Mónico Sánchez Moreno, izquierda, mostrando su aparato portátil de rayos X a un médico
Mónico Sánchez Moreno, izquierda, mostrando su aparato portátil de rayos X a un médico

Mónico Sánchez, el inventor español que se hizo rico en EE.UU. con 60 dólares en el bolsillo

Un joven de Piedrabuena (Ciudad Real) viajó a Estados Unidos en 1904, sin apenas saber inglés. Acabó inventando los aparatos de rayos X portátiles que usó Marie Curie y fundando su propia empresa

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Corría finales de octubre de 1904 cuando un joven español llegó a la ciudad de Nueva York para «hacer las Américas». Había salido apenas unas semanas antes de Cádiz con 60 dólares en el bolsillo.

No sabía hablar inglés, es más, nunca lo había oído, su único contacto con el lenguaje de Shakespeare había sido un curso de correspondencia a distancia. En el impreso de inmigración que le extendieron a su entrada a Estados Unidos garrapateó escuetamente que el objetivo de su viaje era «to study» –estudiar-.

No se puede decir que faltase a la verdad, ya que tan sólo tres años después obtenía el título de ingeniero por la Universidad de Columbia.

El nombre de nuestro protagonista es Mónico Sánchez (1880-1961), había nacido en Piedrabuena (Ciudad Real) y daría mucho que hablar a ambos lados del Atlántico, como ahora veremos.

La proeza de un manchego

Con su título universitario debajo del brazo no le faltaron ofertas, de todas ellas la más interesante fue la que le ofrecieron en la Van Houten and Ten Broeck Company, una empresa relacionada con la instalación de aparatos eléctricos a nivel hospitalario.

Pocos años antes había tenido lugar uno de los avances tecnológicos de mayor impacto en la medicina, el descubrimiento de los rayos X. Se lo debemos a un físico teutón, al profesor Wilhelm Conrad Röntgen.

Los rayos X supusieron una verdadera revolución porque permitían ver el interior de nuestro organismo sin necesidad de tener que abrirlo. El principal problema de este invento eran sus dimensiones, que lo hacían poco manejable para el transporte. Precisamente en este punto fue donde Mónico Sánchez concentró todos sus esfuerzos.

Aplicando algunos de los avances que había conseguido por aquel entonces Nikola Tesla, el ingeniero croata afincado en Estados Unidos, diseñó el primer aparato de rayos X portátil. Un dispositivo que se ensamblaba y se ponía en funcionamiento en apenas cinco minutos.

Su innovación –patentada en 1910– que pesaba diez kilogramos frente a los 400 de los equipos convencionales que había por aquel entonces, consiguió reducir un enorme mueble al tamaño de una sencilla maleta de viaje.

Usado en la Primera Guerra Mundial

La innovación de Mónico tuvo una estupenda acogida dentro de la comunidad científica y encontró su primera aplicación pocos años después, durante la Primera Guerra Mundial. Francia adquirió 70 unidades que se instalaron en ambulancias de campaña.

Aquellos equipos móviles han pasado a la historia con el nombre de «petit curies», ya que fue la científica polaca Marie Curie la que «tuneó» destartaladas camionetas hasta convertirlas en punteros equipos ambulantes de radiología.

Fue una idea sumamente ingeniosa, la de unir un equipo portátil de radiología a un medio de transporte, capaz de generar la energía eléctrica que necesitaba para su funcionamiento a partir de una dinamo.

En enero de 1912 –bajo la presidencia de José Canalejas– Mónico Sánchez cedió de forma gratuita uno de sus equipos de radiología portátil al gobierno español, y con esta donación conseguirá salvar la vida de muchos soldados españoles que se batieron en la Guerra del Rif.

El éxito que cosechó Mónico Sánchez le permitió regresar a su tierra y establecerse en su pueblo natal, en donde construyó su propia empresa: «Laboratorio Eléctrico Sánchez», un enorme edificio de más de 3.500 metros cuadrados. En aquellos momentos este laboratorio se convertía en uno de los principales centros de investigación española.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación