Reitze, director del laboratorio LIGO, en el momento de anunciar la primera observación directa de ondas gravitacionales
Reitze, director del laboratorio LIGO, en el momento de anunciar la primera observación directa de ondas gravitacionales - AFP

Descubrimiento de ondas gravitacionalesDavid Reitze, director del LIGO: «No me sorprendería que nos concedieran el Nobel»

David Reitze es el director ejecutivo de LIGO, el laboratorio que ha conseguido detectar por primera vez ondas gravitacionales, un hallazgo que abre un nuevo rumbo a la astronomía

CORRESPONSAL EN NUEVA YORK Actualizado: Guardar
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David Reitze vive una avalancha de llamadas y entrevistas desde que fue la cara del que muchos apuntan como el evento científico del año. « Hemos detectado ondas gravitacionales, ¡lo hemos conseguido!», proclamó satisfecho la semana pasada en el anuncio del descubrimiento, seguido en directo desde todo el mundo.

Reitze es el director ejecutivo del Observatorio de Ondas Gravitacionales con Interferómetro de Láser (LIGO, en sus siglas en inglés), un proyecto liderado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y el California Institute of Technology (Caltech) al que se han sumado instituciones y científicos de todo el mundo. Reitze, especialista en óptica, está al frente de LIGO desde 2011, aunque lleva dos décadas involucrado en el proyecto.

La detección de estas ondas confirma una de las partes de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein y muestra la presencia de agujeros negros como los predijo el científico alemán. Reitze compara el descubrimiento con el uso del telescopio de Galileo y predice que, como los descubrimientos del científico italiano, abrirá una nueva era para la astronomía.

-El mundo recibió la noticia como algo histórico. ¿Qué sintió en el anuncio?

Lo preparamos con mucho cuidado, queríamos que fuera algo especial no solo para nosotros, para el equipo, sino para el mundo. Cuando estaba en el estrado no me emocioné, solo quería asegurar que todo iba bien. Más tarde, ese mismo día, me paré a pensar en lo increíble que es este descubrimiento y me sentí abrumado.

-¿Recuerda el momento de la detección de las ondas gravitacionales?

Cuando vi la señal, en la madrugada del 14 de septiembre, solo pude exclamar «wow». Solo podía ser una onda real o una de las inyecciones que metemos en los detectores para estudiar su funcionamiento. Cuando me di cuenta de que era una señal real de onda gravitacional me sentí, cómo decirlo, reivindicado, satisfecho. Llevábamos cuarenta años detrás de esto, los detectores de LIGO habían estado en funcionamiento veinticinco años. Fue maravilloso.

-Con tantos años dedicados a ello, ¿hubo la tentación de tirar la toalla?

En cualquier proyecto así siempre hay dudas. Cuando se intenta algo por primera vez, la mayoría de la gente, yo incluido, admitiría que que hay una posibilidad de que no se consiga, que no hayamos tenido en cuenta algo. De vez en cuando nos preguntábamos «¿y si se nos escapa algo fundamental en el funcionamiento de los detectores y no somos capaces de entender la forma en que las ondas gravitacionales interactúan con ellos?». Había momentos en los que esos pensamientos se venían a la cabeza. Y luego está el tema de la moral. Han sido décadas de investigaciones y nos ha costado veinticinco años conseguir lo que dijimos que íbamos a hacer. Y en ese periodo, la moral del equipo podía sufrir golpes. Pero lo cierto es que la gente se mantuvo entusiasmada con el proyecto y con la tecnología que desarrollamos, y eso nos mantuvo a flote.

-¿Cuáles fueron los principales desafíos del proyecto?

Fueron muchos y en diferentes niveles. Cuando se propuso por primera vez un observatorio a gran escala, a finales de los 80, por parte de Rainer Weiss y Kip Thorne, la idea se acogió muy bien en Caltech y MIT. Tenía grandes riesgos, pero también prometía grandes recompensas. Sin embargo, no tuvo tan buena recepción en la comunidad astronómica. Mucha gente pensaba que era perseguir molinos de viento y ganar apoyos de gente clave del sector costó muchos paneles y conferencias científicas. Incluso cuando ya en los años 90 se consiguió la financiación, hubo otros problemas: de gestión, complicaciones en la construcción del observatorio y los detectores… Los primeros años fueron muy complicados.

-¿Su descubrimiento reivindica todavía más la figura de Albert Einstein?

La respuesta es que sí, sin ninguna duda. Esto es un triunfo rotundo para la teoría de la relatividad y para el propio Einstein. Es increíble que los agujeros negros que hemos detectado, y aunque las mediciones no sean completamente precisas, son exactamente como su teoría los predijo.

En el anuncio dijo que el descubrimiento abre una nueva etapa para la astronomía.

Así es. La detección de las ondas gravitacionales es algo maravilloso. Observar un sistema binario de agujeros negros por primera vez, o escucharlo, que es la terminología que usamos, es todavía más extraordinario. Es la primera vez que se muestra que existe algo así. Y nos abre al futuro. Esa pequeña parte de la teoría de la relatividad de Einstein, casi esotérica, de las ondas gravitacionales, de la que él mismo llegó a dudar y que llegó a creer que era un error, puede convertirse en la base de la nueva astronomía del siglo XXI.

-¿Cuáles son los campos que se abren?

LIGO nos permite medir esas ondas gravitacionales, que provienen de sucesos de gran energía en el universo, como la colisión de agujeros negros o la explosión de estrellas. Permite observarlos de una forma única. Por ejemplo, es la única manera de percibir los agujeros negros. Pero, sobre una supernova, que es algo que se puede ver con un telescopio óptico, quizá nos dé pistas sobre cómo sucede la explosión. Otras partes del espectro de ondas gravitacionales, con las que LIGO no trabaja, pueden dar información sobre el big bang, sobre la creación del universo. Todavía sus resultados no son concluyentes, pero hay estudios que trabajan en ello. El descubrimiento abre nuevas puertas al funcionamiento del cosmos que no se pueden obtener de otra forma.

-¿Qué aplicaciones tiene el descubrimiento para la vida en la tierra?

Es el otro aspecto atractivo de LIGO. Hemos desarrollado los mejores espejos del mundo y algunos de los láseres más estables, además de sistemas de servo control avanzados. Estoy convencido de que su incidencia irá más allá de entender la naturaleza del universo.

¿Se esperaba la repercusión mediática que ha recibido el proyecto?

Ha sido increíble, estoy sorprendido por la incidencia en todo el mundo, y se ha hecho un gran trabajo a la hora de explicar un fenómeno físico tan complicado. Una encuesta británica preguntó al público si la detección de las ondas gravitacionales tendría un impacto significativo en sus vidas. Yo esperaba que el 5% dijera que sí. Para mi sorpresa, fue el 33%. Habla maravillas del descubrimiento, pero también de la forma en la que se comunicó al público.

¿Se le pasa por la cabeza la idea de un premio Nobel?

Claro, no le voy a engañar. Pero no lo hacemos por eso. Lo hacemos porque estamos enamorados de la ciencia y somos curiosos, somos exploradores. Si al comité del Nobel le parece que lo merece, genial. Si no, no hay problema. El descubrimiento por sí mismo es lo que nos causa una profunda satisfacción.

¿Pero lo sorprendería que lo concedieran?

No. Oigo muchas voces que dicen que va a haber premio Nobel.