Moluscos opistobranquios

Hasta la Antártida se fue Conxita a dar la brasa

Luis Ventoso
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España es una de las grandes naciones del planeta. Se percibe en todo tipo de parámetros, desde su liderazgo en trasplantes a su tirón turístico o el éxito de sus multinacionales de ingeniería, moda y banca. Acorde a su categoría, cuenta con bases científico-militares en la Antártida desde hace treinta años. Los investigadores españoles estudian la fauna y la flora polar, el retroceso de los glaciares, la vida en un hábitat extremo... Todo gracias a la ayuda logística del Ejército, que hace posible la supervivencia de los profesores. Las misiones se llevan a cabo en el verano austral, que no encaja exactamente con nuestra idea de estío: la sensación térmica es de menos 16 grados y el viento sopla a más de 70 km/h. Aquello es un desierto helador, inhóspito hasta lo cruel. Para sobrellevarlo se exige mucho orden y camaradería.

Una de nuestras dos instalaciones en el Polo Sur se llama Base Antártica Española Gabriel de Castilla. Se halla en la bien bautizada como Isla Decepción, un paraje volcánico a mil kilómetros del lugar habitado más cercano. Siendo más grande que Europa, el continente antártico solo cuenta con 5.000 habitantes en verano y mil en invierno. En la base española se apiñan en 241 metros cuadrados unas treinta personas, la mitad científicos y el resto, los militares de apoyo. Conviven apretujados durante 90 días, extraviados a 13.000 kilómetros de su patria. Las normas internacionales son muy estrictas con la preservación del medio. No se pueden tirar desperdicios y hasta el aseo personal está constreñido. Pero para nuestros militares todo eso es llevadero, gajes del oficio. Para lo único que no estaban preparados es para Conxita.

Nuestra Conxita lleva los catalanísimos apellidos Ávila y Escartín. Es bióloga y profesora de la Universidad de Barcelona. Su fuerte son los invertebrados. Pero además, resulta que Conxita es una hooligan del secesionismo, que ha viajado hasta el mismísimo Polo Sur con el kit completo del turras profesional: lacito y gorrito amarillos, estelada y pancarta por la libertad de los Jordis. Dado que la base es una instalación militar, su reglamento prohíbe expresamente «los actos contrarios» a la Constitución, la bandera española, la Corona y la unidad nacional. Pero las normas no rigen con Conxita, que no se apea de su parafernalia pro golpista ni en el laboratorio, el excusado y el catre. A los militares, soldados de todas partes de España, su provocación les ha tocado las meninges. Al final, el comandante jefe de la base ha tenido que denunciar ante el Comité Polar Español la «conducta intolerable» y la «continua provocación» de la científica.

Conxita es autora de un libro. Se titula «Sustancias naturales de los moluscos opistobranquios». Me encanta. Quizá porque me recuerda los gloriosos exabruptos del capitán Haddock en mis queridos tebeos de Tintín. Si tuviese que calificar el comportamiento de Conxita, parafrasearía a Haddock y exclamaría que ha mostrado la intolerancia, el fanatismo y la cerrazón pueblerina de un molusco opistobranquio (y dicho sea con perdón para tan pacíficos seres). Hay calenturas que no se enfrían ni bajo cero.

Luis VentosoLuis VentosoDirector AdjuntoLuis Ventoso