El volcán de Fuego entró en erupción el 1 de julio de 2015 por quinta vez, al sur de la Ciudad de Guatemala
El volcán de Fuego entró en erupción el 1 de julio de 2015 por quinta vez, al sur de la Ciudad de Guatemala - efe

Las erupciones volcánicas que cambiaron la historia

Grandes erupciones provocaron los episodios más fríos de los últimos 2.500 años y están detrás de pérdidas de cosechas, hambrunas y epidemias

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Es bien conocido que las grandes erupciones volcánicas contribuyen a la variabilidad del clima. Sin embargo, cuánto han contribuido nunca ha resultado fácil de medir debido a inconsistencias tanto de los datos atmosféricos históricos observados en los testigos de hielo como en las variaciones de temperatura que se desprenden del análisis de los anillos de los árboles. Ahora, un nuevo estudio dirigido por científicos del Instituto de Investigación del Desierto (DRI), en Nevada (Estados Unidos), y en el que han colaborado instituciones internacionales, resuelve estos desfases temporales a partir de la reconstrucción de cerca de 300 erupciones volcánicas acaecidas durante los últimos 2.500 años. La nueva cronología de las erupciones volcánicas revela que tales eventos tuvieron un impacto significativo y repetido en el clima mundial.

El estudio, que se publica en la revista «Nature», muestra que 15 de los 16 veranos más fríos registrados entre el 500 a.C. y el 1000 d.C. fueron precedidos de grandes erupciones volcánicas –los cuatro veranos más fríos se dieron justo después de las cuatro mayores erupciones volcánicas–. Esta nueva reconstrucción se ha hecho a partir de más de 20 núcleos de hielo individuales extraídos de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida. Estos registros ofrecen una historia año tras año de los niveles de sulfato atmosféricos a través del tiempo, aunque también se hicieron análisis químicos adicionales.

«Con estos nuevos registros hemos podido demostrar que las grandes erupciones volcánicas en los trópicos y en las latitudes altas fueron los conductores dominantes de la variabilidad del clima, responsables de numerosos y extensos periodos de enfriamiento en verano durante los últimos 2.500 años», explica Michael Sigl, profesor de investigación en el DRI y autor principal del estudio. «Estas temperaturas más bajas fueron causadas por las grandes cantidades de partículas de sulfato volcánicas inyectadas en la atmósfera superior, que blindaron la superficie de la Tierra de la radiación solar entrante», explica gráficamente.

Nueva escala de tiempo

Para llegar a una escala de tiempo más precisa se utilizó un algoritmo estadístico que, junto al análisis químico de los núcleos de hielo, permitió la mejor datación. Algunas pruebas y marcas que se encontraron tanto en los testigos de hielo como en los anillos de los árboles permitieron a los investigadores acotar y verificar la validez de su nueva escala temporal. El trabajo ha sido arduo y para su éxito ha sido fundamental el enfoque multidisciplinar. En total, han participado 24 científicos de 18 universidades e institutos de investigación en los Estados Unidos, Reino Unido, Suiza, Alemania, Dinamarca y Suecia, incluyendo a especialistas en el Sol, el espacio, el clima o la geología, así como historiadores.

La anterior escala temporal contenía muchas discrepancias, sobre todo a partir de mediados de los años 1200, que impidió a los científicos la conexión de las erupciones volcánicas con muchos de los eventos más importantes que han afectado a los humanos, como el hambre y la peste. Y es que, a lo largo de la historia humana, los efectos sostenidos de enfriamiento volcánico sobre el clima han provocado la pérdida de cosechas y hambrunas. Estos eventos también pueden haber contribuido a pandemias y al deterioro social en las comunidades agrícolas.

En este sentido, Francis Ludlow, investigador en el Instituto Yale de Clima y Energía y coautor del estudio, explica que la nueva línea de tiempo ayuda a resolver el origen de una de las crisis climáticas más dramáticas en la historia reciente de la Humanidad: un periodo de veranos inusualmente fríos desde el año 536 hasta el 550 en el Hemisferio norte, que probablemente contribuyó a la pérdida de cosechas, hambrunas y la peste. «Antes de la nueva cronología, no podían asociarse erupciones que podrían haber causado de manera convincente un período tan prolongado de perturbación climática y social, pero con la nueva datación podemos identificar una erupción mayor en las latitudes altas del Hemisferio norte en el año 536, seguida por otra gran erupción en los trópicos en el año 540. Fue este doble golpe el que llevó a tales impactos tan severos y prolongados». Este patrón persistió durante casi quince años, con la pérdida de cosechas y hambrunas posteriores, y es probable que contribuyera a la aparición de la plaga de Justiniano que se extendió por todo el Imperio Romano de Oriente entre el 541 y el 543 y que, en última instancia, diezmó la población humana en Eurasia.

Esta reconciliación entre los registros de testigos de hielo y otros registros de los cambios ambientales del pasado ayudará a definir el papel que las grandes perturbaciones climáticas pueden haber tenido en el auge y caída de las civilizaciones a lo largo de la historia humana.