España excava Pompeya con tecnología láser

POR JESÚS GARCÍA CALEROMADRID. Un extraño artilugio aterrizó en el centro de Pompeya a mediados de octubre, procedente de España. Se trata de un escáner-láser, valorado en casi 130.000 euros, que

JESÚS GARCÍA CALERO. MADRID.
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Un extraño artilugio aterrizó en el centro de Pompeya a mediados de octubre, procedente de España. Se trata de un escáner-láser, valorado en casi 130.000 euros, que, montado sobre un trípode, efectuó una veintena de barridos junto a los muros desvencijados de la Casa de la Diana Arcaizante. En cada barrido recogió el eco de 2.000.000 de puntos.

Con el tratamiento informático de toda esa información, los arqueólogos españoles de este ambicioso proyecto pompeyano tienen un modelo exacto, perfectamente ubicado en el espacio gracias a una geostación de tecnología GPS.

Presencia institucional

El proyecto ha sido posible gracias a la coordinación de los esfuerzos de un complejo equipo y el impulso de destacadas instituciones. Dirigido por el académico de Bellas Artes de San Fernando, el arqueólogo José María Luzón, el grupo ha contado con la participación del profesor de la Politécnica Miguel Ángel Alonso Rodríguez -responsable de las mediciones- y las arqueólogas Irene Mañas y Carmen Alonso. Cabe destacar el impulso de la Real Academia de Bellas Artes, el CSIC -con Ricardo Olmos director de la Academia española de Arqueología de Roma, a la cabeza- y la Universidad Complutense

Ciudad romana, pasado español

Los datos ya reunidos revelan, entre otros detalles, la construcción de unas bóvedas previo vaciado de un cubo de terreno, y también que uno de sus muros se apoya en los restos de la antigua muralla pompeyana, puesto que la casa se encuentra en el límite mismo del promontorio primitivo de la malograda ciudad. Además, mediante esta avanzada descripción del yacimiento ya se puede dibujar lo que fue su segundo piso.

La casa se llama, en terminología pompeyana, Insula VII, 6, 3, puesto que está en la séptima región (barrio), la sexta ínsula (manzana) y numerada como casa 3. El alarde tecnológico del equipo español era desconocido hasta hoy en la villa que sepultó el Vesubio en el año 79 d.C. Pero lo importante de esta historia nada tiene que ver con la fría tecnología. Para empezar, porque la Casa de la Diana Arcaizante -que toma su nombre de la hermosa escultura hallada entre sus muros- empezó a excavarse a mediados del siglo XVIII gracias al impulso de un gran arqueólogo: Carlos III. Precisamente en 2009 se conmemorarán los 250 años de la llegada del monarca a España.

La lava empezó a retirarse en 1759 y los hallazgos comenzaron en junio o julio de 1760. La Academia de Francia conserva uno de los primeros planos de Camilo Padoni enviados al monarca español en la época -que los franceses debieron sacar de España en tiempos de Napoleón-, en el que se ve cómo Carlos III ordenó una excavación en diagonal de Pompeya, uniendo el templo de Isis, los teatros y el contorno de la muralla, incluidas las puertas. A veces, excavaban una casa, sacando las pinturas y esculturas, y la volvían a tapar para preservarla, tal era el cuidado de los españoles en aquella obra ejemplar.

Aquí trabajó una media de 50 personas en la época, entre condenados, paisanos y personal del rey. A cargo de las excavaciones estaba un ingeniero, Roque Joaquín de Alcubierre, debido a las galerías que había que excavar y entibar bajo la lava. A pesar del peligro de derrumbes no hubo accidentes mortales en aquellos años. Muchos de los presos acababan con cierta especialización, por no hablar de las gentes de la zona, como ocurrió con un capataz célebre llamado Caruso.

Toda esta historia documental se escribió en español, lengua oficial de Nápoles en la era borbónica. Una de las primeras aportaciones de este trabajo será la correcta interpretación de la documentación de la época, que algunos investigadores internacionales no siempre han reflejado correctamente, debido al problema del idioma.

Carlos III recibía cada dos semanas un correo con la relación de los trabajos arqueológicos, incluso años después de haber abandonado Nápoles. Las largas y detalladas relaciones le permitían dictar las directrices más acertadas en cada momento. Nadie conocía como él las antigüedades que iban saliendo a la luz de yacimientos como el de la Casa de los Papiros, en Herculano. Fruto de aquel correo fue la magna obra Antigüedades de Herculano, publicada años después gracias a su continua dedicación.