«Amy Martin» también estuvo contratada como investigadora temporal del CSIC
Irene Zoe Alameda, flanqueada por Lola Beccaria y Lucía Extebarría, en los «Martes literarios» de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en agosto de 2006 - ABC

«Amy Martin» también estuvo contratada como investigadora temporal del CSIC

Irene Zoe Alameda, autora de los artículos de la Fundación Ideas pagados a 3.000 euros, estuvo contratada entre 2006 y 2009 para el Centro de Ciencias Humanas y Sociales

MANUEL TRILLO
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Irene Zoe Alameda, esposa del destituido director de la Fundación Ideas, Carlos Mulas, y la persona que firmaba como «Amy Martin» en la web de esta entidad vinculada al PSOE, estuvo contratada como investigadora temporal del CSIC entre los años 2006 y 2009. Según han confirmado a ABC fuentes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, obtuvo, a través del desaparecido Itinerario Integrado de Inserción Profesional (conocidas como I3P), una plaza para investigar en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales de Madrid, como parte de un grupo de cultura y literatura.

Los contratos del I3P sirvieron para que se incorporaran temporalmente al CSIC cientos de personas ajenas a la plantilla del Consejo. Hoy día ya no existe ese Itinerario, cuyo papel desempeña ahora el programa JAE (Junta para la Ampliación de Estudios). En el momento en que Irene Zoe Alameda fue contratada era presidente Carlos Martínez.

Precisamente, en el diario El País se publicó en agosto de 2007 una entrevista al alimón con Alameda y Martínez, en la que la primera encarnaba la literatura y el segundo la ciencia. En esa conversación, afirmaba: «En lo que me dedico lo que observo alrededor es una tremenda endogamia... Casi todos los investigadores que estudiamos fuera terminamos volviéndonos fuera. Todavía los que evalúan siguen valorando a la persona de primera mano y se reparten los cupos de entrada. Ése es un problema muy grave y es el mensaje que se da desde la universidad. Las universidades no fomentan la investigación; la carrera docente es bestial. Ningún chaval que vea a sus profesores va a querer imitarlos porque están todos quemados...». Entre sus reflexiones, también señalaba: «Nos inventamos a nosotros mismos cada vez que hablamos».

Reflexión sobre la «revolución tecnológica»

Dos meses más tarde, en ese mismo diario, se publicaba una tribuna firmada por ella, donde figuraba como «escritora e investigadora del CSIC». En el artículo, titulado «La literatura de la "era Gates"», Alameda reflexionaba sobre «la impronta de la revolución tecnológica». Afirmaba: «La escritura ha dejado de ser el reflejo del pensamiento, para pasar a ser el eco de un molde narrativo previo al que cada pasaje puede aportar una variación o con el que se puede contraponer. El receptor de un texto leía desde un pensamiento en blanco poblado de credulidad e interés; ahora lee escaneando datos, sabedor de que un gran porcentaje de los mismos será redundante».

«En lo que me dedico lo que observo alrededor es una tremenda endogamia»

También opinaba que «las posibilidades de innovación para los escritores dispuestos a arriesgar son infinitas» y se refería a «nuevas prácticas» como «la poliglosia, que es la mezcla de discursos (de estilos, de ideologías, de jergas extraliterarias: científicas, jurídicas, periodísticas, musicales, publicitarias...); la inclusión de información visual (dibujos, fotos, gráficos, fórmulas matemáticas, iconos...); la confusión de proceso y producto, que valida composiciones en construcción desde una filosofía propia del ensayo o del diario; los juegos tipográficos que delatan una consciencia de la dimensión de la página impresa como imagen; la copia del lenguaje audiovisual (edición cinematográfica, simultaneidad, multiperspectivismo...); el trasvase de géneros desde las artes plásticas, etcétera».

Según su currículum, Irene Zoe Alameda se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y continuó sus estudios en Alemania y en los Estados Unidos, donde obtuvo un doctorado en Literatura Comparada por la Universidad de Columbia con su tesis sobre la novela neopicaresca en la Europa de la Postguerra.

En las últimas semanas, ha saltado a primera línea de la actualidad por ser la autora de los artículos firmados como «Amy Martin» en la Fundación Ideas, por los que supuestamente cobraba 3.000 euros.