La australopiteca «Lucy» tenía compañía

Nuestro famoso ancestro coexistió con otras tres especies de protohumanos en África hace entre 3,8 y 3,3 millones de años. Las relaciones entre ellos son un misterio que los científicos tratan de desentrañar

MADRIDActualizado:

«Lucy» es una de nuestras antepasadas más famosas. Esta Australopithecus afarensis ya caminaba erguida hace más de 3 millones de años, lo que la convierte en una pieza clave para entender la evolución humana. Pero los investigadores creen que esa «abuela» o «madre» de la humanidad no estaba sola, sino que había alguien más en su vecindario, ampliando mucho la primera familia prehumana. Una nueva revisión de los restos fósiles hallados en las últimas décadas en Etiopía, Kenia y Chad concluye que cuatro especies de protohumanos coexistieron hace entre 3,8 y 3,3 millones de años durante el Plioceno medio. Un equipo de científicos describe en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) ese pasado evolutivo diverso y plantea nuevas preguntas acerca de los lazos que pudieron establecer entre ellos los primeros ancestros humanos.

Los investigadores del Museo Cleveland de Historia Natural y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania rastrearon el registro fósil, que ilustra cómo múltiples especies se solapan en el tiempo y el espacio geográfico. «Ahora es evidente que varias especies de homínidos tempranos coexistieron durante el tiempo de 'Lucy'», dice el autor principal, Yohannes Haile-Selassie, curador de antropología en el Museo Cleveland. «La cuestión ahora no es si el Australopithecus afarensis, la especie a la que pertenece la famosa 'Lucy', fue el único ancestro humano potencial que vagaba en lo que hoy es la región de Afar, en Etiopía, durante el Plioceno medio, sino cómo estas especies se relacionaban entre sí y explotaban los recursos disponibles».

En 1974, el descubrimiento de «Lucy» fue un hito importante en la paleoantropología, que empujó el registro de los homínidos más atrás de 3 millones de años y demostró la antigüedad de la forma de caminar similar a la humana. Los científicos han sostenido durante mucho tiempo que solo había una especie de prehumanos en esa época, lo que dio lugar a otra nueva especie a través del tiempo de una manera lineal. Esto era lo que parecía que indicaba el registro fósil hasta el final del siglo XX. El descubrimiento del Australopithecus bahrelghazali del Chad en 1995 y del Kenyanthropus platyops de Kenia en 2001 desafiaron esa vieja idea. Sin embargo, estas dos especies no fueron ampliamente aceptadas, consideradas como variantes geográficas de la de «Lucy».

El hallazgo del pie de Burtele anunciado por Haile Selassie en 2012 fue la primera evidencia concluyente de que otra especie antecesora de los primeros humanos vivió junto a los afarensis. En 2015, los fósiles recuperados en el área Woranso-Mille de la región de Afar, fueron asignados a la nueva especie Australopithecus deyiremeda. Sin embargo, el pie parcial de Burtele no se incluyó en esta especie.

«El área de estudio paleontológico Woranso-Mille en la región de Afar revela que hubo al menos dos, si no tres, especies humanas primitivas que vivieron al mismo tiempo y en estrecha proximidad geográfica», afirma Haile-Selassie. «Este sitio clave ha aportado evidencias nuevas e inesperadas que indican que hubo múltiples especies con diferentes adaptaciones locomotoras y dietéticas Durante casi cuatro décadas, el Australopithecus afarensis era la única especie conocida, pero los descubrimientos recientes están abriendo una nueva ventana a nuestro pasado evolutivo».

Anatomía desconocida

Denise Su, curadora de la paleobotánica y paleoecología en el Museum Cleveland, reconstruye ecosistemas antiguos. «Estos nuevos descubrimientos de fósiles de Woranso-Mille permiten que se manifiesten vías de investigación que no hemos considerado antes», dice. «¿Cómo múltiples especies estrechamente relacionadas lograban coexistir en un área relativamente pequeña? ¿Cómo se repartían los recursos disponibles? Estos nuevos descubrimientos siguen ampliando nuestro conocimiento y, al mismo tiempo, plantean más preguntas sobre los orígenes humanos».

Los paleoantropólogos se enfrentan a dificultades como muestras de pequeño tamaño, muestras prehistóricas mal conservadas y la falta de evidencia de la diversidad ecológica. «Continuamos buscando más fósiles», dice Stephanie Melillo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania. «Sabemos mucho sobre el esqueleto de A. afarensis, pero para las otras especies del Plioceno medio, la mayor parte de la anatomía sigue siendo desconocida. En última instancia, muestras más grandes serán la clave para esclarecer qué especies estaban presentes y cómo se relacionan. Esto hace que todos los descubrimientos fósiles aún más emocionantes».