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Los grandes gazapos y aciertos de «Marte»

La película sigue los pasos de las investigaciones de la NASA, pero también se toma algunas licencias. Pedro Duque y científicos del CAB lo explican

L.cabanelas/g. lópez/gráfico: l. cano
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Marte puede ser un lugar realmente inhóspito. Si un astronauta aterrizase allí, o mejor dicho amartizase, enseguida se llevaría varias sorpresas desagradables: junto a unas temperaturas extremadamente bajas, tendría que soportar una peligrosa radiación. Además, en un planeta tan helado y reseco más extremo que cualquier desierto terrestre, lo tendría muy difícil para conseguir agua o alimentos, así que dependería de lo que llevara consigo.

Con esto en mente, la NASA prepara su primera misión tripulada para el año 2030. Mientras esto ocurre, Ridley Scott ha apostado con «Marte (The Martian)» por reflejar los primeros pasos de los astronautas en el planeta rojo. Sacudidos por las dificultades, los participantes en la misión pronto tienen que recurrir a su ingenio y a la ciencia más avanzada para sobrevivir. Aunque está claro que cualquier película debe tomarse algunas licencias para ser entretenida, ¿se puede decir que Scott ha reflejado un panorama realista? ¿Es «Marte (The Martian)» más fiel a la ciencia o a la ficción cinematográfica?

Aciertos científicos:

-Los científicos tienen sentido del humor: A pesar de pertenecer al grupo de las mentes más privilegiadas, los científicos de la película bromean, se lanzan «pullas» y tienen aficiones un tanto peculiares. En este sentido, el astronauta español Pedro Duque destacó la fidelidad de «Marte» para reflejar la relación entre los científicos y el centro de control de la NASA. «Es necesario que en cada misión haya un 30% de astronautas con sentido del humor», añadió. Esto parece muy importante si hay que estar durante varios años confinado en una nave espacial.

-Lanzar un cohete espacial es muy difícil: en alguna película es frecuente que los astronautas suban y bajen de los cohetes como quien se apea del coche para comprarse un paquete de tabaco. Sin embargo, las naves que despegan de un planeta deben alcanzar enormes velocidades para escapar de la gravedad, y en el proceso todo tiene que estar perfectamente engrasado, de forma que el cohete no pierda el equilibrio, se desvíe y acabe desintegrado. En la película de Ridley Scott, esto se refleja bien en varias secuencias. Cientos de personas, millones de dólares y de litros de combustible actúan al unísono en cada lanzamiento.

-Suministro de agua y oxígeno: puede parecer sencillo, pero el suministro de oxígeno y agua es un reto tecnológico de primer orden. En la Estación Espacial Internacional el WRS («Water Recovery System») la orina, el agua del lavabo y de lavarse los dientes se recicla a través de un sistema de centrifugación, reciclado y destilación. Actualmente, varios organismos trabajan en sistemas de soporte vital (en España los investigadores trabajan en MELISSA) como los que se ven en la película.

-El espacio es peligroso: no basta con colocarse una «pecera» y un traje blanco para protegerse. El espacio, es un ambiente hostil extremadamente frío, donde el calor del sol provoca drásticos contrastes de temperatura y donde la radiación puede ser letal. En medio de ese vacío asesino, cualquier pequeño cuerpo puede alcanzar enormes velocidades y convertirse en un cuerpo tan letal como una bala. Sin llegar al nivel de detalle de «Gravity», la cinta de Ridley Scott también acierta al reproducir el peligro del espacio. Para Pedro Duque, uno de los detalles más logrados es el de la escena en la que «un astronauta flota entre tuercas y tornillos».

-Marte es inhóspito: cualquier desierto terreste es un oasis en comparación con Marte. Para Javier Gómez Elvira, responsable de la estación meteorológica REMS, a bordo de la sonda espacial «Curiosity», el planeta rojo es como Scott lo imagina: «seco, rocosa, con dunas y puestas de sol similares a las de la película».

