Fuerzas de esquiadores finlandeses (los ‘Sissi’) cruzan un pueblo fronterizo para dirigirse al frente de batalla
Fuerzas de esquiadores finlandeses (los ‘Sissi’) cruzan un pueblo fronterizo para dirigirse al frente de batalla - ABC
la larga guerra del siglo XX. Segunda guerra mundial (XIV)

La URSS somete al Este, a pesar de la resistencia de Finlandia

Estonia, Lituania, Letonia, Besarabia y Bucovina fueron anexionadas bajo presión militar

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Tras elreparto de Polonia, y mientras Alemania hacía un alto antes de lanzarse sobre sus enemigos del Oeste, los soviéticos no se demoraron en sus planes de expansión. Su nuevo objetivo lo constituyeron las repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania fueron forzadas a aceptar una serie de pactos de Asistencia Mutua, que implicaban la entrada del Ejército Rojo en esos países para «garantizar su independencia».

Bases de todo tipo, incluyendo navales y aéreas, se establecieron de manera paulatina, mientras los servicios secretos y la diplomacia moscovita alentaban un clima de crisis social y política. Finalmente, con las tres repúblicas virtualmente ocupadas por las fuerzas soviéticas, en junio de 1940, sus gobiernos son sustituidos por gabinetes en manos de los comunistas locales, que de inmediato piden formalmente la «adhesión voluntaria» a la URSS. La anexión se ha consumado.

Invasión de Finlandia

Al tiempo que se llevaba a cabo esta ocupación de las repúblicas bálticas, se incrementaban las presiones soviéticas sobre Finlandia para obligarla a aceptar tanto un reajuste fronterizo, que mermaba una parte sustancial de su territorio, como la firma de un acuerdo similar al impuesto a los países del Báltico, que incluía el establecimiento en su territorio de bases de la Armada y el Ejército Rojo para «garantizar la seguridad de la frontera norte de la URSS».

Entre octubre y noviembre se desarrollaron negociaciones en las que las exigencias del Kremlin cobraron la forma de un verdadero ultimátum. Los finlandeses, sin embargo, se mantuvieron firmes y rechazaron estas injerencias, que suponían no sólo el cercenamiento territorial, sino, de hecho, la pérdida de la soberanía nacional. Ante las negativas de Helsinki, la respuesta fue contundente: la URSS, tras provocar una serie de incidentes fronterizos, iniciaba el 30 de noviembre de 1939 las operaciones militares contra Finlandia.

En lo más duro del invierno ártico, el más gélido que se recordaba, los finlandeses, considerablemente inferiores en número y con material las más de las veces improvisado, pero más adaptados a las condiciones climáticas, con tácticas de combate más flexibles —el motti— y apoyados en sus líneas fortificadas, fueron capaces de frenar la primera acometida soviética, humillando a un Ejército Rojo que se había lanzado a la invasión sin equipo invernal y con planes de combate improvisados, a lo que se sumaba la escasa calidad del cuadro de oficiales, descabezado tras las purgas de Stalin de finales de los años 30. El fiasco fue total.

Independencia

La moral de las tropas soviéticas decayó tras las derrotas de Suomussalmi y Kuhmo, y las terribles bajas iniciales. En la zona del Istmo de Carelia, la única con infraestructuras hábiles para el transito de un ejército moderno, los asaltos del Ejército Rojo, mal coordinados y peor dirigidos, se estrellaron contra las fortificaciones de la Línea Mannerheim y la capacidad finesa para suplir la escasez de medios con ingenio y la reutilización del material capturado al enemigo.

Sin embargo, a pesar de la valerosa resistencia finlandesafrente al gigante soviético, sólo era cuestión de tiempo que el peso de sus recursos se impusiese. Tras una restructuración del mando, se produjo una nueva ofensiva sobre la Línea Mannerheim, con tácticas de bombardeo masivo que recordaban a la Primera Guerra Mundial, apoyada por un uso continuado de medios aéreos, que lograron forzar la resistencia local.

A mediados de febrero de 1940, las posiciones defensivas del Istmo de Carelia fueron rotas, los finlandeses se replegaron en orden hacia una nueva línea, pero la suerte estaba echada. Consciente de lo precario de su situación militar, aconsejado por los gobiernos de los otros países escandinavos, que querían alejar la guerra de sus fronteras, y presionado por la diplomacia alemana, Helsinki pide condiciones de paz. Pero el es-fuerzo no había sido estéril y, aunque las pérdidas en población y territorio fueron enormes, Finlandia había logrado conservar su independencia.

Las reacciones entre los países de la Europa Occidental durante la denominada «Guerra de Invierno» fueron dispares: la Alemania nazi, aunque simpatizaba con la causa finlandesa, se abstuvo de intervenir en un «asunto doméstico» de su único aliado de hecho: la Unión Soviética.

Por su parte, Francia y el Reino Unido bordearon peligrosamente la guerra con la URSS al preparar un cuerpo expedicionario, que —sin un plan operativo aún definido— debía intervenir en apoyo de los finlandeses, tras atravesar territorio noruego. Finalmente, el desenlace del conflicto antes de que las tropas aliadas estuvieran preparadas dio al traste con cualquier intervención, siendo la única ayuda humana recibida por Finlandia la de los voluntarios de otros países escandinavos, y la material, las armas suministradas por un dispar número de países.