Zafón prendió la mecha del segunda boom barcelonés
Zafón prendió la mecha del segunda boom barcelonés - EFE
Sant Jordi

Barcelona a través de una una docena de lecturas

El promedio de lecturas barcelonesas –doce títulos al año, uno por mes–se mantiene en el primer cuatrimestre de 2017, en un amplio espectro de géneros

BARCELONAActualizado:

Desde 2006, cuando vio la luz «La catedral del mar», hasta 2016 la ciudad de Barcelona inspiró y enmarcó más de un centenar de novelas. Si aplicamos la aritmética podemos afirmar que en esa década se editó una docena de títulos al año; esto es, una historia barcelonesa a la semana. De ahí, la reedición de «Paseos por la Barcelona literaria», a cargo de un servidor y de Sergio Vila-Sanjuán: un inventario de lo que podríamos llamar el segundo boom barcelonés que tuvo su inicio en 2001 con «La sombra del viento» de Carlos Ruiz Zafón: la tetralogía del Cementerio de los Libros Olvidados ha culminado en «El Laberinto de los Espíritus» (Planeta), título hegemónico de este Sant Jordi a pesar que Zafón no vaya a firmar. El promedio de lecturas barcelonesas –doce títulos al año, uno por mes–se mantiene en el primer cuatrimestre de 2017, en un amplio espectro de géneros.

«Libro de los pasajes»

A medio camino entre la crónica, el ensayo y el libro de viajes, en «Barcelona. Libro de los pasajes» (Galaxia Gutenberg), Jorge Carrión topografía cuatrocientos pasajes de la Ciudad Condal. Desde el pasaje del pintor Sert y el del Crédito, donde Miró tenía su taller, hasta el londinense pasaje Maluquer en el que reside Eduardo Mendoza. Fruto de un trabajo de tres años, el primer pasaje que llamó la atención del autor fue el de Manufacturas, una especie de túnel del tiempo que conecta la calle Trafalgar y la de Sant Pere Més Alt y que cuenta con un bar que se llama, mira por donde, Pasajes.

«Dalí i Barcelona»

Es una lástima que los prejuicios políticos hayan negado un pasaje, calle, plaza, o avenida a Salvador Dalí. En «Dalí i Barcelona» (Ajuntament de Barcelona) el historiador Ricard Mas documenta con gráfica opulencia la estrecha relación del genio con la Ciudad Condal. Aunque nacido en Figueras, la sangre de Dalí es barcelonesa por parte materna. La primera visión del Dalí niño es una Ciudad Condal entrevista desde la atalaya del Park Güell.

«Un home cau»

Barcelona es ciudad portuaria, propicia a la novela negra. En «Un home cau» (Rosa dels Vents), Jordi Basté y Marc Artigau presentan en sociedad al detective privado Albert Martínez: en un espigón de la Mar Bella, dos hombres parecen estar discutiendo y al final solo queda uno: «És bonic veure caure un cos. És preciós observar com es precipita cap al buit...». Gastronomía y humor negro al servicio de la ley... de gravedad.

«La noia del club»

Y ya que estamos cerca del mar podemos conocer también a «La noia del club» (Bromera) de Maria Carme Roca. La Barcelona de los años treinta, cuando las mujeres dejaron atrás roles tradicionales, escribieron en diarios y revistas y se pusieron un maillot con la insignia del «Club Femení d’Esports». Es el caso de Flora, nadadora del Club Natació Barcelona y arquetipo de las chicas que desplegaban su dinamismo en semanarios como «Imatges» o «La Rambla» que tenía como subtítulo «Esport i Ciutadania».

«La Criolla»

La Barcelona de aquellos años no se explica sin La Criolla, el mítico local de la calle del Cid, donde actualmente se ubica el ambulatorio de Peracamps. En «La Criolla. La puerta dorada del Barrio Chino» (Comanegra), Paco Villar nos lleva al centro de la Barcelona canalla que sedujo a escritores franceses como Pierre Mac Orlan o Jean Genet. En el álbum de firmas de La Criolla que fundó en 1925 Antonio Sacristán, periodistas como Josep Maria Planes y César González Ruano, nombres ilustres del teatro como Margarita Xirgu y don Jacinto Benavente... La Criolla era el templo de las emociones fuertes, apunta Villar: «Una atmósfera que entristecía y al mismo tiempo hechizaba». Como reflejó Josep Maria de Sagarra en «Vida privada», el Barrio Chino era un territorio atractivo para una burguesía capaz de conjugar el morbo canalla con la ópera del Liceo.

«La fada negra»

A la Barcelona rebelde de 1843 nos traslada Xavier Theros en «La fada negra» (Destino): un marino adicto a los opiáceos y metido a investigador sigue la pista de unos crímenes vampíricos en plena revuelta de La Jamancia.

«El bar de l’AVE»

Una burguesía capaz de bailar según la música que requiere cada momento político. En «El bar de l’AVE (Proa) Valentí Puig observa irónicamente el microcosmos de la Cataluña de 2015 inflamada de antisistemas e independentismo. Como escribe el autor: «Barcelona ha sobreviscut a tota casta de turbulències i avalots, de revoltes polítiques, de guerres civils, de caure i aixecar-se una vegada i un altra, perqué no és altre el destí de les ciutats que volen ser grans... Barcelona no està als peus de ningú: tots estem als seus peus».

«Una familia imperfecta»

Si el bar del AVE pone en contacto intereses familiares a caballo entre Barcelona, Madrid y Mallorca, la protagonista de «Una familia imperfecta» (Espasa) de Pepa Roma vuelve a su ciudad procedente de Madrid para acompañar a su madre en sus últimos meses de vida y desvelar las miserias de una familia burguesa venida a menos. Barcelona de 2016, sempiterno campo de batalla: «Puede haber nuevas caras, nuevas retóricas, ahora la promesa de una Cataluña independiente y feliz; pero son sólo vestidos para una disputa por el poder con constantes poco variables», afirma uno de los personajes.

«El informe Casabona»

Familias barcelonesas de cuna con cadáveres en el armario que Sergio Vila-Sanjuán disecciona en «El informe Casabona» (Destino); a raíz de la muerte del empresario y mecenas Alejandro Casabona, el periodista cultural Víctor Balmoral recibe el encargo de desentrañar la vertiente más oscura del finado: fraudes fiscales, turbias relaciones sentimentales, hijos problemáticos... la biografía oficial del patricio resquebrajada por la radiografía ética.

«Derecho natural»

Y para acabar, «Derecho natural» (Seix Barral), la novela más barcelonesa de Ignacio Martínez de Pisón junto con «El día de mañana». Una familia infeliz que va de piso en piso y sobrevive a salto de mata con un padre tarambana que se gana la vida imitando a Demis Roussos; nuestra ciudad en los ojos de un adolescente de los años setenta: «Mis antiguos paseos por una Barcelona a medio construir me habían enseñado a ver las calles como seres vivos que crecen lentamente hasta alcanzar un estado de plenitud o perfección». Cada mirada literaria, una faceta del polícromo mosaico barcelonés..