-Mejor en rover que a pie: en «Marte» los astronautas montan en rover para moverse por las dunas y colinas marcianas. Actualmente la NASA trabaja en un artefacto no muy distinto. Se trata del MMSEV (de «Multi-Mission Space Exploration Vehicle»), que en teoría tendrá que ser capaz de llevar a cabo misiones en asteroides, en Marte y en lunas. El sistema deberá tener buen alcance, un fácil acceso y protección contra la radiación. Los modelos más avanzados tienen seis ruedas pivotantes. Cuando una se atasca, el MMSEV levanta la rueda que da problemas y sigue avanzando.

-Que no se gasten las pilas en Marte: cuando se está a millones de kilómetros de la gasolinera o ferretería más cercana, la energía es un auténtico problema. En cuanto a la propulsión y al combustible, la nave que llega a Marte en la película va propulsada por un motor de iones: este sistema carga eléctricamente un gas como el xenon o el argón y los arroja a altas velocidades, con lo que nave puede alcanzar enormes velocidades. Y no es ciencia ficción, sino el sistema que usó la nave Dawn para ir a Ceres y al asteroide Vesta. Aparte, los paneles solares, como los vistos en la película, pueden obtener energía eléctrica. Por último, los RTGs (Radioisotope Thermoelectric Generators) son como baterías espaciales capaz de suministrar energía y calor para permitir que los sistemas funcionen en mitad del helado espacio.

-Patatas en Marte: el proceso de síntesis de agua que se ve en la película es técnicamente posible. Según explica en « The Guardian» Scott Hubbard, profesor de astronomía y aeronáutica de la Universidad de Standford, el proceso de cultivo de las patatas está bien planteado. Sin embargo aún hay muchos escollos por resolver: es difícil producir cantidades suficientes de comida para alimentar a personas y que resulte rentable energéticamente. Lo que sí está claro es que para ir a Marte es necesario producir comida de forma constante. En el mundo real, lo más parecido es el experimeto «Veggie», que permitió crecer apenas seis lechugas (con un coste de miles de euros por cada una de ellas) en condiciones de ingravidez a bordo de la Estación Espacial Internacional.

Gazapos científicos

-Trajes de diseño, poco eficaces: Marte es un lugar bombardeado por la radiación ultravioleta más peligrosa, que en la Tierra es filtrada por la capa de ozono. Además, llegan otras radiaciones más energéticas, como las ionizantes, y que también tienen efectos perjudiciales sobre el organismo, hasta el punto de que la muerte de una persona sin protección llegaría en cuestión de minutos. Por ello, hace falta un traje por lo menos similar al de los astronautas en la Estación Espacial Internacional (ISS), capaz de proteger frente a estos agentes.

-El «Twister» marciano, imposible: en la película una tormenta marciana adquiere fuerza suficiente como para hacer tambalear a una nave espacial. Esto, aunque espectacular, es poco ajustado: «La tormenta de arena, tal como se ve, es imposible. En Marte la atmósfera es tan fina que, unos vientos que en la Tierra tirarían a un humano al suelo, en Marte no son más que una ligera brisa», comentó Javier Gómez Elvira. Por ello, las tormentas de arena pueden bloquear la visión y obstruir los instrumentos, pero no pueden en teoría dañar las estructuras como ocurre en la película.

-Una «suite» en una nave espacial: Pedro Duque resumió su opinión acerca de la gran nave espacial que lleva a los astronautas a Marte: «Es demasiado lujosa». Con gimnasios, salas de estar, amplios espacios y una sección capaz de rotar para generar una falsa gravedad, la nave de la película es distinta de los confinados espacios de la Estación Espacial Internacional.

-El cohete descapotable: aunque no hay estudios al respecto, parece difícil pensar que una nave construida a modo de invernadero en Almería pueda soportar la velocidad y la fricción de un cohete que deje Marte atrás. De hecho, por el momento la NASA no sabe qué haría falta para poder aterrizar y luego despegar con éxito una nave. La gravedad marciana, casi la tercera parte que la terrestre pero el doble que la lunar, dificultaría el aterrizaje de un artilugio provisto del peso necesario para después poder despegar.