El excampeón del mundo de ajedrez Garry Kasparov
El excampeón del mundo de ajedrez Garry Kasparov - ABC

AjedrezKasparov aún da miedo

El excampeón del mundo de ajedrez, retirado en 2005, ha demostrado en EE.UU. que sigue al nivel de los mejores

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Garry Kimovich Kasparov, excampeón del mundo de ajedrez y número uno durante dos décadas, está «para jugar». El ruso tiene ya 53 años, una edad impropia para un deportista de élite, y se retiró en 2005, pero sus engranajes mentales siguen perfectamente engrasados. Lo acaba de demostrar a lo largo de 18 partidas rápidas en dos agotadoras jornadas. El ogro de Bakú se metió en una jaula contra los tres mejores grandes maestros de Estados Unidos, todos ellos dentro del top 10 mundial, en una liga a seis vueltas.

Con un arranque fulgurante, el jubilado tuvo en jaque a sus rivales: Fabiano Caruana, flamante campeón americano con el pasaporte casi por estrenar (hasta hace poco jugaba bajo bandera italiana), Wesley So (nacionalizado de origen filipino) e Hikaru Nakamura, nacido en Osaka. Son los números 3, 10 y 6 del mundo, respectivamente. En anteriores reapariciones, siempre efímeras, Kasparov había destrozado a su viejo archienemigo Anatoly Karpov y al británico Nigel Short. Esta vez quiso que nadie pensara que se enfrentaba a sparrings contratados para alimentar la leyenda a bajo precio. Aunque el torneo era de exhibición, en juego estaba el prestigio de una generación, que después de sobreponerse a la sorpresa inicial reaccionó en la segunda jornada e hizo valer su resistencia física.

En el primer día, el ruso quedó mejor casi siempre, aunque la velocidad de juego (cinco minutos por jugador más tres segundos de «cortesía» en cada movimiento) penalizó los reflejos del más viejo. Perdió varias partidas «ganadas» por culpa de los apuros de tiempo, lo que no doblegó su confianza:«Me dejé tres caballos», destacó, «y sin embargo estoy a medio punto de los líderes» (y uno por delante de Caruana). Acabó ganando sus dos últimas partidas a lo grande. Contra Nakamura, a la postre ganador, y contra Caruana, que terminó último. Si siguiera entrenando –y quién dice que no lo hace– no está claro cuántos grandes maestros además de Carlsen, campeón del mundo, aguantarían su ritmo.

El cuadrangular repartió una bolsa de premios de 50.000 dólares, lo último que interesaba a Garry, quien donó su recompensa al equipo olímpico de EE.UU. El deseo de ganar de Kasparov no estaba motivado por el dinero. Era una mezcla de orgullo, la competitividad que chorrea por sus poros y el deseo de demostrar que los maestros del pasado, sin ordenadores, comprendían este juego milenario. Él es para muchos el mejor de la historia y ayer demostró que aún está al máximo nivel.

El caballo burlón

Después de su exhibición, no exenta de los lógicos errores, solo cabe lamentar las joyas perdidas estos años. También vimos su faceta de viejo zorro, como cuando «engañó» en Linares a una jovencísima Judit Polgar. En una partida rectificó un salto de caballo. Tuvo su gracia, porque Nakamura, que intentó algo parecido hace poco, lo encajó con deportividad.