Ruth y José, en una imagen de 2011
Ruth y José, en una imagen de 2011 - ABC

La larga y dolorosa travesía de Ruth y José

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Esta semana se han cumplido tres años desde que Ruth Ortiz le dijera a su marido, según el auto de instrucción del juez, que «ya no le quería y que ya no estaba bien con su relación». Fue ahí donde comenzó a gestarse la venganza de José Bretón, que acabó con la vida de sus dos hijos, Ruth y José, desencadenando uno de los casos de asesinato más mediáticos de los últimos tiempos. Tres años han tenido que pasar para que los restos de los pequeños, que constituían una de las pruebas de la investigación, pudieran por fin recibir sepultura en huelva.

Muchas cosas han ocurrido en todo este tiempo, seguidas al milímetro por los medios de comunicación desde que la policía detuviera a su padre veinte días después de la desaparición de los niños de 2 y 6 años. Este es el relato de los hechos, basado en las informaciones publicadas por ABC y los autos judiciales.

Cuando Ruth le comunicó su deseo de separarse, Bretón accedió al régimen de fines de semanas alternos para visitar a sus hijos. Fue a por los niños del 23 al 25 de septiembre y les llevó a una vivienda no determinada de Córdoba, comentando a los dos hermanos que «era una sorpresa y que allí iría a vivir toda la familia, incluida la madre». En ese momento ya se iba gestando la cruel venganza, dolido como estaba por el hecho de que su mujer hubiera «roto su esquema de vida familiar». En el cumpleaños de su hija, de hecho, «dio a entender a familiares del entorno de la esposa que tenía intención de causar un grave daño a su mujer», puede leerse en el escrito.

La carta a Ruth

El magistrado señaló que Bretón, condenado a 40 años de prisión, fue a la finca que los padres tienen en Las Quemadillas, una urbanización a las afueras de Córdoba, al menos 11 veces, hasta que se produjo el asesinato, el 8 de octubre. Fue allí donde, supuestamente, estuvo planeando el crimen que ha tardado varios años en resolverse.

Bretón insistió en recoger a sus hijos el viernes 7 de octubre en la casa de la abuela materna, en Huelva, según lo pactado con Ruth, y le entregó después a esta una carta para convencerla de que reanudaran su relación. Un escrito que su esposa, aconsejada por su psicólogo, no respondió.

La tragedia se cernía sobre los niños Ruth y José, mientras el padre actuaba a toda velocidad: llevó a sus hijos a casa de su hermana cuando regresó a Córdoba, se fue de nuevo a Las Quemadillas, planeó para el día siguiente una visita al área recreativa la Ciudad de los Niños, lleva de nuevo a Ruth y José a casa de su hermana en la mañana del día de los autos, se marcha con su coche Kia Picanto otra vez a Las Quemadillas –«aparentemente junto a otra persona cuya identidad no ha podido ser determinada»–, vuelve a por sus hijos y se marcha con ellos a la casa de los abuelos paternos y, cuatro minutos después, sale de nuevo en el coche de Bretón rumbo a la finca de sus padres. Esa fue la última vez que se vio a los niños.

La llamada

El magistrado contempla que Bretón pasó allí un tiempo plagando de pistas falsas el terreno y, después, se marchó con sus hijos hacia la Ciudad de los Niños, en cuyo trayecto aprovechó «para deshacerse» de ellos. Una vez en el área recreativa, poco antes de las 19.00 horas, llamó al servicio de emergencias para denunciar la desaparición de los niños.

Durante los veinte primeros días no se producen detencionesAunque el parque fue rastreado, pronto la búsqueda se centró en Las Quemadillas, llegando incluso hasta una zona próxima del Guadalquivir. Durante los veinte primeros días no se producen detenciones, aunque a los investigadores les sorprende la frialdad con que el padre está afrontando la pérdida de sus hijos y los continuos interrogatorios. No tardaron mucho en llegar las contradicciones en su relato y las grabaciones de las cámaras de vigilancia, que él no había tenido en cuenta, y que hacen que, finalmente, Bretón sea detenido.

La Policía cree que los hermanos menores podrían estar muertos y enterrados en la finca familiar, y Bretón es su principal sospechoso. Por orden del juez, comienzan las reconstrucciones sobre el terreno con el sospechoso, que aparecerá ante las cámaras de los medios de comunicación por primera vez, poco antes de que fuera finalmente enviado a prisión incondicional. Fue acusado de detención ilegal cualificada por desaparición de menores (secuestro) y simulación de delito.

Las Quemadillas

La Policía centró la búsqueda en Las Quemadillas mediante un georradar y perros adiestrados, los cuales encuentran en una fogata una sería de huesos. Tras los primeros estudias, resultan no ser humanos, y los rastreos continuarán sin resultados, a pesar de ampliar la zona de búsqueda. Cinco meses después, no hay avances en la investigación. Los niños siguen desaparecidos, mientras los informes psicológicos indican que Bretón no padece ningún trastorno mental, que tiene un coeficiente superior a la media y una personalidad marcada por «rasgos excesivos de manipulación».

Los informes psicológicos indican que Bretón no padece ningún trastorno mentalEn julio de 2012, la Policía da por finalizada la búsqueda en Las Quemadillas sin resultado alguno, pero, en septiembre, un nuevo equipo de antropólogos forenses de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) realiza un nuevo estudio de los restos óseos encontrados y asegura que son «inequívocamente humanos» y pertenecen a dos niños.

Bretón es imputado por la supuesta comisión de dos delitos de asesinato con alevosía y agravante de parentesco, aunque él sigue negándolo todo. Llega, incluso, a ponerse en huelga de hambre por las medidas de seguridad que le han sido aplicadas.

El juicio

Pocos meses antes de que comenzara el juicio, la madre ya había expresado públicamente su más profundo deseo: «Solo quiero ver enterrar a mis hijos, los parí y tengo derecho a enterrar lo que el desgraciado de su padre ha dejado de ellos», decía cuando se había cumplido un año de la desaparición de Ruth y José. El juez no lo permite.

«Los parí y tengo derecho a enterrar lo que el desgraciado de su padre ha dejado de ellos»Su abogada pide 40 años de cárcel para el supuesto asesino, 20 por cada uno de los asesinatos. Un mes después, es declarado culpable por las siete mujeres y los dos hombres que forman el jurado popular. Una condena que será confirmada por la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo, al igual que la condena a 40 años de cárcel que la Audiencia Provincial de Córdoba había impuso a Bretón.

El tribunal popular aceptó que «aprovechando que un médico psiquiatra que ya lo había tratado años antes y con quien había consultado recientemente, le había recetado unos medicamentos tranquilizantes —un ansiolítico y un antidepresivo—, denominados Orfidal y Motiván, que José Bretón compró el 29 de septiembre de 2011 en una farmacia de Córdoba para, una vez llegado el momento, poder adormecer e incluso matar a sus hijos con toda facilidad».

Este sábado, tres años después de la desaparición de los niños y el comiendo calvario para su familia, su madre por fin podrá dar sepultura a los restos de sus hijos y tratar de pasar página. Una página larga y dolorosa.