Javier Ruibal
Javier Ruibal
MÚSICA

La arboleda recuperada de Javier Ruibal

El compositor, guitarrista y cantante andaluz acaba de recibir el premio Nacional de Músicas Actuales

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A Javier Ruibal le han otorgado un premio. Sin ánimo de hacer odiosas comparaciones, en el caso de Ruibal el premio es tan merecido que se antoja poco premio para tanto arte.

Premiar a Ruibal es premiar la poesía andaluza, su luz y sus sabores, el panteísmo enamorado de Juan Manuel Flores, aquel olvidado poeta que escribía las letras a Lole y Manuel. Es premiar al productor inverosímil Ricardo Pachón, que cumple ahora ochenta años. Es premiar a Federico y hacer lo propio con Camarón. Es revivir el aliento poético de Rafel Alberti, marinero en tierra gaditano como Javier. Es premiar a los que nos han dejado: a Krahe, a Morente.

Poeta fronterizo

Las canciones de Ruibal nos transportan a la sombra del patio donde crece el limonero, a la luz irreal que acerca la vista al misterio de las esencias, al aroma de un beso fugitivo y al olán de falda entrevisto desde la reja de una ventana. La realidad se hace más real en sus viñetas de lo cotidiano, historias de deseo, de caricias y de besos. Canciones y más canciones como un manantial de agua fresca en el confluir de calles y culturas. Poeta más fronterizo que mestizo, Ruibal da un salto al vacío con cada verso, como un funambulista de la palabra capaz de hacer que nuestra imaginación sienta vértigo al pensar, por ejemplo, «tu boca como un precipicio».

El arte de Javier Ruibal no es de ahora, ya estaba en su primera colección de canciones, aquel Duna con el que se dio a conocer en 1983 y que muestra un estilo personal, como de artesano o pulidor de lentes. Inquieto, curioso, trabajador incansable de la rima consonante, se percató como pocos de que en la variedad está el gusto, que si ancha es Castilla redondo es el globo, haciendo del diálogo entre culturas una proyección poética hacia la utopía a través de la música, una fusión de sensibilidad, entendimiento y razón. Son sus discos muestra ejemplar de meltin’pot, abriendo la puerta de par en par a las músicas del Caribe, el jazz, el flamenco o las músicas del Magreb o de la India.

Reconocido internacionalmente, World Music distribuyó en el mercado anglosajón un recopilatorio bajo el nombre de Sahara (2003) que lo dio a conocer allende los mares. Su discografía no da tregua, en toda su obra hay hallazgos, aunque en discos como Las damas primero o el más reciente Quédate conmigo el maestro está sembrao. Artista de los que se viene arriba sobre las tablas del escenario, ha dejado también constancia de su arte en vivo, desde aquella Pensión Triana hasta su último directo, 35 aniversario, rodeado de amigos.

Javier Ruibal sigue buscando, en el lenguaje de los pájaros y del agua que corre del caño, materia para nuevas rimas y melodías llenas de luz. En breve nos sorprenderá con nuevos trajes con los que vestir de domingo al pueblo guapeao. Mientras, canciones como «Dama de todos mis días» son, de facto, patrimonio intangible de la Humanidad.