El urbanista suizo con J. I. Apoita, director de Recursos Humanos del BBVA frente a «La Vela»
El urbanista suizo con J. I. Apoita, director de Recursos Humanos del BBVA frente a «La Vela» - abc

Jacques Herzog: «La arquitectura no puede dar la espalda a la sociedad»

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El vínculo del prestigioso arquitecto suizo Jacques Herzog con España se ha cimentado a lo largo de los últimos veinte años. Aquí construyó su buena reputación a base de proyectos como «La ciudad del Flamenco» de Jerez. Este diseño contrasta con el edificio del «Museo CaixaForum» de Madrid o el edificio del «Fórum Universal de las Culturas» de Barcelona. Sin embargo, todos ellos persiguen una misma filosofía que, en palabras de su creador, se resume en la búsqueda de «espacios públicos abiertos a la ciudad, que estén construidos y pensados para las personas». Así lo indicó ayer en la jornada «Arquitectura corporativa en la transformación urbana de Madrid», que organizó el BBVA en su Centro de Innovación.

Queda poco más de un año para que el último diseño de Jacques Herzog y su socio Pierre de Meuron en la capital quede culminado. Desde la carretera A-1 ya se observa «La Vela», una «ciudad vertical» que se ha convertido en el emblema de la nueva sede del BBVA. El rascacielos de 93 metros de altura repartidos en 13 plantas, que desde 2013 alberga a 1.800 empleados, encumbra el skyline madrileño desde las Tablas, en la periferia de la ciudad.

En el primer semestre de 2015 se pondrá la última piedra de los otros siete edificios que forman todo el complejo y allí se trasladarán los 4.000 trabajadores restantes. «Apostamos por conjugar los edificios bajos con la torre porque nos pareció muy interesante esa relación entre lo vertical y lo horizontal», comenta el suizo en perfecto español. «Al ser un edificio tan delgado y abierto no muestra un gesto de poder», reconoce.

En la nueva ciudad financiera no habrá despachos ni barreras físicas entre los trabajadores. El objetivo es «mejorar la comunicación entre los departamentos». La transparencia de la torre principal permitirá que casi todas las zonas de oficina tengan vistas al exterior.

Para el urbanista, la mejor parte es «la zona pública, que es la que hace que la gente se sienta a gusto trabajando». Con ello hace referencia a los espacios abiertos que dominarán entre los edificios, en ellos habrá hueco para el ocio, la restauración, el deporte y hasta para un tratamiento de fisioterapia si resulta necesario.

El proyecto se concibe como una especie de pequeña ciudad diseñada «sin excentricidades» para que, en un futuro, «pueda integrarse dentro de otra ciudad». Por eso, las construcciones también estarán rodeadas de una zona verde que contará con 100.000 arbustos, 400 plantas colgantes y 450 árboles.

Sin excentricidades

La frescura que proporcionará la zona ajardinada de la ciudad financiera de Madrid difiere mucho del bochornoso clima de Qatar. Precisamente, fue este hecho el que llevó al estudio de Herzog y Meuron a rechazar la propuesta del Gobierno para diseñar los estadios del Mundial de fútbol en 2022. «Allí hace mucho calor en verano, qué sorpresa», ironiza.

El diseñador del «Nido de Pájaro» de Pekín y del Allianz Arena asegura que «hay que construir siempre pensando en la sostenibilidad del proyecto a largo plazo». «Hacer un estadio para 80.000 personas en un desierto es una locura», sentencia el arquitecto. «Como arquitecto artístico al que le gusta la experimentación, creo que el mayor fracaso de la modernidad es la falta de racionalidad, no hay una sola ciudad que nos guste al completo. Y la arquitectura no puede dar la espalda a la sociedad».