Chipre: el país que (era) siete veces más pequeño que sus bancos
Hasta ocho sociedades chipriotas registradas a nombre de Milosevic canalizaron millones del Tesoro del Estado yugoslavo hacia unas 250 cuentas bancarias en toda Europa

Chipre: el país que (era) siete veces más pequeño que sus bancos

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El drama chipriota llena las portadas de los periódicos, mientras la troika celebra un acuerdo al que esta pequeña isla del Mediterráneo se ha resistido durante una semana. El ex-representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), Javier Solana, opinaba al respecto pocas horas después de alcanzarlo en una conocida red social: «Podría haberse hecho mejor.

Bajo el pretexto de que Chipre es un caso especial, la Unión Europea ha decidido que todos los depósitos de más de 100.000 euros deberán sacrificarse a cambio de evitar que el país llegue a la bancarrota. El sobredimensionado sector bancario de Chipre será convenientemente cercenado hasta en un 40% en algunos de los casos.

Unos bancos «enormes»

En la rueda de prensa que siguió al Consejo de Ministros del viernes, Luis de Guindos contestaba a los periodistas. ¿Puede ocurrir algo así en España? El ministro de Economía fue tajante: «Chipre es único y excepcional. Tiene unos bancos enormes, que superan 8 veces el PIB del país».

En concreto, los activos de las entidades chipriotas a inicios de este año eran de 126.400 millones, 7,1 veces más que su PIB, que supone tan sólo un 0.2% de la economía de la eurozona.

Durante años, este «cuasi paraíso fiscal» se ha beneficiado de las condiciones excepcionales de los préstamos que otorgaba el Banco Central Europeo. Además, sus entidades «offshore» han contado con la protección de la UE, evitando inspecciones internacional.

A eso se suma un impuesto de sociedades excepcionalmente bajo (10%, que va a pasar al 12,5%), que facilita las operaciones financieras.

Dudoso origen

Gracias a este modelo, Chipre ha conseguido que el 42% de sus depósitos bancarios supere los 500.000 euros, según un informe de Barclays. Además, este mismo documento explica que un 37% del total de los depósitos que hay en este país son propiedad de extranjeros, mayoritariamente rusos.

El rescate a Chipre y la quita a todos los depósitos bancarios aceptada por Nicosia perjudica los intereses de Rusia, cuyos ahorros en la isla se estiman oficialmente en 20.000 millones de dólares.

Pocos días antes de que el acuerdo fuera una realidad, el líder de una de las patronales bancarias rusas, Anatoli Aksákov, aseguraba que el «bienestar logrado en su día por Chipre se debía en gran medida al dinero ruso», que ahora evitará recalar en los bancos de la isla. Además, según Moody's, los bancos rusos han otorgado créditos por un monto de hasta 40.000 millones de dólares a las sociedades opacas de Chipre.

Otros 12.000 millones de dólares se hallan en las cuentas de las filiales que tienen los bancos rusos en la isla. De acuerdo con datos del Banco Central ruso, en 2011 Chipre se situó como primer destino en la fuga de capitales desde Rusia, a tiempo que también lideró el capítulo de las inversiones extranjeras en este país, con más de 13.000 millones de dólares.

Y no son los únicos, según publicaba la revista Forbes, en el año 2006, Slobodan Milósevic, condenado por el Tribunal Penal de la Haya por genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, contaba con hasta ocho sociedades registradas a su nombre en Chipre para canalizar los millones que se llevaron del Tesoro del Estado yugoslavo hacia otras tantas cuentas repartidas por toda Europa.

Testigos silenciosos

La República de Chipre es miembro de la Unión Europea desde el año 2004 y pasó a formar parte de la eurozona en 2008. Ya entonces Europa tenía conocimiento de la hipertrofia de su sistema bancario. Y lo permitió. Desde hace una semana, los ciudadanos de Chipre sobreviven a base de una liquidez a cuentagotas: los dos grandes bancos del país han limitado a 100 euros diarios la retirada de efectivo en sus cajeros.

Ahora, a todos aquellos que tengan más de 100.000 euros, se les va a amputar un porcentaje de sus ahorros, independientemente de su origen. Es el precio que deben pagar por haber sido testigos silenciosos de un modelo financiero que Europa desaprueba, pero que al igual que ellos permitió durante años.