«Agora by Palladio» (2014)
«Agora by Palladio» (2014) - ANTONIO GIRBÉS

Arquitecturas deconstruidas

El fotógrafo valenciano Antonio Girbés «se refugia» en la abadía de San Giorgio Maggiore de Venecia

NATIVIDAD PULIDO
Enviada especial a VeneciaActualizado:

Venecia está ligada indisolublemente al fotógrafo español Antonio Girbés (Tavernes de la Valldigna, Valencia, 1952). Esta historia de amor comenzó hace 37 años, cuando en un viaje a la ciudad de los canales en 1979 visitó una exposición de fotografía en la Bienal de Arte con obras de Stieglitz, Capa, Cartier-Bresson, Modotti, Weston, Frank, Arbus, Weegee... A aquella revelación se sumó otra: la visita a San Michele, el cementerio más hermoso del mundo. Lo tuvo entonces claro: sería fotógrafo. En estas casi cuatro décadas de trabajo volvió a la Serenisima en varias ocasiones, ya como artista, para mostrar su trabajo. Así, una serie sobre la Ciudad Prohibida de Pekín se exhibió en el Pabellón de Italia de la Bienal de Arquitectura de 2006 y, cinco años más tarde, algunas de sus instantáneas formaron parte de la exposición «Real Venice», comisariada por Elena Ochoa en la abadía benedictina de San Giorgio Maggiore, que ya ha acogido proyectos de artistas como Jaume Plensa (aún se exhibe en la basílica una de sus obras) o Anish Kapoor.

Cerrando el círculo, Girbés regresa a este lugar, una de las obras maestras de Andrea Palladio, que en su interior encierra tesoros como el último cuadro que pintó Tintoretto, «La deposición», que cuelga en la capilla de los muertos, y «San Jorge matando el dragón», de Carpaccio, en la sala del cónclave. Para el refectorio pintó Veronés sus «Bodas de Caná», pero Napoleón se llevó este gigantesco lienzo a Francia y hoy luce en el Louvre frente a «La Gioconda». La Fundación Cini encargó a Factum Arte una réplica clonada. San Giorgio Maggiore es un remanso de paz, serenidad y espiritualidad, situado en la isla del mismo nombre, donde refugiarse de las hordas de turistas que invaden a diario la vecina Plaza de San Marcos.

«Thunderbolt by Fernando Romero» (2013). Detalle
«Thunderbolt by Fernando Romero» (2013). Detalle - ANTONIO GIRBÉS

La ciudad delirante

Precisamente, ha instalado allí Girbés sus «Refugios»: una docena de fotografías de gran formato en las que, «apropiándose» de fragmentos de arquitecturas reales y, tras deconstruirlas en numerosas instantáneas (en ocasiones hasta cien para una sola obra), logra crear arquitecturas propias que van dando forma a esa ciudad delirante en la que lleva enfrascado diez años y que sabe nunca terminará. «Una ciudad –dice Girbés– hecha con muchas ciudades del mundo».

Estos fotomontajes, expuestos en salas oscuras que semejan capillas, van desde la tumba de Agamenón en Micenas, del siglo XIII a. C., a espacios creados por arquitectos a los que homenajea como Félix Candela, Fernando Romero o el propio Palladio, con una imagen tridimensional y un juego de espejos de la abadía de San Giorgio Maggiore donde se exhibe. Es la primera vez, confiesa el artista, que elabora imágenes tridimensionales. Parte de esta serie formó parte de la exposición «Delirious City», que se vio en 2015 en el Almudín de Valencia. Al igual que aquélla, esta muestra está comisariada por Javier Molins, crítico de arte de ABC.

«Chromotherapy by Félix Candela» (2013). Detalle
«Chromotherapy by Félix Candela» (2013). Detalle - ANTONIO GIRBÉS

«Misericordia»

Forma parte de los eventos colaterales de la XV Bienal de Arquitectura de Venecia y se completa con una instalación creada específicamente. «Misericordia» consta de una especie de damero formado por 64 rostros en blanco y negro para los que Antonio Girbés se ha inspirado en algunos de los mejores retratos de la Historia del Arte, firmados por Leonardo, Miguel Ángel, Velázquez, Ingres, Durero, Van Gogh, Munch, Schiele, Klimt... Un camino que conduce a su particular deconstrucción de la iglesia de San Nicolás de Valencia.

Girbés, el ilusionista (le entusiasman los trampantojos); Girbés, el jardinero (durante muchos años le obsesionaron las flores, hasta el punto de querer construir su propio Edén, emulando el jardín de Giverny de Monet); Girbés, el sepulturero (le apasiona visitar los cementerios, donde hay tanta muerte como vida); Girbés, el orfebre del píxel (procede de una familia de joyeros)... Todos estos Girbés «se refugian» tras los muros de San Giorgio Maggiore, a salvo de los turistas que se afanan por subir a una góndola o comprar un souvenir en el Puente de Rialto. Pero ésas son otras Venecias, que diría Paul Morand.