Imagen de una gran erupción solar - NASA

¿Está España preparada para defenderse de una gran tormenta solar?

Seis comunidades -Galicia, Asturias, País Vasco, Aragón, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana- han admitido a trámite iniciativas para la prevención de las amenazas del clima espacial. Solo Extremadura tiene aprobado un plan de acción

MADRIDActualizado:

Hay dos historias que se repiten inevitablemente en los medios de comunicación cuando se refieren a las amenazas del clima espacial. La primera ocurrió en 1989, cuando una eyección de plasma solar dejó inutilizado un transformador en Nueva Jersey (EE.UU.) y 6 millones de personas en la provincia de Quebec (Canadá) se quedaron sin energía eléctrica. La segunda es aún más famosa, se denomina «evento Carrington» y sucedió 130 años antes, en 1859. Una tormenta solar «liquidó» el telégrafo de la época mientras en los cielos aún más al sur de Cuba se vislumbraban auroras boreales.

Desde entonces, no se ha producido ningún fenómeno de esa envergadura. Afortunadamente, porque en un mundo tan dependiente de la tecnología como el actual nos enfrentaríamos al caos. De decenas a cientos de transformadores quedarían destruidos, hundiendo en la oscuridad incluso continentes enteros y afectando a servicios clave como el abastecimiento de agua, la salud y el transporte. Los satélites quedarían desactivados y el GPS perturbado. Según algunos análisis, el mundo necesitaría de cuatro a diez años para recuperarse y el coste económico podría ser billonario.

Es un escenario improbable, sí, pero no imposible. «Existe una probabilidad superior al 1% de que nos alcance una gran tormenta solar, suficiente para tomar medidas al respecto. En comparación, la posibilidad de que se produzca una catástrofe por el impacto de un meteorito es mucho menor», dice Miguel Ángel Rodríguez, presidente de la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial (AEPCCE). Esa probabilidad es la que llevó al ya expresidente de EE.UU., Barack Obama, a dictar recientemente una orden ejecutiva para que el país se prepare ante la llegada de una hipotética tormenta solar. De esta forma, según el texto, el gobierno federal debe tener la capacidad de predecir y detectar un evento extremo de clima espacial inminente, desarrollar los planes y programas necesarios para alertar a los sectores públicos y privados, reducir los riesgos en las infraestructuras críticas y poder responder y recuperarse de sus efectos.

Obama puede parecer innovador, pero lo cierto es que, en España, Extremadura ya se había adelantado. En 2012, la Junta incluía en su plan territorial de protección civil un decálogo de recomendaciones para que los ciudadanos supieran cómo reaccionar ante una tormenta solar severa, basado en los consejos del Observatorio del Clima Espacial, lo que incluye desde hacerse con un buen botiquín a desplazarse al sur, si la cosa se pone muy seria. Un año después, el gobierno extremeño incorporaba normas de prevención en materia de clima espacial.

Ahora, son otras seis comunidades -Galicia, Asturias, País Vasco, Aragón y, las últimas en sumarse, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana-, las que han admitido a trámite iniciativas similares a petición de la AEPCCE. Las iniciativas recuerdan que, además de la Casa Blanca, organismos como el Registro Nacional de Emergencias Civiles del Gobierno británico, la Protección Civil de Alemania, la Comisión Europea o las propias Naciones Unidas han determinado la necesidad de desarrollar nuevas medidas de prevención e información al público ante la existencia de una nueva serie de riesgos tipo HILF («High-Impact Low-Frequenty event» o «black swan»).

Agua en hospitales y un «kit» en casa

En esta línea, los nuevos textos comprenden la protección del funcionamiento continuado de las instituciones de gobierno y emergencia, autonómicas y locales, ante cualquier evento, durante al menos un mes. También proponen mantener reservas estratégicas de alimentos no perecederos -de forma parecida a lo que ha llevado a cabo el gobierno alemán, que tiene 150 almacenes secretos por todo el territorio-, poner en marcha un nuevo sistema regional de alerta rápida, con avisos al móvil de los ciudadanos, o promover que todas las familias que lo deseen puedan contar con un «kit básico» de autoprotección ante emergencias «con completa autonomía para, al menos, dos semanas». Además, apuestan por una semana anual para la preparación ciudadana ante las emergencias, con jornadas, charlas y sesiones informativas en centros educativos y asociaciones vecinales. Otra de las medidas más destacables es la puesta en marcha de reservas suficientes de agua potable y otros suministros esenciales que puedan garantizar el funcionamiento y la autonomía, durante al menos un mes, de hospitales, sanatorios, centros penitenciarios, de la tercera edad, etc.

«Se trata de hacer propuestas razonables, no de alarmar», dice Rodríguez. Ahora habrá que esperar cómo los diferentes gobiernos autonómicos digieren la propuesta parlamentaria. A nivel nacional, también en 2012 fue aprobada una proposición no de ley que solicitaba la remisión a los organismos europeos de actuaciones similares para defendernos de las tormentas solares, pero ahí quedó toda iniciativa respecto a este asunto.

No es para tomárselo a broma. En realidad, algo parecido a un nuevo «evento Carrington» estuvo a punto de pasar en julio de 2012, cuando una rápida sucesión de eyecciones de masa coronal envió disparada una nube de plasma magnetizado al espacio que atravesó la órbita terrestre. Científicos de NASA dicen que si la erupción se hubiera producido tan solo nueve días antes, nos habría golpeado de lleno. ¿Habríamos estado preparados?

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