Una hormiga matabele «chupa» una pata cortada para tratar a una compañera herida en un combate contra termitas - Foto y vídeo: Erik T. Frank

Las «hormigas marine» que recogen y curan a los heridos en combate

Las hormigas matabele son los únicos insectos que aplican un «tratamiento médico» a las compañeras dañadas. Las que están muy graves rechazan recibir ayuda y son dejadas atrás

MADRIDActualizado:

Semper fidelis es una máxima latina que significa «siempre fiel» y que ha sido adoptada como emblema del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos de América. Con todo derecho, también podría ser el lema de las hormigas matabele (Meganopera analis), un animal sin parangón en el mundo animal por su entrega a una actividad única: la guerra. Esta especie tiene exploradoras que buscan los puntos débiles del enemigo, las termitas, y después vuelven al nido en busca de refuerzos. Después de reclutar una legión de 200 o 600 guerreros, marchan en orden de combate y atacan a su enemigo de forma sincronizada. El belicoso comportamiento de las matabele les ha otorgado el privilegio de llevar el nombre de los Ndebele, una tribu de fieros guerreros zulúes.

«Partida de guerra» de hormigas matabele
«Partida de guerra» de hormigas matabele - WIKIPEDIA

Una investigación publicada recientemente en Proceedings of the Royal Society B y elaborado por científicos de la Universidad Julius Maximilians de Wurzburgo, ha averiguado que las hormigas matabele son los únicos insectos que dan cuidados médicos a sus compañeras heridas en combate. Chupan las heridas para darles un tratamiento, y transportan a las caídas hasta el nido para que se recuperen. Pero las matabele son siempre fieles, incluso hasta la muerte. Aquellas que están demasiado heridas no solo no piden asistencia, sino que impiden que otras les ayuden. Por encima de todo es más importante el bienestar de la colmena, y esta especie «prefiere» evitar el gasto de transportar a hormigas cuyo destino es la muerte.

«Son definitivamente los únicos insectos donde se ve el comportamiento de curar las heridas de un compañero», explica a ABC Erik T. Frank, primer autor del estudio y actualmente investigador en la Universidad de Lausana (Suiza). «En chimpancés hay algunas observaciones anecdóticas de cuidado de madres a hijas, pero no experimentos que lo prueben».

Tal como ha concluido la investigación, el tratamiento de las heridas permite que solo el 10 por ciento de ellas mueran después de sufrir heridas en combate. Sin él, este número se eleva hasta el 80 por ciento. Por el momento, sin embargo, se desconoce en qué consisten los cuidados, pero se sospecha que la «intención» es limpiar la herida y quizás suministrar algún antibiótico para evitar infecciones.

Para llegar a estos resultados, los investigadores trabajaron con colmenas artificiales en el laboratorio y examinaron colmenas de la sabana en el Parque Nacional de Comoe, al norte de Costa de Marfil. En total, observaron 208 ataques de hormigas de 16 colonias diferentes, donde principalmente se atacó a un género de termita conocido como Pseudocanthotermes. En ocasiones, los propios investigadores le cortaron las patas a las hormigas para observar el comportamiento de la colmena.

Una hormiga transportando un botín de varias termitas muertas
Una hormiga transportando un botín de varias termitas muertas-WIKIPEDIA

La guerra de las matabele

Las hormigas matabele viven por y para la guerra. Son animales grandes y fuertes, que viven en pequeñas colmenas, de 900 a 2.300 integrantes. Cada día envían 10 a 20 exploradoras, que son las más grandes y expertas, en busca del enemigo: las termitas. Como los nidos de estos animales son auténticas fortalezas de arena compactada, las atacan allá donde son más débiles, en los puntos donde se alimentan. Las exploradoras se comportan como comandos que tantean la zona sin ser descubiertas para hacerse una idea de cuántos enemigos ha que batir. Después de eso, vuelven al nido a por refuerzos.

