Un «rider» de Deliveroo
Un «rider» de Deliveroo - REUTERS

Así trabaja un repartidor de comida a domicilio: poca experiencia, sueldos bajos y pasión por la bicicleta

Los «riders», como se conoce a los trabajadores de Deliveroo, Glovo o Stuart, tienen que hacerse cargo de los accidentes que sufren

MADRIDActualizado:

El mercado de la comida a domicilio ha registrado un crecimiento desmedido en los últimos meses en España. Cerró 2016 con un aumento de las ventas del 6%. Y va camino de registrar nuevos máximos. Marcas de Restauración, la patronal de empresas como Telepizza, McDonald's, Restalia o VIPS, ha señalado que se espera que los pedidos a domicilio pasen de suponer el 3% de las ventas de estas empresas ahora al 10% en cinco años.

El «boom» de este segmento ha provocado que cadenas que tradicionalmente habían mostrado cierta reticencia a este mercado entren de lleno en él. Para ello, se han asociado con compañías «veteranas» en este servicio. La propia McDonald's anunció en junio que comenzaría a repartir comida a domicilio a través de Glovo; Rodilla hace lo propio gracias a un acuerdo con Deliveroo.

Y en medio de los aumentos de ventas y los acuerdos comerciales... ha estallado un conflicto laboral. Los «riders» de Deliveroo han organizado distintas protestas en ciudades españolas que culminaron en una huelga celebrada el pasado domingo 2 de julio entre las ocho de la tarde y las doce de la noche. Según este colectivo, la empresa les obliga a firmar un nuevo contrato por el cual tienen que trabajar más horas con una compensación solo por pedidos entregados. Hasta ahora, cobraban por cada hora trabajada dos pedidos mínimos aunque no los hubieran realizado. Unos ocho euros.

La experiencia de un «rider» de Deliveroo

«Pediría a los clientes que dejasen de usar Deliveroo por el trato que hacen con sus trabajadores, es pésimo», denuncia uno de los «riders» de la famosa plataforma. «Estoy pendiente de que me desconecten», afirma. Se trata de una expresión que utilizan para decir que la empresa ha decidido dejar de colaborar con ellos. «Me he negado a firmar el nuevo contrato. Textualmente nos llegó un correo que decía «si quieres seguir trabajando con nosotros debes firmarlo». Hubo una campaña casi de acoso, a mí me han llegado unas diez llamadas, cinco sms y cinco correos electrónicos para ver si ya lo había ratificado», sostiene este colaborador.

«No hace falta ningún tipo de selección para trabajar»

Martino Carreggiari, de 27 años, es un arquitecto italiano que llegó a España para estar junto a su novia. Pensó que la mejor manera de ganar dinero era a través de este tipo de servicios porque le ofrecía practicar su pasión: montar en bicicleta. Empezó a trabajar en febrero. Solamente necesitó rellenar un cuestionario y una charla formativa para ser escogido. «Ese es otro problema que puede tener la empresa, no hace ningún tipo de selección de los trabajadores», sostiene Carreggiari,.

Según sus palabras, cada semana debe exponer en un calendario online su disponibilidad para la semana siguiente. Una vez asignado el horario de trabajo tiene que cumplirlo y si le surge algún imprevisto y no hay otro «rider» que pueda suplirlo, se considera una falta grave.

Lluvia, olas de calor o tráfico son algunos de los factores a los que debe hacer frente. No obstante, asegura que la empresa no se hace cargo de los accidentes que puedan sufrir ni de las reparaciones de las bicicletas. Por lo general, los pinchazos suelen ser muy corrientes. «Uno cada dos semanas según mi experiencia», afirma.

Los «riders» deben hacerse cargo del coste de las bicicletas y de las llamadas de teléfono. «Lo ponemos todo. Deliveroo no da equipamiento», denuncia el «rider». De acuerdo con Carreggiari, el único material que aportan es una mochila bajo fianza en la primera factura y cuyo importe es devuelto una vez se abandona la empresa. Sin embargo, comenta que se rompe en el primer mes, por lo que siempre acaban pagándola.

«Deliveroo a mí personalmente no me da para vivir. En marzo y en abril lograba hacer 20 o 25 horas semanas lo que significaba ganar 800 euros al mes de los cuales hay que descontar IRPF y cuota de autónomos», explica Carreggiari. Por todos estos motivos, ha comenzado a trabajar con otra empresa de ciclomensajería con la que asegura que cobra más por la hora.

Glovo, una opción

Luis es otro rider que ha preferido no dar su nombre verdadero. Afirma que Deliveroo lo desconectó por aparecer en varios medios en relación con las protestas. Desde el pasado miércoles trabaja con Glovo. Asegura que esta plataforma opera de un modo diferente, funciona de acuerdo con las valoraciones de los clientes. «Partes con 2.50 sobre 5 y necesitas 40 valoraciones para poder subir o bajar de nivel y hasta entonces no tienes más horarios», sostiene.

