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Crónica de una ausencia anunciada: Dylan no acude a recoger el Nobel de Literatura

Dylan agradece en su discurso a la Academia del Nobel que considere literatura a sus canciones

Las palabras del cantante norteamericano no lograron hacer olvidar su ausencia

Horace Engdalh. miembro de la Academia de Suecia, fue el encargado de loar la figura de Dylan
Horace Engdalh. miembro de la Academia de Suecia, fue el encargado de loar la figura de Dylan - AFP
CARMEN CALVO Estocolmo - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

El discurso de Bob Dylan, leído por Azita Raji, embajadora de Estados Unidos en Suecia, puso el broche final al banquete de gala que se celebró el sábado por la noche en el Salón Azul del Ayuntamiento de Estocolmo para honrar a los laureados de los premios Nobel. «Siento no poder estar con ustedes en persona, pero sepan que estoy en espíritu y honrado de recibir un premio tan prestigioso». El cantante norteamericano fue el gran ausente y no pudo recoger de manos del Rey Carlos Gustavo el diploma y la medalla de oro que le han sido concedidas como ganador del Nobel de Literatura de este año por crear «nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense». El único compromiso que asumió el compositor fue el discurso de agradecimiento, requisito obligatorio para poder obtener el galardón y los ocho millones de coronas suecas (825.000 euros) con que está dotado.

«Si alguien me hubiese dicho alguna vez que tenía la más mínima posibilidad de ganar el premio Nobel, habría pensado que las oportunidades que tenía eran las mismas como estar de pie en la luna», dijo Dylan en el discurso que había escrito y en el que manifestó que no encontraba palabras para describir lo que sentía al ver su nombre junto a los grandes de la literatura. «Desde una edad temprana, me acostumbré a leer y absorber los trabajos de los que han sido merecedores de tal distinción: Kipling, Shaw, Thomas Mann, Pearl Buck, Albert Camus, Hemingway. Estos gigantes de la literatura cuyos trabajos se enseñan en los colegios, tienen un hueco en las bibliotecas de todo el mundo y se habla de ellos de una forma tan reverente que siempre me ha impresionado. Ahora, unirme a los nombres de esta lista es algo que va más allá de las palabras», explicó.

Dylan agradeció también a la Academia sueca que hubiera dado una respuesta a la pregunta que más de una vez se había hecho acerca de si sus canciones podían considerarse literatura. «Más de una vez he tomado el tiempo de preguntarme ¿Son mis canciones literatura? Por ello, agradezco a la Academia sueca por tomarse el tiempo de considerar esa pregunta y, sobre todo, por dar una respuesta maravillosa».

Fue el crítico e historiador literario Horace Engdalh, miembro de la Academia de Suecia desde 1997, quien se encargó de loar la figura de Dylan y explicar los motivos por los que recibía el Nobel. «En un pasado lejano, toda la poesía era cantada o entonada, los poetas eran rapsodas, bardos, trovadores; la lírica viene de lira. Pero lo que Bob Dylan hizo no fue volver a los griegos o los provenzales. A cambio, se dedicó en cuerpo y alma a la música popular americana del siglo veinte, la música que sonaba en las emisoras de radio y en los gramófonos de la gente corriente, negra y blanca: canciones de protesta, country, blues, los primeros rock, el gospel o la música popular», explicó.

Engdalh reconoció que conceder el premio a Bob Dylan fue una decisión que parecía arriesgada de antemano pero que ya es evidente. «¿Recibe el premio por molestar el sistema de la literatura? No necesariamente. Hay una explicación simple, es la que compartimos con todos los que tienen el corazón latiendo enfrente de un escenario en cualquiera de sus conciertos durante sus giras interminables, esperando esa mágica voz».

Cierta desesperación

«Gracias a su obra, Bob Dylan ha cambiado nuestra idea de qué puede ser la poesía y cómo funciona. Es un cantante que merece un lugar al lado de los aedos griegos, al lado de Ovidio, al lado de los visionarios románticos, al lado de los reyes y las reinas del blues, al lado de los olvidados maestros de brillante nivel», concluyó.

Desde que la Academia sueca anunció el pasado 13 de octubre la concesión del Nobel de Literatura a Dylan, el cantante norteamericano ha llegado a desesperar a los miembros de la Academia que se sentían desolados al no poder contactar con el compositor. Fueron varias semanas de infructuosos intentos para localizarlo y tratar de conocer si aceptaba el premio. Un caso insólito en la historia de los Nobel de Literatura que ponía de manifiesto, una vez más, la rebeldía de Dylan y que dejaba en muy mal lugar a la Academia que había tomado una decisión demasiado arriesgada al otorgar un premio tan prestigioso a alguien que no era capaz de entender su valor. Hasta el presidente del comité, el escritor sueco Per Wästberg, llegó a tildarlo de «maleducado y arrogante». Finalmente, llegó la carta del artista en la que explicaba que la concesión del Nobel le había dejado «sin palabras» y que, por supuesto, era un honor para él aceptarlo. No iría, sin embargo, a recogerlo como ya sucedió en 2007 cuando fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Ha sido su amiga, la cantante Patti Smith, la que ha venido en ayuda de Dylan y del Comité y para participar durante esta semana en varios actos organizados en Estocolmo con motivo de los premios. Como colofón, ha interpretado una versión de «A Hard Rain’s a-Gonna Fall», canción que se encontraba en el segundo álbum publicado por Dylan, «The Freewheelin», Bob Dylan, (1963), donde también estaba el tema «Blowin’ in the wind».

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