Los neandertales sí eran buenos padres
Recreación de niños de Neandertal - universidad de york

Los neandertales sí eran buenos padres

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Difícil, corta y peligrosa. Así se creía que era la vida de los niños en la sociedad neandertal, la "otra" especie inteligente que convivió con la nuestra durante más de diez mil años antes de desaparecer sin dejar rastro. Pero un equipo de investigadores del Centro de Paleoecología Humana y Origen Evolutivo (PALAEO) y del departamento de Arqueología de la Universidad de York acaba de presentar un estudio en la revista Oxford Journal of Archaeology en el que ofrece una perspectiva muy diferente de la habitual sobre los pequeños neandertales. De hecho, estaban unidos a sus grupos por fuertes lazos emocionales y utilizaban el juego para desarrollar sus habilidades. En contra de lo que se creía, los más pequeños también jugaban un importante papel en las sociedades en que vivían.

La percepción tradicional de hasta qué punto era dura la infancia de los pequeños neandertales se basa en una amplia gama de evidencias biológicas, obtenidas a partir del análisis de los restos fósiles, pero el equipo de arqueólogos dirigido por Penny Spikins ha añadido también otro tipo de evidencias, de tipo cultural y social, para comprender con más detalle las experiencias que les tocó vivir a estos pequeños humanos. El resultado es que estaban mucho más integrados y protegidos de lo que hasta ahora se había supuesto.

La investigación sugiere que las experiencias infantiles de los neandertales eran sutilmente diferentes a las de los humanos modernos, nuestra especie, donde la actividad de los niños estaba, en gran parte, enfocada hacia las relaciones sociales dentro de su grupo. Entre los neandertales, sin embargo los niños jugaban un papel particularmente importante en la expresión simbólica. Una diferencia sutil con importantes consecuencias prácticas para los pequeños.

Los investigadores, por ejemplo, sostienen que no hay pruebas de que los neandertales adultos se preocuparan por sus hijos enfermos, tal y como demuestra la existencia de huesos infantiles con signos de enfermedades y heridas sin curar durante meses, incluso años. Por eso llama la atención que el estudio de los enterramientos infantiles parezca revelar justo lo contrario. Las tumbas de los niños, en efecto, suelen estar más elaboradas que las de los adultos, lo que indica que toda la atención que no se les prestaba en vida, sí que se les dedicaba después de la muerte.

Grupos pequeños y aislados

Se cree que los grupos de neandertales eran pequeños y que estaban relativamente aislados unos de otros. Lo cual tendría importantes implicaciones en el contexto emocional y social en el que debían crecer los pequeños. Viviendo en un terreno accidentado y siempre en movimiento, los neandertales no debieron de sentir mucha necesidad de confraternizar con otros grupos, a los que más bien evitaban, por lo que todas sus emociones naturales se enfocaban hacia el interior de sus propios grupos.

Para Penny Spikins, que además acaba de publicar un libro sobre la importancia del altruismo en la evolución humana (How Compassion Made Us Human. Pen and Sword), "la doctrina tradicional ve la infancia Neandertal como especialmente dura, difícil y peligrosa. Lo cual concuerda con las ideas preconcebidas sobre una supuesta inferioridad de los neandertales y una falta de habilidad para proteger a los niños que concuerda con el declive de la especie".

"Pero nuestra investigación -prosigue Spikins- ha hallado que un gran apego y una particular atención hacia los niños sería una interpretación mucho más plausible para las evidencias arqueológicas, y explicaría esa atención especial hacia los niños y los jóvenes en los enterramientos, y el establecimiento de todo un simbolismo neandertal en el que es más que probable que se incluyera a los niños".

Para la investigadora, "las interpretaciones de los altos niveles de actividad y los frecuentes periodos de escasez forman parte de la base que sustenta esta percepción de dureza durante la crianza. Sin embargo, este tipo de retos en la infancia no pueden ser distintivos de la experiencia normal de los primeros niños humanos del Paleolítico, o cazadores-recolectores contemporáneos en ambientes especialmente fríos. Hay una distinción fundamental que debe hacerse entre una infancia dura y una infancia vivida en un ambiente hostil".