Paco Camarasa y Montse Calvé, en la librería Negra y Criminal de Barcelona, que cerrará el 3 de octubre
Paco Camarasa y Montse Calvé, en la librería Negra y Criminal de Barcelona, que cerrará el 3 de octubre - inés baucells

Lorenzo Silva: «Sigamos así, y acabaremos donde merecemos»

«Se lo cuento a Paco Camarasa: acaban de encargarme la elegía del librero con el que justamente estoy comiendo»

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«Entre otras cosas, somos víctimas del caso que nos han hecho los medios. Una vez, un editor me dijo que debía de irnos de película. Le dije que sí, de película, siempre que fuera de terror. Salir en todas partes hacía que creyeran que nos iba bien cuando en realidad vivíamos siempre al borde del precipicio». Escucho a Paco Camarasa, librero, y con estas palabras, que quedan flotando sobre la mesa que compartimos con otros cómplices de lo negrocriminal en este primer martes de septiembre de 2015, empiezo a pensar en el artículo que acaban de pedirme y que ahora escribo.

Se lo cuento a Paco: acaban de encargarme la elegía del librero con el que justamente estoy comiendo. Me han pasado unas cuantas cosas surrealistas en mi vida, pero ésta es de las buenas. No te preocupes, le digo, intentaré sacaros guapos, a la librería y a ti.

No es muy difícil: en sus trece años de existencia, Negra y Criminal, la librería que Paco Camarasa y Montse Clavé, su socia, convirtieron en referencia y templo del género negro, en Barcelona y más allá, ha sido un baluarte de la cultura y un ejemplo de cómo construir, a partir de ella, ciudad, vida y momentos memorables. Por allí ha pasado lo más granado de la novela negra, nacional y foránea, y cuando digo lo más granado me refiero a los autores, pero también a los lectores, que tenían en la librería una referencia segura para hallar cualquier título del género, vivo o descatalogado. Daba gusto estar allí, y a partir del 3 de octubre, fecha en que cerrará la librería, el pretérito y el recuerdo serán todo lo que nos quede.

Una pena, un desastre. Dice Camarasa que llegaron a la conclusión de que no eran ya necesarios. Desde luego, a esta sociedad que estamos construyendo, indiferente cuando no refractaria o despectiva hacia la cultura, las librerías le sobran (quizá por eso en estos días cierra otra excelente, Sintagma, en El Ejido). Sigamos así, y acabaremos donde merecemos. En medio de una masa iletrada e ignorante, sólo apta para aullar en los estadios.