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Yalta, la ciudad de la felicidad

Aquí veraneaban zares rusos, dirigentes soviéticos y grandes escritores

Día 21/08/2012 - 11.08h

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A la soleada Yalta, famosa porque fue sede de la conferencia que reunió a Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Josif Stalin al final de la II Guerra Mundial, se la conoció siempre con el nombre de «Ciudad de la felicidad», y también como «Perla de Crimea». Allí veraneaban zares rusos, dirigentes soviéticos y grandes escritores. Se encuentra al sur de la península de Crimea (Ucrania) y tiene un clima típicamente mediterráneo, pero menos húmedo.

La concentración de sal en el mar es inferior en comparación con otras costas del sur de Europa y su latitud es casi la misma que la de San Sebastián, aunque llueve menos y el agua es más cálida. La cadena montañosa que rodea Yalta por el norte, formando un anfiteatro, la protege de los vientos fríos procedentes de Rusia.

Lo que se llama la «Yalta grande» incluye una franja de costa de unos 70 kilómetros que va desde Foros, donde descansaba Mijaíl Gorbachov en agosto de 1991 cuando le dieron el golpe de Estado, hasta la localidad de Krasnokámenka. Las saludables propiedades de su excelente clima subtropical fueron descubiertas por los médicos rusos en el siglo XIX.

El príncipe Vorontsov, cuyo palacio es una de las actuales atracciones turísticas de Crimea y a quien el Zar nombró gobernador de la región, recibió en 1823 el encargo de convertir una aldea como era Yalta en una ciudad-balneario para la familia real y el resto de la nobleza. La ciudad, rodeada de bosques naturales, se llenó además de parques.

La mayor parte de los palacetes y mansiones construidas entonces se pueden ver hoy día. La de Vorontsov fue diseñada por el arquitecto británico Edward Blore, creador de Buckingham Palace. El insigne novelista ruso Lev Tolstói estuvo en Yalta y se sometió a terapia en sus sanatorios. El escritor estadounidense Mark Twain visitó la ciudad siendo joven. Sin embargo, el que más tiempo pasó allí fue Antón Chéjov. Su casa se ha convertido ahora en museo. En Crimea escribió varias de sus obras, entre ellas «Las tres hermanas» y «El jardín de los cerezos».

La acción de «La dama del perrito» discurre precisamente en Yalta. Los hoteles de alto postín empezaron a erigirse a finales del siglo XIX. El «Frantsia» (Francia), uno de los más emblemáticos, no existe en la actualidad, pero sí el «Oreanda» y el «Villa Elena», inaugurados respectivamente en 1907 y 1912. La residencia de los zares en Yalta era el palacio de Livadia, donde se repartieron el mundo los primeros mandatarios de Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido en febrero de 1945. En uno de sus aposentos falleció el Zar Alejandro III en 1894.

Yalta, tal y como había sido concebida por sus creadores, cambió profundamente tras la Revolución Bolchevique. Sin embargo, los gerifaltes soviéticos recuperaron después la pintoresca localidad como lugar de descanso. Solían pasar allí el verano Nikita Jrushiov, Leonid Brezhnev, Gorbachov y los no muchos ciudadanos de la URSS que a duras penas conseguían cupo en sus centros de trabajo para pasar una semana en las playas del mar Negro. Yalta acoge cada año a cerca de dos millones de turistas.

Qué comer. «Pelménnaya» ofrece los sabrosos «pelmeni», una especie de ravioli grande con carne, champiñones patata o pescado.

Para ver. Recorrer los 80 kilómetros que separan Yalta de Simferópol en trolebús. Jardín Botánico Nikitsky. Tiene más de 50.000 especies.

Dónde alojarse. Si el bolsillo lo permite, el «Villa Elena» o el «Oreanda». También el «Hotel Yalta», el antiguo Intourist, bien situado y muy animado.

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