El arquitecto vallisoletano Alberto Campo Baeza
El arquitecto vallisoletano Alberto Campo Baeza - ICAL
Artes&Letras / Arquitectura

Alberto Campo Baeza: «La belleza está al alcance de todos. No está reservada a unos artistas sublimes»

El Museo Patio Herreriano dedica hasta el 5 de noviembre una exposición al arquitecto vallisoletano en la que reúne una selecta recopilación de sus trabajos, en forma de planos y maquetas, fijándose especialmente en su faceta de investigador en la práctica arquitectónica

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Proyectar es investigar, ¿cómo podría ser de otro modo? Buscar, tantear, explorar, encontrar. En definitiva, estudiar los problemas a fondo para encontrarles la mejor solución», escribe el arquitecto Alberto Campo Baeza (Valladolid, 1946) a propósito de la exposición que actualmente dedica a su obra el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano de Valladolid y que destaca su faceta de investigador, siempre con el objetivo de alcanzar la belleza, que según recalca a sus alumnos, «está al alcance de todos». Importantes proyectos como la Torre Telefónica en Madrid, el estadio de Zúrich, la Casa Olnick Spanu de Nueva York, la sede del Consejo Consultivo de Zamora o el Museo de la Memoria en Andalucía llevan la firma de su estudio en Madrid, de gran prestigio tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

-Cuesta ver exposiciones sobre arquitectura en los museos. ¿Se olvida con facilidad que también es un arte?

-Que es un arte está claro, pero como dicen los clásicos, con razón de necesidad; no es algo que se haga a la manera en que entendemos lo que es artístico, como la pintura, la escultura, la música o la poesía. En todas estas otras ramas de la creación hay un máximo grado de libertad, mientras que en la arquitectura está latente la ley de la gravedad, de la cual uno no puede escapar, o razones económicas. Una obra que no sea funcional, que no sirva para nada, que esté mal construida, que se caiga o que esté económicamente mal planteada, eso no es arquitectura, es una salvajada, y de esas hay muchas actualmente.

«He defendido más de una vez que habría que socializar el suelo»

-Tituló su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando «Buscar denodadamente la belleza». ¿Cree que se ha perdido esa búsqueda en su profesión en detrimento de la espectacularidad?

-No, eso no se puede perder, como no se pierde el sentido poético en el ser humano. La búsqueda de la belleza es ineludible, uno no puede hacer una arquitectura que sea fea; no debe hacerla. Lo que vemos hoy en día en muchos sitios son cosas espectaculares en el sentido peyorativo de la palabra. Parte de esta sociedad en la que vivimos es muy inculta. Somos unos privilegiados; estamos en un tercer milenio donde no podemos más que dar gracias por todos los medios que tenemos, pero en lugar de utilizarlos bien, hay algunos arquitectos que se encargan de hacer cosas raras, estrambóticas, y entonces la sociedad piensa que eso es la nueva arquitectura, y se arrodilla ante ello como si fuese una nueva religión. Adoran algo que no es arquitectura y no se debería permitir.

-¿Es esa búsqueda de la espectacularidad la causa de que a veces los grandes proyectos arquitectónicos sean polémicos?

-¡Ojalá generarán más polémica!, porque las burradas más grandes que se han construido no son polémicas, al revés, se aplauden. Estoy pensando en una ciudad alemana que empezó su nueva ópera con 80 millones de euros y se ha gastado ya más de mil. La ciudad está tan feliz aunque la obra sea muy dudosa.

«La buena arquitectura va de la mano de la contención, no necesariamente tiene que ser despampanante»

-La arquitectura ha sido una de las artes más afectadas durante la crisis, ¿Cree que existió una «burbuja arquitectónica» igual que hubo una «inmobiliaria»?

-La burbuja que se creó fue inmobiliaria, de construcciones innecesarias, de supervaloración del suelo. He defendido más de una vez que habría que socializar el suelo y entonces me han preguntado si soy comunista, a lo que yo contesto: «Mire usted, con lo que trabaje y produzca con sus manos, cóbrelo, pero con el suelo, no hay derecho. No tiene que ser una moneda para esa especulación supercapitalista mala, que es lo que se hizo, llegando a las consecuencias que alcanzamos. A veces decimos que todos los problemas de la sociedad tienen su origen en la pérdida de los valores morales, pues la burbuja inmobiliaria es producto de ese proceder. La buena arquitectura va generalmente de la mano de una cierta contención económica, sobriedad, austeridad... No necesariamente tiene que ser despampanante.

Maqueta de la Torre Telefónica en Madrid, una de sus obras
Maqueta de la Torre Telefónica en Madrid, una de sus obras

-Y usted, ¿cómo encuentra la belleza?

-Pues sin dejar de trabajar, que es lo que le digo a mis alumnos. No está la belleza reservada a unos artistas sublimes que van flotando y que salen en los papeles. La belleza está al alcance todos. No está reservada. Y más en la arquitectura, que es una producción tranquila, lenta, en la que hace falta mucho tiempo.

-Aboga por una obra esencial, sin artificios, pero rechaza que sus proyectos sean calificados de minimalistas, ¿cómo se explica?

-Porque es una estupidez. ¿Por qué minimalista? No se dice que un poeta es un minimalista de la literatura porque utiliza pocas palabras. Es tan sencillo como eso.

-Y la luz, ¿qué importancia juega en su arquitectura?

-La luz no es una cosa del señor Campo Baeza, es de la arquitectura universal. Claro que la luz es importante, como el aire lo es en la música. Es tan material como la piedra, ya lo decía Isaac Newton.

-A día de hoy, ¿cuáles son sus arquitectos más admirados?

-Siempre es más difícil hablar de los coetáneos, pero habría algunos indudables como Álvaro Siza, que sigue haciendo una arquitectura estupenda, aunque después le cueste sacarla adelante. Hizo la entrada a la Alhambra de Granada y se le puso todo el mundo patas arriba cuando el proyecto era exquisito. Pero bueno, es la sociedad.

-La exposición que se puede ver en el Patio Herreriano lleva por título «Proyectar es investigar». ¿Qué papel juega la investigación en sus trabajos?

-Mi padre era cirujano militar y cuando tenía que hacer una operación le veía estudiar mucho. Pues para hacer una reforma de un piso, una catedral o un plan de urbanismo, hay que conocer todos los ingredientes con los que se va a trabajar, es bastante más importante. Y más en el urbanismo, que diría que es la arquitectura a escala grande y donde las consecuencias para el futuro y para la sociedad son más importantes. Ahí está el ejemplo de las ciudades españolas hechas con la trama romana, que funcionan estupendamente, o el trazado de Manhattan en Nueva York.

-Profesor emérito de la Escuela de Arquitectura de Madrid, ¿qué le sigue aportando la docencia?

-Diría que todo o la mitad de todo. Un cirujano, para ser bueno, además de conocimientos, tiene que tener los bisturíes bien afilados. La docencia es una manera eficaz de afilar el bisturí. Si uno prepara las clases, se deja la piel y el alma en la enseñanza, hará mejor las obras que construye. Es evidente que hay que tener vocación docente, pero luego da satisfacciones tan grandes como las de un edificio.