Cuando las termitas son pocas, forman partidas de combate de 200 guerreros, pero si hay más enemigos, los grupos llegan a las 600 hormigas. Como si se tratara de una auténtica legión, las hormigas más grandes de la colmena se colocan en la vanguardia, junto a la hormiga exploradora que ejerce como líder, y la retaguardia. Normalmente, forman columnas de a tres. En la batalla, en ocasiones las hormigas más grandes acaban encargándose de romper las murallas de las termitas. Mientras tanto, las pequeñas se cuelan en los resquicios y cazan a sus víctimas.

El ataque es relámpago. «Diría que es una guerra muy dispar», dice Frank. «Las hormigas siempre arrollan y matan a la mayoría de las termitas. Para estas más que una guerra es una lucha a vida o muerte». Según explica, tan pronto como aparece el ejército de las matabele, las termitas emprenden la retirada hasta la seguridad de sus túneles. En su desesperada lucha, las termitas soldado, animales acorazados y equipados con potentes mandíbulas, se quedan en retaguardia para darle tiempo a las obreras. Su lucha no tiene otro desenlace que la muerte, pero en el camino pueden herir y matar a varias hormigas, en muchas ocasiones cortando patas y antenas con sus mandíbulas.

Una termita soldado cae ante el ataque de las matabele
Una termita soldado cae ante el ataque de las matabele-WIKIPEDIA

Las batallas suelen durar de cinco a 15 minutos. Las implacables matabele recorren el campo de batalla recogiendo a las termitas muertas para llevarlas al nido y alimentar al resto de la colmena. De nuevo forman en columna, y aquellas que van cargadas con el «botín» se colocan en el centro, bajo la protección de las otras. Más atrás, las rezagadas exploran los restos de la batalla, y recogen y curan a las hormigas heridas. En ocasiones, otros animales, como las arañas, se congregan en el campo de batalla en busca de heridos o muertos.

El sacrificio de las hormigas

No todas las hormigas heridas reciben socorro. Solo las heridas levemente reciben ayuda. Las que están más dañadas desisten y no piden atención, como si supieran que es inútil. «Las hormigas que resultan heridas tratan de levantarse. Si lo consiguen, vuelven a su posición de descanso y comienzan a liberar unas feromonas (compuestas por dimetil disulfuro, o DMDS, y dimetil trisulfuro, DMTS) que atraen la atención de las otras. Pero si no pueden levantarse, no liberan esta feromona, y si otra se acerca, tratan de impedir que les ayuden». Sencillamente, no cooperan con las rescatadoras y son dejadas atrás.

De vuelta en el nido, las hormigas heridas reciben cuidados. Pueden pasar unos cuatro minutos «chupando» las heridas de sus compañeras: «Suponemos que es para limpiar las heridas o suministrar sustancias antimicrobianas», dice Frank. En ocasiones, el «tratamiento médico» consiste en retirar el cuerpo de las termitas soldado muertas, y que acaban enganchadas con sus mandíbulas a las hormigas. A veces, las hormigas más desafortunadas se quedan enganchadas durante días a la cabeza de una enemiga.

El tratamiento es muy importante. Puesto que la gran mayoría de las hormigas que componen las colmenas de matabele son hermanas, la diversidad genética de esta comunidad es muy baja. Esto implica que si hay una infección, esta podría transmitirse con facilidad por toda la comunidad. Con este fin, otros insectos sociales limpian los nidos, desparasitan a sus compañeros y usan materiales de construcción con propiedades antimicrobianas.

Los guerreros que acumulan cicatrices

Erik T. Frank explica que las hormigas que quedan mutiladas en combate, y que se quedan con cuatro o cinco patas en lugar de sus seis, tardan solo 24 horas en volver a caminar de nuevo, y que desde ese momento vuelven a combatir. Estas veteranas de guerra, acaban formando parte del 30 por ciento de las partidas de combate.

Por último, el investigador explica que ahora tratarán de averiguar si ese «tratamiento médico» implica aplicar sustancias qúimicas con propiedades antimicrobianas, y si otras especies de hormigas también curan a sus heridos.