CASO GÜRTEL

«A ver quién te quita que te pases tres o cuatro días en prisión»

Un emisario de Correa llamó en a Isabel Jordán, la empleada díscola, para amenazarla: o negociaba o iban a ir «a por todas»

JUAN FERNÁNDEZ-MIRANDA - Actualizado: Guardado en: España

Octubre de 2007. El imperio de Francisco Correa, que según su propio testimonio superaba las 80 empresas, se empieza a tambalear. En esas fechas, se le revela una subordinada, Isabel Jordán, que se niega a firmar las cuentas anuales de una de sus empresas, Easy Concept, de la que ella es administradora.

Como ya desveló ABC, Correa la llamó insistentemente a lo largo de ese mes para intentar convencerla de que estampara su firma en los papeles, pero ella no le atendió ni le devolvió la llamada. Finalmente, el principal imputado de la trama Gürtel le dejó un mensaje en el contestador amenazándola: «Si no firmas, se rompe la baraja». Pero Jordán no sólo no firmó las cuentas, sino que pasados unos días presentó una denuncia ante la Guardia Civil.

Correa se reúne con sus hombres más cercanos. Hay que marcar una estrategia. A esa reunión, en la que está presente el abogado de Correa, asiste también Juan Pérez Mora, uno de sus asesores, ya fallecido. Establecen su hoja de ruta y deciden que Pérez Mora haga un acercamiento a Isabel Jordán para meterle miedo. Ellos ya se conocían porque los había presentado Correa, lo que sin duda facilitaría las cosas. Probablemente a él sí que le cogerá el teléfono. Y así fue. La llamada se produce al día siguiente.

Un juez «gilipollas»

La conversación, a la que ha tenido acceso ABC, dura más de una hora y se desarrolla en un tono amistoso. Él se hace pasar por su amigo, le dice que la llama porque se siente en la «obligación ética» de hacerlo. Le dice que quiere avisarla de los siguientes pasos de Correa e incluso llega a criticar a éste abiertamente para demostrarle a ella de qué lado está. Pero el trasfondo de la conversación es otro, como demuestran algunas de las advertencias que él le deja caer. Lo que realmente quiere es amenazarla.

Para empezar, como si nada, le dice que Correa va a presentar una querella contra ella por un delito de apropiación indebida y le asegura que hay empleados de Easy Concept dispuestos a testificar. La van a acusar de quedarse con dinero de la empresa y para ello han contratado a «uno de los mejores penalistas».

«Van a ir a por todas», le advierte antes de relatarle amablemente su negro futuro si no se aviene a negociar: la Guardia Civil irá a su casa y lo probable es que, en esas circunstancias, un juez «gilipollas» o un «niñato» la meta en prisión preventiva unos días, con el consiguiente «daño psicológico» que ello conlleva. «Y a ver quién leches te quita a ti que te pases una semana, tres o cuatro días, en prisión», le espeta cariñosamente.

Durante los 72 minutos que dura la conversación, el emisario de Correa tiene un objetivo principal: organizar un encuentro para que se vean «bis a bis». Él sabe que cara a cara le será más fácil convencerla, o eso cree, pero ella hace oídos sordos a sus ofertas al respecto. Así que el asesor decide cambiar de estrategia.

«Siguiente consejo, si me lo permites», le dice, «si te he llamado es para que insistas mucho a tu abogado para que negocien (...) pero tú no asistas a ninguna reunión, que sean los abogados los que se tiren los trastos a la cabeza». Pérez Mora quiere que Jordán se quite de enmedio, pero no quieren enfadarla. Tal vez porque sabe demasiado.

«Gángsteres y «mafiosos»

Isabel Jordán cree que Pérez Mora es juez, porque así los presentó Correa. Aún así, se lo pregunta directamente. Él no lo niega, e incluso alardea de sus conocimientos jurídicos.

Además, a lo largo de la conversación, ella trata de averiguar cuál es el grado de amistad que une a Correa y a Pérez Mora. Él admite que son amigos, pero le dice que no demasiado, que se conocen de ir juntos al fútbol. Incluso, el asesor llega a criticar abiertamente la forma de actuar del cabecilla de la trama Gürtel, más propia «de gángsteres» y de «mafiosos». Le llega a decir que Correa y sus hombres «ven demasiadas películas» y que por eso hacen esas «gilipolleces» y esas «chiquilladas». «Sus formas, su soberbia, no va con mi carácter ni muchísimo menos, es un prepotente», le dice antes de soltarle una nueva advertencia: «Si se van por lo penal, seguro que las consecuencias no son agradables», porque si se presenta la querella «ya no hay marcha atrás».

Esta grabación, que ha sido peritada para acreditar su autenticidad, se encuentra ya en manos del juez del caso.

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