El paciente «perdido» del yerno de Franco
Cristóbal Martínez Bordiú, junto a Criss Barnard, durante el trasplante de corazón en Madrid - abc
45 años del primer trasplante de corazón

El paciente «perdido» del yerno de Franco

Hace hoy 45 años, un fontanero gallego se prestó para ser el primer trasplantado de corazón de la historia de España, en un experimento llevado a cabo por el marqués de Villaverde, pero murió 27 horas después

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«Considero que, desde el punto de vista médico, el resultado puede ser considerado un éxito», manifestaba a ABC el doctor Cristóbal Martínez Bordiú el 18 de septiembre de 1968, inmediatamente después de haber realizado el primer trasplante de corazón de la historia de España. Y un día después de aquel experimento, tras la muerte del paciente, se justificaba: «El paciente era un caso perdido».

Al influyente cardiólogo y «yernísimo» de Franco, casado con la única hija del dictador, María del Carmen, se le acababa de escapar de las manos un paciente con el que el Régimen podría haberse apuntado un tanto a los ojos del mundo entero, tan solo nueve meses después de que el doctor sudafricano Christiaan Barnard lo lograse por primera vez en Ciudad del Cabo.

Pero el paciente, un fontanero gallego de 41 años llamado Juan Alfonso Rodríguez Grille, que incluso llegó a dejar una nota a su mujer previendo su muerte, falleció 27 horas después a causa de «los graves trastornos metabólicos consecutivos a su insuficiencia renal aguda», decía la nota que el hospital La Paz de Madrid entregó a las decenas de periodistas congregados en el centro.

El cirujano «estrella», a la par marqués de Villaverde, aparecía poco después claramente abatido: «Estoy desolado. Lo siento muchísimo, pero se ha hecho todo lo que ha podido hacerse. Yo tenía todas las esperanzas, con las reservas propias de las complicaciones extra-cardiacas. Todo ha ido bien en la operación. El paciente era un caso perdido».

No querían la operación

En un principio, ni la familia de Rodriguez Grille ni la de la donante, una vecina de Meco (Madrid) que había llegado en coma al hospital tras ser atropellada por un camión, querían aquella operación. Aunque, finalmente, terminaron cediendo. «Han hecho ustedes por España más de lo que piensan», llegó a decirles el director del hospital tras comunicarles su muerte, a modo de condolencia, como si aquel sacrificio hubiera sido algo así como un servicio a la patria. Y mientras, el propio marqués de Villaverde aseguraba en ABC que aquella primera operación de trasplante había abierto «un camino a la cirugía cardiaca lleno de posibilidades».

La hija del trasplantado, que en aquel momento tenía tres meses, no parece estar muy de acuerdo con aquel sacrificio, ya que, en 2011, casi 40 años después de la operación, anunció que iba a demandar a la familia de Franco porque decía que su padre no estaba realmente preparado para el trasplante, pero que se realizó, según ella, para dar prestigio internacional a España. Y, además, porque el marqués de Villaverde prometió a su madre que aseguraría el futuro de la hija y pagaría sus estudios, cosa que, de ser cierta, jamás ocurrió.

Aquel desenlace médico no mermó el prestigio de Martínez Bordiú como cardiólogo y cirujano, pues la propaganda franquista le siguió presentando como a uno de los mejores especialistas del mundo. Sin embargo, su propio hijo Francis reconoció años después de la muerte de su padre que «quizá no era el mejor médico de España». Y, además, la malintencionada rumorología popular de la época ya comentaba que el yerno de Franco «había matado más en el hospital de La Paz que su suegro en la Guerra Civil».

Cuando fue preguntado sobre si realizaría próximamente otro trasplante, el marqués de Villaverde, que años después sería uno de los portadores del féretro del Caudillo, declaró: «En el mismo instante en que se vuelvan a presentar estas circunstancias que ahora han ocurrido, volveré a hacer un trasplante». Sin embargo, el primer trasplante realmente efectivo en España no sería realizado hasta 1984, más de 16 años después, por el doctor Josep María Caralps. El paciente, entonces, sobrevivió 9 meses.