José Tomás y Curro Díaz glorifican a Manolete en Linares

FERNANDO CARRASCO | LINARES
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La cima y la sima ayer en Linares, con el calor como testigo perenne de este agosto andaluz. José Tomás y Curro Díaz haciendo honor a la tierra que vio morir a Manolete. Glorificándolo en una tarde excelsa de ambos. La sima, Finito de Córdoba, precavido y que escuchó los tres avisos en el cuarto.

También la desgracia se cebó con Díaz en el sexto, que lo arrolló de salida de espantosa manera, perdiendo la consciencia. Era un pelele en el albero linarense. Voltereta brutal de un toro que sembró el pánico y con el que Finito se sobrepuso y se quitó la espina, por vergüenza torera, ante ese marrajo. de lo acontecido en sus dos anteriores enemigos.

José Tomás había cuajado el toreo a la verónica a su primero en lances pausados y pulcros, cuando el de El Pilar, buscando a un banderillero que tomaba el olivo, se partió el pitón derecho contra las tablas. El sobrero de El Tajo y la Reina —José Miguel Arroyo— tuvo movilidad aunque estaba pendiente de las tablas. JT se dobló con él y construyó una faena en la que se sucedieron las series, sobre todo a derechas. Muletazos muy jaleados y dispuesto el torero. Pero faltó conjunción y los pases surgieron, quizá, demasiado rápidos. Por el izquierdo se le coló —ni se inmutó—, acabando en tablas el de Joselito. Recursos de pases de pecho y unas manoletinas ajustadísimas prologaron la estocada fulminante. Dos orejas pedidas por la mayoría.

Pero donde alcanzó su verdadera dimensión fue en el quinto, un toro que salió suelto de los capotes pero con el que el de Galapagar pudo desquitarse, valga la expresión, en el quite. Tenía recorrido el de El Pilar y José Tomás no se lo pensó. Brindis al público y ayudados por alto cargando la suerte para anunciar lo que vendría después. Miraba y era un punto tardo su enemigo, pero eso, como comprenderán, poco importó a JT, quien se ofreció pleno para ligar. La gente rugía. Hasta que se echó la muleta a la zurda. Y ahí bramaron las miles de almas que llenaban el coso de Santa Margarita. Porque José Tomás adelantaba el engaño, se lo ofrecía y embarcaba las embestidas en naturales de una perfección insultante. Rematados donde parecía imposible, iban sucediéndose ante la mirada atónita de los mortales, los abrochaba con los de pecho sin ceder ni un ápice. Luego,de nuevo la estocada y el delirio. Otras dos orejas para glorificar al monstruo de Córdoba.

Cruzado salió el tercero, que parecía reparado de la vista. Tanto que se fue al cuerpo de Curro Díaz, volteándole de feísima manera. Se repuso y, lo que son las cosas, cambió el astado y comenzó a embestir en el tercio final. Y surgió, pleno, rotundo, el toreo de quilates, de muchos quilates, del linarense. Desmayado, abandonado, bajando la mano una enormidad y fundiendo los muletazos. ¡Qué manera de conjuntarse toro y torero! Y luego los pases de pecho enroscándose con el de El Pilar. Y los trincherazos pletóricos. Y los cambios de manos de ensueño. No fue lo mismo por el izquierdo y volvió a diestras culminando una faena de una belleza, plasticidad y toreo enorme incontestable. Mató muy bien y las orejas fueron a sus manos de manera incontestable.

Qué pena lo del sexto. Mala y buena suerte a la vez la de este chaval que torea como pocos: tendría que haber cruzado el umbral de la puerta grande junto a José Tomás... Pero al final todo quedó en el terrible golpe en el pecho. Ambos glorificaron a Manolete.