Asimismo, al igual que la nueva medida de Deliveroo, no garantizan ningún mínimo. No obstante, por entrega reciben 2.50 euros y aumenta el precio en función de suplementos como los kilómetros, el tiempo de espera o la lluvia.

Luis terminó la carrera de Sociología y al descubrir que la ciclomensajería aunaba hacer deporte y conocer Madrid, supo al instante que le gustaría. Tras varias referencias con amigos decidió ponerse en contacto con Deliveroo por Internet y al día siguiente ya estaba recorriendo las calles con su bicicleta.

«En las oficinas cada día hay gente diferente, nadie sabe quién es quién»

Sin embargo, poco a poco comenzó a ver algunas cosas que no le convencían. «Somos falsos autónomos. En realidad eres como un trabajador. No está bien que se sea pobre trabajando». Cree que finalmente se irá a buscar trabajo en el extranjero.

Para Luis, el problema de estas empresas de es que cuando se acude a las oficinas para resolver alguna cuestión las personas que les atienden dan nombres falsos, por lo que luego no pueden volver a recurrir a ellos: «Cada día hay gente diferente, nadie sabe quién es quién». A lo que se une que la mayoría de ellos, de acuerdo con Luis, «son jóvenes de unos 25 años que tienen un convenio de prácticas con la universidad y no saben resolver algunas de las cuestiones de los riders».

Stuart, una afición por recorrer Madrid

En cambio, el testimonio de Pabliño, que no quiere dar su apellido, es totalmente diferente. Pabliño trabaja para Stuart, otra plataforma especializada en llevar los pedidos a domicilio en menos de una hora.

Este gallego está contento con este tipo de empleo, aunque matiza que para él es una especie de «hobby», puesto que trabaja como contable y ejerce como «rider» solo los viernes y sábados. Con este empleo gana un sueldo extra mientras se mueve por la ciudad y pierde peso. Le encanta el estrés de tener que llegar a tiempo a la entrega y de tratar al «al producto como si fuera un ser vivo» para que destinatario lo reciba en un buen estado. No obstante es consciente que no se puede vivir de la ciclomensajería. «El otro día un chico me dijo «de todos los empleos precarios este es el mejor»».

Él comenzó en este sector en la pionera empresa de reparto a domicilio, TakeEatEasyteasy, en 2015 pero casi un año después cerró. Le avisaron con una semana de antelación y no le pagaron el último mes. El mismo responsable fue quien le ofreció la oportunidad de continuar en Stuart. «En la mayoría de trabajos te piden el currículum, inglés, etc. Aquí nada de eso, todo vale, necesitan personal», comenta.

Piden la readmisión de las personas que han sido despedidas

Ante todos estos problemas los «riders» se unieron y crearon el pasado mayo la Asociación Nacional de Ciclomensajeria. El objetivo es reivindicar una serie de condiciones que creen que deberían cumplir todas las empresas dedicadas a este sector: El mantenimiento del pago asegurado en los pedidos por hora trabajada, 8.5 euros la hora para las bici y 9 en caso de las motos; un mínimo de 20 horas semanales; ofrecer un seguro a todo riesgo para los pluses tanto por la antigüedad como por lluvia y la distancia. Finalmente, quieren que todas las personas que hayan sido despedidas por incumplimiento en los últimos 15 días sean readmitidas.

Posición de la empresa

Deliveroo se defiende de estas acusaciones sosteniendo que ha ofrecido a los «riders» una nueva propuesta que recoge dos modalidades de colaboración (siendo autónomos económicamente dependientes o bajo un acuerdo que permite trabajar en otras plataformas) y «la mayoría de ellos, 755» se han adherido a este nuevo marco. «El modelo de colaboración entre Deliveroo y los «riders» representa una alternativa para aquellas personas que quieren ingresos adicionales a sus actividades habituales. O para quienes quieren conseguir ingresos mientras estudian. La prioridad de Deliveroo es que los 'riders' continúen beneficiándose de la evolución de la compañía».

Respecto al compromiso de ofrecer dos pedidos por hora, Deliveroo sostiene que «esta práctica acabó desvirtuándose» porque estos colaboradores «son libres de rechazar pedidos y trabajar con o tras empresas y el hecho de encontrarse con la app encendida, y por tanto 'disponibles', no implicaba que se estuvieran realmente en disposición de realizar una entrega para Deliveroo» Por último, la empresa asegura que el cese de algunas colaboraciones «nada tiene que ver» con las movilizaciones, sino con incumplimientos de contrato.

La visión de la empresa y de los trabajadores se contrapone. Aún así, este tipo de empleo, al igual que las plataformas digitale, se propaga en las grandes ciudades. Dinero, escasa experiencia y «hobby» se entremezclan en esta nueva actividad.