Andrea Accomazzo, uno de los jefes de la misión, no puede ocultar su emoción en el centro de control en Darmstadt
Andrea Accomazzo, uno de los jefes de la misión, no puede ocultar su emoción en el centro de control en Darmstadt - reuters

Europa hace historia en el espacio con la misión Rosetta

Un accidentado descenso de siete horas culmina con el primer aterrizaje de una nave sobre un cometa

josé manuel nieves
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El sueño se ha cumplido. El módulo de aterrizaje Philae ha conseguido posarse sobre la tortuosa superficie del cometa 67P/ Churyumov-Gerasimenko. Es el punto culminante de una misión, Rosetta, que se lanzó al espacio hace justo una década y que ha logrado por primera vez en la historia alcanzar un cometa, ponerse a su paso y depositar en él un módulo científico para estudiarlo en detalle. Una hazaña espacial lograda, en esta ocasión, por Europa. La sonda Rosetta acompañará al cometa durante el próximo año y medio y el módulo de aterrizaje, si consigue recargar sus baterías con los paneles solares de los que está recubierto, enviará valiosos datos científicos durante los próximos tres meses.

Una serie de fallos técnicos, sin embargo, han motivado que el anclaje del módulo al cometa no sea todo lo firme que estaba previsto. Dos de los tres sistemas existentes, en efecto (el motor de rebote y los dos arpones de anclaje) no se activaron. En estos momentos, Philae está sujeto a la superficie del cometa por los pernos que atornillaron sus patas a la superficie nada más tocar el suelo.

La expectación era máxima desde primeras horas de la mañana. Tanto en el centro de control de Darmstadt, en Alemania, como en todas las estaciones de seguimiento de la Agencia Espacial Europea que, en directo, siguieron el minuto a minuto de una misión histórica: el primer aterrizaje de la historia sobre la superficie de un cometa.

La maniobra decisiva, la del aterrizaje, duró cerca de siete horas. Siete horas de caída libre y a una velocidad de un metro por segundo. A las 09:35 de la mañana, hora española, el módulo Philae fue liberado por la nave Rosetta, para comenzar un largo descenso hasta la superficie del 67/P Churyumov-Gerasimenko. El contacto con el cometa se produjo a las 16:38, casi exactamente siete horas después de que Philae fuera liberado. Y la noticia de que la misión había sido un éxito llegó a la Tierra 28 minutos más tarde.

Dos fallos peligrosos

Todos los dedos estaban cruzados, ya que durante la mañana del martes hubo un problema con el sistema de descenso. De hecho, no fue posible activar el motor de empuje que proporciona el impulso necesario para evitar un rebote en el momento de toma de contacto con el cometa. El riesgo, pues, era que al tocar suelo el módulo Philae rebotara y volviera a elevarse sin control, perdiéndose para siempre en el espacio.

Sin ese sistema, el éxito dependía por completo de los arpones con los que el módulo Philae se aferraría a la superficie nada más tocarla y de los tornillos que, automáticamente, fijarían al suelo cada una de las patas del artefacto. Pero los arpones tampoco funcionaron.

El punto elegido por la Agencia Espacial Europea para el aterrizaje de Philae, bautizado como Agilkia, tiene un kilómetro cuadrado y está situado en la «cabeza» de 67P Churyumov-Gerasimenko y cerca de una depresión llena de rocas -algunas del tamaño de un edificio- y de pronunciadas pendientes, fosas profundas y grandes acantilados. Un terreno muy poco apropiado para aterrizar pero, con todo, una de las áreas menos accidentadas del cometa.

¿Cuántos cafés ha tomado hoy? Le preguntaban en el centro de control de misión al director de vuelo. «Aún no los suficientes», declaraba cuando aún faltaban cincuenta minutos para saber si todo había salido bien.

Nervios a flor de piel

Durante la última media hora, los nervios estaban realmente a flor de piel. A las 16:38, Philae habría tenido que tomar contacto con el cometa, pero la enorme distancia que debía recorrer la señal de confirmación hasta la Tierra (más de 500 millones de km.), obligaba a esperar 28 minutos más para saberlo. Un tiempo demasiado largo para los nervios de cualquiera, especialmente después de haber esperado diez años para llegar justo a ese momento.

Los rostros de los responsables de la misión lo decían todo. Rostros sudorosos, miradas perdidas, comentarios en voz baja, dedos tamborileando sobre las consolas, susurros, alguna risa histérica... La espera se hacia inaguantable. Las noticias más recientes sobre el estado de la misión tienen media hora. Y en ese tiempo, podría haber sucedido cualquier cosa...

Pero, por fin, la noticia llegó. Philae se había posado con éxito. La salva de vítores y aplausos, sin embargo, se vio interrumpida bruscamente. Los directores de misión, con gesto serio y preocupado, volvían sobre sus instrumentos con caras que reflejaban una honda preocupación. ¿Habría sucedido algo? Quizá el módulo resultó dañado de alguna forma? La tensión duró apenas un minuto. Los ingenieros, sencillamente, querían estar del todo seguros de que el anclaje había sido correcto. No lo había sido. Los arpones tampoco funcionaron. A pesar de eso, Philae quedaba fijada a la superficie por los pernos que, automáticamente, atornillaron las tres patas al suelo nada más tomar contacto.

¿Resistirá el anclaje?

La duda, ahora, es saber si ese anclaje resistirá durante toda la misión. Al cierre de esta edición, los técnicos seguían intentando disparar los arpones de forma manual.

A pesar del inconveniente, un pulgar hacia arriba y una amplia sonrisa despejaron las sombras. Philae estaba sujeto a la superficie del cometa. Los tornillos de sus patas habían penetrado varios centímetros en el duro suelo del cometa y sujetaban el módulo de cien kilogramos de peso. La misión había sido un éxito.

Apenas unos minutos después, llegaron las primeras fotos. Y con ellas el primer testimonio directo de la hazaña recién lograda. Philae comenzará inmediatamente a perforar y a analizar la composición de la superficie del cometa con su batería de instrumentos científicos. Lo hará sin problemas durante las próximas 64 horas, el tiempo que durarán sus baterías.

Si los paneles solares de los que está recubierto consiguen recargarlo, Philae podría seguir enviando datos durante cerca de tres meses. Todo depende de si, en la posición en la que se encuentra, recibe la suficiente cantidad de rayos solares. Si no, y como ya dijo el director de la misión Rosetta, cada minuto que vaya más allá de esas 64 horas será un regalo para la Ciencia.

Durante los próximos meses ya solo queda llevar a cabo la batería de experimentos y mediciones científicas previstas, destinadas a desentrañar los secretos mejor guardados por el cometa. El secreto del agua de la Tierra y, quizá, también el del origen de la vida.