PEDERASTA DE CIUDAD LINEALCondena de 70 años y seis meses de cárcel para el pederasta de Ciudad Lineal

Le culpan de cuatro agresiones sexuales, cuatro retenciones ilegales y se le absuelve de intento de homicidio

MADRIDActualizado:

El juez ha condenado a Antonio Ángel Ortiz Martínez (Jaén, 1972), más conocido como el pederasta de Ciudad Lineal, a 70 años y seis meses de cárcel. Ortiz, en prisión preventiva desde septiembre de 2014, estaba acusado de cuatro delitos de agresión sexual, cuatro retenciones ilegales y lesiones a niñas de corta edad. Hechos ocurridos entre septiembre de 2013 y agosto de 2014.

La sentencia señala que, de conformidad con el artículo 76.1 del Código Penal vigente en el momento de cometerse los hechos por los que ha sido condenado, el límite máximo de cumplimiento de pena será de veinte años, si bien para la obtención de los beneficios penitenciarios Antonio Ángel Ortiz Martínez queda sujeto a lo dispuesto en el artículo 78.1 y 3 del Código Penal, por lo que tanto para la obtención de permisos de salida, clasificación en tercer grado y libertad condicional deberá computarse la totalidad de las penas impuestas en la sentencia, sobre la que cabe recurso de casación ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

De la lectura de la resolución se desprende que el condenado, y así ha quedado probado, agredió sexualmente a cuatro niñas menores de edad (sucesivamente y según cometió los hechos, de cinco, nueve, seis y siete años) a las que previamente y mediante engaños logró que se fueran con él: en una ocasión a un lugar que no ha quedado acreditado, en otra a una vivienda propiedad de su madre, en otra a una vivienda o local que tampoco ha sido establecido y a la última hasta un descampado situado entre las calles Mequinenza, Alcalá y Glorieta de Carlos Lamas.

Una vez allí, mediante amenazas o valiéndose de la ingesta de pastillas, les realizó diferentes tocamientos, desnudó e introdujo objetos o algún miembro suyo por ano y vagina, además de forzarlas en algunos casos a hacerle una felación. A las cuatro las abandonó con posterioridad a la agresión en diferentes lugares, donde fueron encontradas.

Absuelto del homicidio

Los magistrados establecen en la resolución que el acusado, de modo inobjetable, realizó de forma consciente, esto es, dolosa, todos los actos, y que en el caso de una de las menores, a la testigo protegida T4 le causó gravísimas lesiones que de no haber sido tratadas quirúrgicamente habrían puesto su vida en peligro. De este matiz de brutalidad, indica la sentencia, no podía ser ignorante el acusado, lo que determina que en este caso el delito de lesiones reviste una mayor gravedad.

La Sala, no obstante, absuelve al acusado del delito de homicidio en grado de tentativa que le solicitaban una acusación popular y una particular como consecuencia de haberle dado tres pastillas a una de las menores. Los jueces consideran que no ha quedado suficientemente acreditado qué medicamento se le suministró a la menor, si bien cabe pensar que con arreglo a criterios de lógica o de experiencia, se trataba de algún tipo de tranquilizante para mantenerla sedada, no para acabar con su vida o poner su vida en riesgo, extremo que confirma el hecho de que luego fuera abandonada en un lugar idóneo para ser rápidamente encontrada, lo que contradice la idea de que el acusado tuviera un ánimo homicida.

Se exigieron 77 años

La Fiscalía solicitó, en su día, una pena de 77 años y 8 meses de prisión para este depredador sexual, mientras que las acusaciones particulares elevaron la petición de condena a 126 años.

A Ortiz se le empezó a conocer a partir del rapto de una niña española de 9 años en el Parque de San Juan Bautista (Ciudad Lineal). Corría el mes de abril de 2014. Semanas después, en junio, también se llevaba con engaños, de la calle de Luis Ruiz, en el mismo distrito, a una pequeña china de 5 años, que jugaba en la puerta de la tienda de alimentación de sus padres.

Ambos casos, desvelados por ABC, fueron hilvanados por la Policía Nacional, que también halló indicios contra este individuo, con antecedentes por hechos similares, en el caso de otro rapto a una cría en septiembre de 2013 y el intento de llevarse a una menor de la misma zona horas antes del caso de San Juan Bautista. Este último suceso, sin embargo, no se sumó a los que le sentaron en el banquillo entre octubre y diciembre de 2016.

Nerviosismo

También este periódico dio en primicia el ataque contra una niña de origen dominicano en la zona de Canillas, el 22 de agosto de 2014. Fue su último caso contrastado. Y en el que más pistas dejó, tanto por el nerviosismo con el que actuó como por la inteligencia de la menor, que fue abandonada en un descampado de Canillejas aquella calurosa tarde de verano.

Esta niña relató a los agentes el camino aproximado que siguieron desde el lugar donde fue captada, al lado de su casa, y donde la llevó para agredirla. Relató, asimismo, una parada a mitad de trayecto para comprar en un chino crema de manos y un refresco. En ese punto, pudo localizarse una imagen captada por la cámara de una sucursal bancaria, con parte del modelo de vehículo utilizado y parcialmente su matrícula.

Las pesquisas de la Brigada de Policía Judicial de Madrid de las más arduas que se recuerdan. Se llenó de agentes los parques de Ciudad Lineal y varios distritos cercanos, se realizaron cientos de controles a vehículos, chequearon placas, peinaron posibles calles donde se encontrara el piso donde mantenía retenidas durante horas a las pequeñas... Hasta que el puzle encajó.

El teléfono móvil de Ortiz fue pinchado. Se supo que a principios de septiembre se fue a vivir con sus tíos, en Santander. Y allí fue donde el 24 de septiembre de 2014 cayó el enemigo público número 1 de la sociedad. La operación Candy se daba por cerrada.