Mísia
Mísia - Matías Nieto Koening

Mísia: «Amália Rodrigues no necesita homenajes, era yo la que necesitaba hacerle este regalo»

El martes 1 de diciembre estará en la sala Galileo Galilei de Madrid para presentar su disco «Para Amália», dedicado a la gran dama del fado

MadridActualizado:

Mísia llegó al mundo del fado hace 25 años con desparpajo, innovando, escandalizando incluso con su influencia heredada del mundo del cabaret. Por aquel entonces la música popular portuguesa no gozaba del predicamento que hoy posee, así que sirvió de enlace entre las nuevas generaciones y Amália Rodrigues.

Precisamente a esta gran figura dedica su nuevo álbum, «Para Amália». Un homenaje que es frecuente entre las fadistas, aunque la cantante de raíces catalanas quiere dejar claro que «normalmente muchas empiezan haciendo el homenaje. Yo lo he hecho pasados 25 años. Es un recurso al revés. Para mí es importante decir esto, porque nadie, les guste yo más o menos, podrá decir decir que me estoy aprovechando para hacer una carrera, porque la carrera, o el camino, ya está hecho, no es algo en lo que me apoye para nada, como no sea para cantar fados lindísimo, y hablar de ella, que es como si la sintiera más cerca».

—Siempre, sí, felizmente, aunque he tenido y tengo otras referencias, pero con Amália, a medida que va pasando el tiempo, más sé de ella y más me gusta, va aumentado mi interés y mi amor por ella.

—Ya hace muchos años que lo tenía como idea en la pantalla de mi computadora, y lo fui dejando almacenado cuatro o cinco años, como otros proyectos que tengo. Y el año pasado fue la efeméride de los 15 años de su muerte, y lo grabé en diciembre, ese mismo año todavía. Además, ahora hago 25 años de discos, y pensé que era el momento de hacerlo.

—Siempre, la pongo todo lo que hago, pero en este es verdad que en la portada estoy como en una especie de entrega. Eso sí.

—Inicialmente no eran dos, era música con piano, porque Amália ensayaba con piano muchas músicas y discos, y luego los pasaba a la sonoridad de la guitarra. A mí me gusta mucho cantar con piano, ya lo había hecho en el disco anterior, pero me di cuenta de que había que hacer dos partes separadas, que también las hay en los conciertos.

—En la primera son fados más profundos, más filosóficos, más intelectuales. Son los fados de los grandes escritores, menos tradicionales, no diré más tristes, pero sí más profundos. Se trata de piano y voz, y se habla de los temas básicos, de la vida, de la muerte.... Es todo más filosófico y oscuro. Y la segunda es más solar, podríamos decir. Tiene temas más conocidos, más alegres, más populares, y algo que me parece importante en este trabajo: cuatro inéditos. Me parece bonita la idea de que alguien le haga un poema, una música a Amália cuando ya no está. Es como si su biografía se siguiera escribiendo. Cuando alguien hace algo de ella o alrededor de ella, como alguna película o algún documental, es como si su biografía se siguiera escribiendo. Ese segundo CD tiene la colaboración de algunos invitados, como Maria Bethania, en un tema que tiene un poema prodigioso, «Amália sempre e agora» ahora, y la música que he retomado que Carlos Cano escribió inspirado y pensado en Amália, que es «Maria la portuguesa». En este caso he tenido la suerte de que Martirio acepte cantar y colaborar en este disco, porque ella es una artista y cantante que admiro muchísimo, su trayectoria es pura y libre.

—Pienso que es, nunca digo era, porque en cierta forma es alguien que fue muy contemporáneo. Por ejemplo, cantaba en varias lenguas. Es un poco lo que se hace ahora en la world music. Ella cantaba en napolitano, siciliano, inglés, francés, coplas, flamenco, rancheras... esa curiosidad por otras culturas. Es alguien que no tenía una formación académica y que aprendió a escribir poemas maravillosos, fue musa para muchas disciplinas artísticas, agotó todos los superlativos de los críticos, es considerada una de las mejores voces del siglo XX, y aún hoy en Portugal no sabemos todo de Amália. No era la época de internet, por tanto cuando en mi país se busca la nueva Amália, es Amália, que tiene un tiempo contenido en su obra. Incluso su último disco era más contemporáneo que muchos discos que se hacen de fado ahora.

—Sí, después de haber cantado en el último disco con Iggy Pop, con Adriana Calcanhotto, en «Delikatessen Café Concerto», que era un menú de canciones para un tiempo de crisis, creo que hay un cierto paralelismo no solo con Amália, sino con otros artistas. Que cantemos en inglés o en francés o castellano no significa que seamos más o menos fadistas. Se pueden hacer varias cosas, hay que sumar, no restar. Este disco significa que me siento tan en paz... No quiere decir que todo sea un mar de rosas, pero me siento tan en paz a nivel artístico con lo que he hecho hasta ahora, y de lo que pienso hacer. No hay conflicto ni una lucha, un malvivir, que al principio hubo un poco, porque hubo polémica, y aún hoy, pero lo miro de otra manera. Por lo tanto es un disco de reconciliación, es un regalo, de complicidad, aunque Amália no necesita regalos ni homenajes, soy yo la que necesito hacerle ese regalo, es un disco de gratitud también. Solo hay sentimientos positivos en este disco.

—Ahora está en un momento de gran visibilidad, con voces nuevas muy buenas. Hay que tener cuidado porque todo lo que está de moda tiende a banalizarse también, y hay espectáculos que en lugar de ser de fado lo son de entretenimiento. Hay de todo, pero hay proyectos muy muy buenos. La juventud escucha muchos fados, Portugal ha recuperado el orgullo en este tipo de músicas que durante un tiempo no estuvieron ahí.

—Bueno, hay voces nuevas. Según dicen los especialistas, esta nueva generación no es tan subversiva como lo fuimos Paulo Bragança y yo. Pero esto no es una crítica, tampoco hay porqué ser subversivo en el fado, no es obligatorio estar descubriendo la pólvora cada cinco minutos. A veces es incluso perjudicial.

—Reabrí. Amália lo hizo todo. Por lo menos mantuve las puertas abiertas. Soy de la época de Dulce Pontes, Madredeus... Había más individualidad, ahora hay más como un grupo.