Ferrer-Dalmau pinta el descubrimiento español del Cañón del Colorado

La escena recoge el momento en el que López de Cárdenas se asoma al enorme tajo («entonces vimos una gran barranca») e intenta llegar al río, en 1540

MADRIDActualizado:

Solo 48 años después de la llegada de Colón al Nuevo Mundo, y apenas 19 años después de la conquista de México, los exploradores españoles aún trataban de conocer la dimensión de América del Norte. En otra muestra más de su esfuerzo por crear una imaginería de la historia que España no ha sabido siempre reivindicar como debía, el pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau, acaba de terminar un lienzo dedicado al descubrimiento español del cañón del Colorado, asesorado por el historiador David Nievas Muñoz.

Tras la misión de Hernando de Soto que partió de Florida y atravesó territorio que hoy pertenece a diez Estados, Francisco Vázquez de Coronado parte en 1540 de Compostela (hoy Jalisco, en México) y tras pisar Arizona y Nuevo México decidió enviar pequeñas partidas exploratorias, en busca de las míticas «siete ciudades de Cíbola». Un puñado de españoles, bajo el mando de García López de Cárdenas, se encontró con indios hopi, que les hablaron de un gran río, al que llamaron Tizón, según recuerda Nievas Muñoz. Pronto llegaron a un paisaje inhóspito, según sus notas: «Vimos una gran barranca», y el río al fondo, que a esa distancia adivinaban pequeño.

Ese es el momento que recoge el cuadro de Ferrer-Dalmau, de técnica magistral. Desafiando al sol abrasador, los españoles quisieron bajar para abastecerse de agua, pero cuanto más bajaban, más sed, debido a la temperatura hirviente que se agudiza en el fondo del Cañón. Solo entonces supieron la verdadera dimensión de la hondonada, y el caudal del río, que era para ellos «como el Gualdalquivir». Fracasaron en su intento, hubieron de regresar sin lograr beber, asombrados por la profundidad del tajo que el río había hecho en el paraje.

Meses más tarde, Fernando de Alarcón, de la expedición de Coronado, remontaría el río, llegando a California. Los españoles dibujaban el mundo, a cada paso.