haya hecho once veces. Por qué Michael Jordan ganó seis anillos de la NBA y volvió a la pista después de anunciar que se retiraba hasta en tres ocasiones. Por qué Mireia Belmonte salió de la piscina de los Juegos de Río 2016 con su oro en 200 mariposa y lo primero que le dijo a su entrenador, Fred Vergnoux, fue «no soy campeona mundial». Por qué Carolina Marín sufrió lo indecible para lograr el oro en Río y volvió a someterse a otra tiranía para ganar su tercer Mundial de bádminton.

Para Yolanda Cuevas, psicóloga de la salud y el deporte, hay otro eje fundamental en esta capacidad de buscar siempre un triunfo más: la meta. «Un deportista diseña objetivos desafiantes. Conseguir más títulos. Son realistas pero ambiciosos y así crece la motivación. Se trata de crear una hoja de ruta y centrarse en lo que pueden hacer ellos, o en grupo, para conseguirlo. ¿Qué quiero lograr? Y después ¿cómo lo voy a conseguir, qué tengo que hacer para ello? Los de resultado aumentan el interés y los de realización, el control y la autoconfianza.

Por eso, comparten ambos expertos, hay una diferencia entre Nico Rosberg o Flavia Penneta, que se retiraron en cuanto ganaron su Mundial de Fórmula 1 y su Grand Slam, y los que no se conforman. «El estrés y el estado emocional por el que tuvieron que pasar no les compensaba para repetirlo», otorga Del Río. «Depende del objetivo inicial, de las lesiones, de los resultados, de lo que te gusta ese deporte, competir o todo lo que lo rodea. El nivel de satisfacción de cada uno es personal, ni mejor ni peor», añade Cuevas.

Los deportistas viven más que nadie en el presente, en el plan de hoy, el partido de hoy, la carrera de hoy. Mireia Belmonte confesó a este periódico que no mira sus medallas; Márquez aceptó que no quería ser consciente de lo que ha logrado. «Para empezar el año que viene como si no hubiera hecho nada y tener la presión de luchar por otro título. Si esa es la tónica de toda mi carrera, significará que tengo nivel». «Se centran en lo que depende de ellos: el rendimiento en el entrenamiento diario. No tanto en los resultados ni en las expectativas de los demás. El rendimiento es el presente, los resultados el futuro», analiza Cuevas.

Son humanos

Son fuentes inagotables de triunfos. Ganar no les cansa, sino que los alimenta. Pero no viven ajenos ni al dolor ni los bajones pues es complicado vivir en la cima constante. Belmonte sufrió una lesión en los hombros justo antes del Mundial de Kazán. Nadal pasó sus momentos de ansiedad en 2016. Márquez perdía pelo a mitad de 2017. También Novak Djokovic sufrió un gran bajón el año pasado después de haberlo ganado todo. «No se puede pretender no tener bajones, pero sí a gestionarlos, aprender a que son parte del momento. Los deportistas tienen emociones como la rabia, la frustración, la tristeza… pero saben cómo no ser secuestrados por ellas. Y se estrena. Como la resiliencia, esa capacidad de superar y salir fortalecido de la adversidad, deportiva en este caso. Pensamientos como “no lo podré lograr” o “estoy acabado” merman la capacidad de comprometerse con los objetivos. Cuanto antes se salga de ese bucle antes se levantan», afirma Cuevas. «Los bajones se gestionan. Los psicólogos ayudan al deportista a que tenga un equilibrio personal y profesional para mantener las ganas de seguir. Djokovic o Tiger Woods han vuelto al reencontrar ese camino. El deseo no lo había perdido. Y aunque muchos no tengan psicólogo deportivo no significa que no trabajen la mente como entrenan el cuerpo. El entorno adecuado les funciona», confirma Del Río.

Pero, recalcan, ha de ser adecuado: «A veces el entorno presiona para que sigas y de este modo la conexión con el deporte se intoxica. No todo vale para conseguir tus objetivos o los objetivos de los demás, así que, por un lado la presión y por otra la falta de valores, pueden motivar acciones poco deportivas. Si uno se siente presionado, hay tensión y la tensión se refleja también en el músculo. Fomenta las lesiones y su recuperación también es más costosa o incluso excusa para no volver a la competición», subraya Cuevas.

¿Esta hambre es innata o se puede entrenar? «Se puede educar a los niños a encontrar satisfacción en retarse a sí mismos, no para agradar a los demás. A veces esto no se entiende bien y puede llegar la frustración», aconseja Cuevas. «Puedes facilitar el marcar objetivos y planes para conseguirlos, pero ese deseo de ganar... hay algo interior. Es muy personal. Son mentes privilegiadas. Por eso son ejemplos», cierra Del Río.