«Salomé con la cabeza del Bautista», de Caravaggio
«Salomé con la cabeza del Bautista», de Caravaggio - PATRIMONIO NACIONAL

El esplendor del Barroco italiano brilla en el Palacio Real

Patrimonio Nacional saca a la luz 72 obras del Seicento que atesora en los Reales Sitios, conventos y alguna embajada. La inauguración del Museo de las Colecciones Reales se retrasa hasta 2018

MadridActualizado:

Desembarco italiano sin precedentes en el verano artístico español. A la muestra que CaixaForum Zaragoza dedica al Settecento con tesoros de los Museos Nacionales de Berlín y la exposición del Museo Thyssen centrada en Caravaggio y su huella en los pintores del Norte, que abrirá sus puertas el próximo día 21, se suma «De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales», que ayer inauguraron los Reyes eméritos, Don Juan Carlos y Doña Sofía. Organizada por Patrimonio Nacional y patrocinada por la Fundación Banco Santander, constituye un ambicioso proyecto de investigación en el que han colaborado una veintena de expertos internacionales y gracias al cual ha visto la luz una docena de nuevas atribuciones.

A través de 72 obras, el Palacio Real de Madrid repasa las distintas escuelas italianas del XVII (boloñesa, romana, napolitana), con sus dos máximos representantes, Caravaggio y Bernini, a la cabeza. Las piezas han salido de muchos de los Reales Sitios de Patrimonio Nacional (Palacio Real, Monasterio del Escorial, Descalzas Reales, Palacios de Riofrío y La Granja...), así como de conventos y lugares como la embajada de España en Lisboa.

Alfredo Pérez de Armiñán, presidente de Patrimonio Nacional, subraya que este proyecto «transmite de manera excepcional la identidad, significado y potencial de esta institución, así como la prioridad de sus actuales líneas de trabajo en el estudio y puesta en valor de sus excepcionales fondos artísticos». El comisario de la exposición, Gonzalo Redín, experto en pintura barroca italiana, identificó hace un par de años «La conversión de Saulo», de Guido Reni, que se exhibe por primera vez y es una de las joyas de la muestra, para la que Patrimonio Nacional ha llevado a cabo un importante trabajo de restauración de las obras.

«La túnica de José», de Velázquez
«La túnica de José», de Velázquez - PATRIMONIO NACIONAL

Restauraciones

Es el caso del espléndido lienzo «Salomé con la cabeza del Bautista», de Caravaggio, que ha recuperado su intensidad dramática original. Su restauración, explica el comisario, ha revelado un sutil fondo verdoso, así como el lugar donde se halla la espada del verdugo. Pintado en su primera estancia en Nápoles en 1607, procede de la colección del conde de Castrillo, virrey de Nápoles. Hombre cercano al conde-duque de Olivares, ocupó importantes cargos en la corte de Felipe IV. Frente a él cuelga el único cuadro pintado por una mujer presente en la exposición: «Judith con la cabeza de Holofernes», de la milanesa Fede Galizia.

También ha recobrado sus colores originales otra de las obras maestras de Patrimonio Nacional, «La túnica de José», que Velázquez pintó tras el regreso de su primer viaje a Italia (1629-1631). Un viaje que marcó su pintura tras descubrir la de artistas como Guercino, Poussin y Caravaggio. Este cuadro formó pareja con «La fragua de Vulcano» en el guardarropa del Palacio del Buen Retiro. El tercer nombre propio de la exposición es Bernini, presente con dos obras. Por un lado, una reproducción de la Fuente de los Cuatro Ríos para la Piazza Navona de Roma. Por otro, un sobrecogedor «Cristo crucificado» en bronce, que luce exento, sin cruz, en una especie de capilla. La sombra se proyecta sobre la pared. Es otro de los momentos cumbre de la exposición. Fue un encargo del duque de Terranova para Felipe IV con destino al Panteón de Reyes del Monasterio del Escorial, aunque incomprensiblemente se sustituyó por una obra de Domenico Guidi. Es la única figura completa de Bernini en metal, autónoma y móvil, que se ha conservado.

«Cristo crucificado», de Bernini, en la exposición
«Cristo crucificado», de Bernini, en la exposición - MAYA BALANYÁ

Regalos diplomáticos

Durante su segundo viaje a Italia (1648-1651), Velázquez encargó al escultor boloñés Alessandro Algardi cuatro parejas de morillos (adornos de chimenea) para el Alcázar de Madrid. El escultor italiano murió antes de concluir el encargo, que terminaron Domenico Guidi y Ercole Ferrata. Se exhiben dos de estos bronces, que proceden del Palacio de Aranjuez y que parecen un homenaje a la reciente final de la Champions, de sabor tan madrileña. Son «Cibeles» y «Neptuno».

Muchas de las piezas expuestas proceden de regalos que hacían gobernantes y prelados de las Cortes italianas a los Monarcas españoles para obtener su favor y protección. Así, el cardenal Francesco Barberini regaló a Felipe IV un espléndido relieve en plata, réplica del altar marmóreo de León I de San Pedro del Vaticano. Se exhibe en una pequeña sala, concebida como un camarín donde se guardaban las joyas más suntuosas, junto a bellísimos crucifijos de Georg Petel y Giambologna; una «Sagrada Familia», de Foggini, en bronce dorado y lapislázuli; un par de óleos sobre alabastro... Otro espacio de la muestra está dedicado a la Colección Maratti. En 1722 se compraron en Roma 124 pinturas a la hija del pintor Carlo Maratti para decorar el Palacio de la Granja que se estaba construyendo para Felipe V e Isabel de Farnesio.

«La lógica», de Andrea Vaccaro
«La lógica», de Andrea Vaccaro - PATRIMONIO NACIONAL

De Virgilio a Cervantes

Además de las obras ya citadas, destacan «Santa Catalina», de Guido Reni; «Lot y sus hijas», de Guercino; «Cristo muerto llorado por dos ángeles», de Charles Le Brun; «La lógica», de Andrea Vaccaro... Especialmente numerosa, la pintura napolitana. No en vano, el virreinato español duró dos siglos. Sobresale un espléndido conjunto de cinco lienzos de José de Ribera, además de obras de Luca Giordano. Del primero, cuadros de gran relevancia como «Jacob y el rebaño de Labán», que se acaba de restaurar, y «San Francisco en la zarza».

En las tres últimas salas cuelga una docena de palas de altar de gran tamaño. Si el comisario ha escogido para abrir la exposición una cita de «La Eneida», de Virgilio, para cerrarla ha optado por unos versos de «Los trabajos de Persiles y Segismunda», de Cervantes: «¡Oh grande, oh poderosa, oh sacrosanta alma ciudad de Roma! A ti me inclino, devoto, humilde y nuevo peregrino, a quien admira ver tanta belleza!»