Alí Bey, espía a la fuerza
Alí Bey - ABC

Alí Bey, espía a la fuerza

Al mítico viajero español le han lavado la cara. Dos siglos después de la primera edición del libro con su periplo, Domingo Badía –su nombre original- es presentado más como científico que como político

Actualizado:

Los tópicos y los prejuicios ocultaban la verdadera figura de Alí Bey, álter ego del barcelonés Domingo Badía i Leblich, según Roger Mimó, que ha seguido sobre el terreno a lo largo de varios años los pasos de este mítico viajero para elaborar una nueva edición del libro que revive su periplo dos siglos después de aquella de 1814.

«Viajes de Alí Bey por África y Asia» (Editorial Almed, noviembre de 2012) recupera la estructura de la obra original, escrita en castellano pero que se editó primero en francés, en tres tomos así como su prólogo. Asimismo Mimó ha añadido más de mil notas a pie de página, fotografías actuales de los lugares que visitó Alí Bey así como planos y mapas más completos.

«Aporto información nueva» con respecto a todo lo que se ha dicho sobre él, reconoce a ABC el autor de esta edición, que no ha pretendido profundizar en la biografía del viajero pero sí limpiar su figura de lo que él considera un sesgo político que entiende no es el rasgo fundamental. «Sí, tuvo una misión política y fue espía, pero esa fue solo una de sus profesiones», argumenta Roger Mimó. Hacerlo «fue la única manera de poder realizar aquel viaje y sacar adelante su misión científica», añade.

Menos de cristiano que de musulmán

Efectivamente, cuando el «omnipotente» ministro Manuel Godoy decidió financiar esas investigaciones geográficas, geológicas, biológicas, etnológicas, meteorológicas y astronómicas no evitó, además, en forma de contrapartida, hacerle algún que otro encargo político al viajero. Era el «requisito indispensable para que el proyecto se llevara a cabo» que, además, solo le ocupó la cuarta parte del tiempo, entiende Mimó en el prólogo del libro. Por eso no se le podía considerar «un espía profesional».

Tampoco Domingo Badía fue el primer cristiano que puso sus pies en La Meca (Arabia Saudí), ciudad santa para los musulmanes. Es más, entiende Mimó, cuando lo hizo ya «tenía menos de cristiano que de musulmán».

Al repetir el viaje, Mimó, español instalado desde los años ochenta en Marruecos, ha tratado además de comprobar si las acusaciones de novelería lanzadas contra Alí Bey son verdad. Y dice: «La precisión científica de Badía en sus descripciones resultaba casi obsesiva, con excepción de dos temas concretos acerca de los cuales no podía contar la verdad. El primero de ellos era la misión política encomendada por Godoy, que constituía en aquel momento un secreto de Estado, y el segundo sus relaciones carnales con diferentes mujeres, que debió parecerle ofensivo para su esposa española reconocer en público y por escrito».

En 1803 Domingo Badía llegó a Tánger, dando comienzo así a un periplo hasta 1808 que le llevó de Marruecos a Turquía pasando por Trípoli, Chipre, Egipto, Arabia, Palestina y Siria. «No solo no se había hecho un estudio similar con anterioridad sino que tampoco volvería a hacerse en muchos años», entiende la editorial Almed destacando la labor del viajero español.