Mao sigue siendo la musa de muchos artistas chinos, como el escultor Wang Wenhai
Mao sigue siendo la musa de muchos artistas chinos, como el escultor Wang Wenhai - pablo m. díez

Nueva «revolución cultural» en China

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Una nueva «revolución cultural» ya está en marcha en China. Pero no se trata de una innovadora corriente artística surgida al calor del progreso y la modernización que están cambiando al país, sino todo lo contrario. Al igual que hiciera Mao Zedong entre 1966 y 1976, el autoritario régimen de Pekín va a enviar a los artistas al campo para que encuentren su inspiración en el mundo real.

Según informa la agencia estatal de noticias Xinhua, escritores, directores y presentadores de televisión vivirán durante un mes en áreas rurales para que adquieran un «punto de vista correcto sobre el arte» y «contribuyan con sus obras maestras a mejorar la sociedad».

La Administración Estatal para la Prensa, Publicaciones, Radio, Cine y Televisión organizará cada trimestre viajes «a los pueblos para hacer estudios sobre el terreno y experimentar su vida». Entre los lugares a recorrer destacan «zonas fronterizas y de minorías étnicas», pero también otras con un significado más político que social, como aquellas que «hicieron grandes contribuciones a la victoria del país en la guerra revolucionaria».

Reunión de Xi Jinping

La iniciativa, que recuerda a las campañas de reeducación con que fueron purgados los intelectuales durante la época del «Gran Timonel», es un nuevo ejemplo del control del Partido Comunista sobre el mundo cultural chino. En octubre, el presidente Xi Jinping se reunió con un grupo de artistas, entre los que figuraba el Nobel de Literatura Mo Yan, y les instó a no ser «esclavos del mercado» y a promover los valores morales que defiende el socialismo, por supuesto con características chinas. Su discurso, de evidente tono nacionalista, fue aplaudido por el periódico oficial en inglés «China Daily», que alabó a Xi Jinping por «recalcar la integración de la ideología con los valores artísticos» y recordó que «el arte y la cultura no se pueden desarrollar sin orientación política».

Precisamente, justo lo contrario a lo que defienden los creadores que abominan de los tiempos de Mao, cuando el arte no era más que una herramienta al servicio de la propaganda comunista, y de las directrices del régimen, que ejerce ampliamente la censura para acallar las voces críticas.

El caso de Ai Wei

Es el caso, por ejemplo, de Ai Weiwei, el artista y disidente más famoso de China, perseguido por sus ideas políticas. Encausado en un kafkiano proceso judicial por evasión de impuestos, se pasó casi tres meses detenido en un lugar secreto y no puede salir del país porque la Policía le retiró el pasaporte en 2011, pero se ha convertido con sus obras y actuaciones en la figura más combativa contra el régimen de Pekín.

No en vano, su padre era Ai Qing, un célebre poeta represaliado por Mao que fue deportado a la remota región musulmana de Xinjiang, a 4.000 kilómetros al oeste de Pekín, para trabajar en el campo limpiando letrinas.

A pesar de la apertura social y económica que ha vivido China gracias a su extraordinario crecimiento económico de las tres últimas décadas, el presidente Xi Jinping se ha propuesto resucitar los viejos valores del ideario socialista, olvidados por el culto al dinero que impera actualmente en la sociedad. Y es que China ha pasado en muy pocos años del comunismo atroz al capitalismo salvaje o, como dicen muchos artistas críticos con el régimen, de los cupones de racionamiento a la tarjeta de crédito.